Un estupendo vino, con carácter y que la botella en los próximos meses le va a venir de maravilla.

Amarillo pajizo cristalino con destellos alimonados. Nariz intensa que desde el principio destaca por su nitidez frutal, la cual se antoja de albérchigos maduros, chirimoya, papaya, ciruelas amarillas y todo bajo un pequeño baño cremoso, cítrico y vegetal. Hay aromas de flores ( mimosa ), de hinojo, notas de ribera de río ( con un pequeño toquecito de piedra pómez ) y un final más vegetal como de corteza de árbol con savia y hoja de limonero. En boca es rico, de ataque algo vegetal que deja un paso un pelín herbáceo que le proporciona cierta estructura en la evolución yendo hacia un posgusto levemente amargoso en el que también aparece la fruta de carácter cítrica y de pulpa blanca. Un estupendo vino, con carácter y que la botella en los próximos meses le va a venir de maravilla. Se aleja de los clásicos tópicos de frutas tropicales que tan de moda están ahora en Rueda y que a pesar de que han copado a los mercados de adeptos tantas críticas han suscitado en los últimos tiempos. Ambos conceptos ayudan a desarrollar el vino español de Rueda como una de las principales referencias españolas e internacionales que hay que apoyar. Los españoles somos especiales, cuando hay algo que funciona y va bien, lo atacamos, y eso nos diferencia del resto de países productores. Esto pasa en el vino y en muchas otras cosas.

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