Sencilla sorpresa.

Vino encerrado en una botella borgoñona que está tapadada con un tapón de rosca y vestida con una etiqueta que hace un giñoa los soldados australianos que lucharon en la I Guerra Mundial.
A la vista un color granatoso y violáceo, fina lágrima que se desliza con pereza por el cáliz de la copa al que tinta. Ribete granatoso y violáceo.
En nariz, varietal, con la breve madera de su crianza integrada. Frutas rojas del bosque en sazón, notas balsámicas y de violetas.
En boca es un vino sencillo, sin complicaciones ni complejidad. Se deja beber. Es fino, elegante, equilibrado, con carga frutal, retornan con agrado sus frutas rojas maduras. Balsámico y mineral. Grato paso de boca. Es un vino muy largo. Me da una permanencia de 2,45 minutos.

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