Rojo rubí, ribete rojizo, capa media-alta. Enorme limpieza.
Intenso y complejo en nariz, dando todo desde un primer momento y sin decaer en copa. Notas de flores secas, fruta roja en licor, ligeros ahumados, piel curtida, tabaco de pipa, especias más hacia nuez moscada y clavo, un marcado fondo mineral de grafito, hojarasca y bosque umbrío, en fin, un vino que sorprende por su limpieza y definición, sin defectos.
En boca destaca por su acidez y profundidad, vino redondo y con peso, con esa garra de los Viña Real de la época, siempre más angulosos que los Imperiales. En plena forma, directo y sustancioso, dejando impronta del gran año que fue el 52 en Rioja, con un final de especias y frutas en licor y un tanino que todavía se hace sentir. Persistente.
Una gloriosa botella de Viña Real en excelente añada y en plena forma, mostrando peso y limpieza, un vino muy disfrutable y sobre todo muy grande, que deja la impronta de una época de esplendor en CVNE. Junto con el 64 quizá el mejor Viña Real que hemos probado y un Rioja legendario, de los que hacen época.
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