Rojo picota intenso con pequeño ribete granate. En nariz hay aromas de frutas del bosque en confitura sobre notitas alicoradas que realzan su intensidad. Hay sensaciones de crema de licor de endrinas, taninos cremosos sobre una base de tostados, menta, cacao, incluso algo de leche condensada. Al carácter frutal se le unen las notas de lavanda y florales, los ahumados de las barricas nuevas y ese tueste que recuerda al café y también licor de endrinas o al Cacao Pico. El perfil alicorado es evidente y la fruta muy intensa. En boca es muy rico, con volumen y cuerpo carnoso – cremoso en el paso, una acidez muy buena que dejan una sensación tostada cremosa frutal en la evolución con esa sensación dulzona torrefacta. Posgusto con peso torrefacto dulce y retronasal de vino potente mediterráneo con esa fruta negra ( ciruelas ) que es una exaltación. Un vino que lleva dentro la potencia frutal del mediterráneo español. Imagino en la antigüedad los vinos que daría esta Monastrel o su variante, vinos cargados de peso frutal, golosidad y llenos de luz como esa zona tiene. Un vino que aún siendo del 2014 se mantiene pletórico y embriagador, lleno de fruta negra en licor, maderas nuevas y balsámicos. Para mi es un vino pecaminoso, diabólico y que te inclina hacia las debilidades más profundas del hombre o la mujer, un vino que es un disfrute para el paladar más mundano y que nunca dejas de querer tomar.
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