Un Pago por el que pago

Porque está tremeeeeeeeeeeeeeeeeendo, con una potencia, pero a la vez suavidad, una fruta, unos especiados y tostados, un postgusto largo, una dulzura, un no sé qué.... que te dice: vaya pedazo de vino soy.

Es que ya te entra por los ojos, te incita, te motiva, te llama esa sangre de uva, con ese picota brillante... Te convierte en un vampiro deseoso de exprimir cada gota de su ser.

Además, es que hueles a la presa a distancia, con fruta roja y negra, flores, olor cárnico, especias picantes, pero algunas dulzonas, balsámicos como regaliz, piedra mojada, sotobosque, notas lácteas... Tiene un aroma embriagador, nada alcohólico (tiene 15º ni más ni menos), que te inunda y te llena.

Cuando lo atrapas y le hincas el diente, es tremendo, esa sangre tan sabrosa, frutal, especiada en su justa medida.... Te deja un recuerdo lácteo, tostados, balsámicos, dulzura como comenta Javier, sotobosque, cuerpo, volumen, garra, esencia. Tiene de todo y también unos taninos que parecen redonderase, una buena acidez y una punta alcohólica, pero que en conjunto hace que te acuerdes de que por fin has capturado a la presa y la has disfrutado como un enano... Aunque realmente el que ha quedado atrapado y ha sido presa, eres tú, porque este vino se queda en tu recuerdo.

Y lo que le queda por crecer y aprender... Alejaros de él, que no os atrape como a mí ;-)

Ñam, ñam.

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