Un auténtico vino de sed. Esencia pura de pinot noir.
Granate con borde azulado. Limpio, brillante y de capa finísima.
Aromas primarios; una nariz plagada de violetas, rosas, fresas, cardamomo y tierra húmeda.
En boca mantiene ese carácter floral y frutal. El paso es femenino, delicado, casi etéreo. ¿Hay alcohol?, se supone que 12.5º, habrá que creérselo. ¿Madera?, yo diría que no. Y mucha frescura.
Final campestre.
Un zumo de uva delicioso. Acérquense hasta aquí, empiecen por zonas humildes de la Borgoña como ésta, cambien el chip y saldrán encantados.
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