Tenía muchas ganas de probar este Nácar por las referencias que nos había dado nuestro gurú de viejunos, y efectivamente a mí también me ha parecido esplendoroso.
El color es dorado intenso, con destellos luminosos y desde luego no representa su verdadera edad. Aparte, y más aún tratándose de una media botella, está limpísimo.
Observamos abanico aromático y al mismo tiempo todo en él nos parece accesible; cítricos, fruta blanca madura, mazapán, agua de azahar, canela, nata, bollería recién horneada y piedras.
Paso aterciopelado, graso y que hace salivar pero que sorprende por su excelente acidez. Un prodigio de setenta años que todavía muestra unos primarios muy marcados. Y lo mejor de todo: fue etiquetado como semidulce y a día de hoy, continúa siéndolo.
Postgusto largo y complejo.
Me abruman estos viejos blancos riojanos. Más incluso que los tintos. ¿A quién le tendría que envidiar esta desconocida referencia de Bilbaínas?. No lo sé, los he probado diferentes, pero no mejores.
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