Y cinco años después volvemos sobre este espectacular vino de Toro que nos dejó maravillados en 2016. Ésta es la botella n° 028238 con un nivel de líquido aceptable, justo al inicio del cuello, unos 2 cms por debajo del tapón. Sacamos el corcho con el abridor estándar de tijera sin ningún problema, tintado en 1/3 de su longitud. Lo dejamos respirando por espacio de 5 horas antes de proceder con su valoración a 17°C. Veamos:
VISUAL: Precioso color rojo cereza de capa media-alta con un amplio ribete en tonos rubí ligeramente atejados ya. Presenta una lágrima abundante, densa, gruesa y transparente. Estos añitos le han rebajado el tono ligeramente (91).
OLFATIVA: En nariz resulta imponente y los primeros aromas que emana son de fruta en compota, de mermelada de moras y ciruelas pasas. Enseguida muestra su lado mineral, con notas de arcilla húmeda, mina de lápiz y con recuerdos de polvorilla. Se va desmelando poco a poco y ahora apreciamos apuntes de flor marchita, exóticos especiados de fenogreco y cardamomo, algo de castañas asadas, así como unos deliciosos terciarios de cuero curtido, chocolate negro, café torrefacto y tabaco inglés. De fondo un hilo conductor que no te deja desde el inicio, la madera, en este caso mostrando unos finísimos tostados muy, muy elegantes. Tremendo en esta fase y además de intensidad alta, 5 horas abierto y está como si nada, qué mala bestia! (97).
GUSTATIVA: En boca... madre de Dios!, se muestra pletórico, con una amplitud y una acidez descomunales. Los taninos todavía presentes, semi-dulces si me permiten, aportando un elegante puntito secante en su paso por boca. No obstante es eminentemente frutoso con notas de higos secos y uvas pasas y con unos aromas retronasales que nos recuerdan a las guindas en licor. En el post-gusto nos encontramos con algo sublime, qué gran vino este Toro y qué bien ha evolucionado. Corpulento y a la vez amable, con esos taninos emergentes que le aportan gran personalidad y con una tremenda mineralidad que nos acompaña durante toda la valoración. Las notas de madera maravillosamente ensambladas con la fruta, con roble de cabo a rabo y con una persistencia brutal, 4 minutos y 20 segundos, ahí es nada el animalito. En un estado de forma espléndido, en su clímax tal y como auguramos en 2016 y ahí se mantendrá no menos de diez años viendo esa acidez y esos taninos estratosféricos. Dejamos la última botella en capilla, a ver cuánto aguantamos la tentación ): .Tremendo vinazo, sensacional, se disfruta de cada sorbo, es de los que te atontan y te hacen entornar los ojos pues transmite sensaciones de gran placer, casi lujurioso. Menuda obra de arte del maestro Manuel Fariña. Colosal!! (98).
La RCP qué decir, a 10 euros la botella... Sin comentarios.
MARIDAJE: Lo disfrutamos en tres ágapes. En el primero acompañó un suculento Cowboy steak de 700 grs al romero. Después fue pareja de un entrante de jamón ibérico bellotero y de unas lentejas con costilla y panceta espectaculares. Y para terminarlo nos curramos un rabo de toro guisadito por 6 horas a fuego lento, con sus pimientitos, su zanahoria y sus patatitas. Un disfrute indescriptible en las tres ocasiones pero destacaremos el maridaje con el rabo. Los intensos sabores cárnicos y especiados de nuestro plato requerían del poderío y la personalidad de nuestro Fariña GVA de 1.987, Toro con toro ):. Un privilegio de verdad el poder disfrutar de estas perlas enológicas, qué lujazo compañer@s!!
Salud-os!!