Ese estilo de vino pleno, listo para beber, creo que es muy de Franco-Españolas. Le sucede lo mismo a los tintos. Tête de Cuvée GRva o los Excelso GR siguen sin tener el reconocimiento que merecen. El Viña Soledad era un vino con un ensamblaje relativamente pequeño de viura, la mitad aproximadamente, aunque todo dependía de los volúmenes disponibles de cada cosecha. Con F.E. nunca se puede asegurar nada en este sentido. Esa mitad de malvasía y garnacho blanco tienen mucha importancia. Le aportan esa grasa de vino orondo y unas pocas arrugas melifluas.
Alain, si tienes un ratito échale un vistazo a la entrevista al Conde de Creixell en la revista Sobremesa. El encabezado al titular, un oxímoron pleonásmico, ya nos da algunas pistas: Clásica Modernidad http://sobremesa.es/not/1123/vicente-d-cebrian-sagarriga-la-nueva-era-de-murrieta
"La palabra modernidad no me gusta mucho, a veces me resulta un poco hueca, pero Dalmau al final fue un mensaje de modernidad al mercado. Luego vino Capellanía porque no quería hacer un blanco bajo la marca Murrieta. En este punto me voy a permitir una chulería: creo que somos uno de los artífices del interés actual por los blancos en Rioja".
Otra perla: "Muy probablemente Vicente D. Cebrián-Sagarriga sea el perfecto heredero de aquel hombre adelantado a su tiempo que quiso poner los vinos de Rioja a la altura de los más valorados de su época".
Un saludo!!