Pues parece que en Madrid se mueve algo más que la garnacha, como este vinazo que bien merece la pena, aunque le quede mucha botella para estar en su momento óptimo.
Picota de capa alta.
Nariz de buena intensidad con aromas de fruta negra madura, notas balsámicas, lácteos, especiados y un punto tostado final. Las notas de tierra mojada se integran con las notas frutales, con un punto de incienso, regaliz y café con leche.
En boca es carnoso, con una excelente acidez, tanino presente pero con buenas hechuras, lácteos... Para mi gusto es un vino con demasiada extracción, de esos corpulentos con los que se hace difícil comer, pero no me parece un mal vino, simplemente, no es mi estilo.
Lo malo... el precio, que se dispara considerablemente.
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