Y apareció el emperador… majestuoso desde la propia botella bordelesa larga, preciosa, con esa etiqueta tan elegante y señorial.
Color coba claro con irisaciones ocres, anaranjadas y marrones, brillante, sin apenas sedimento, claramente más evolucionado que otras añadas como 61 o 64.
En nariz está abierto desde el principio, no esconde nada aunque lógicamente desvela una mayor complejidad a medida que se oxigena. Aunque el color recordaba al Monopole de la anterior sesión, su despliegue aromático es muy diferente y no se parece en nada, sin apenas matices enranciados, más bien trufas envueltas en tonos amielados, orejones, frutas escarchadas, deliciosa nariz para nada dulzona, de gran intensidad y complejidad.
En boca se muestra bastante potente, elegantísimo pero para nada delgado, con una acidez perfecta que balancea esa punta dulce que es habitual en estos vinos, con frutos secos tostados, caramelo, toques de canela y especias exóticas, envolvente, fresco, inundando el paladar de matices, y con un final de una persistencia tremenda. Majestuoso, vibrante.
A medida que iba pasando el tiempo, el vino seguía ganando en matices y provocaba expresiones de admiración mayores. Una auténtica suerte el encontrarse un vino así.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.