Rioja del bueno

Rojo amarronado de capa media, que va pasando gradualmente a rubí, teja y, ya en la orla, dorado.

Ya desde el principio muestra una elegante nariz de mediana intensidad, en la que intervienen aromas a cuero, almazara, fruta roja en licor, especias, tabaco, tierra húmeda, cáscara de cacahuetes y vainilla. Todo en equlibrio, sin nada que despunte.

En boca es ligero, redondo, amable, aterciopelado, con excelente acidez riojana y con los taninos ya completamente pulidos, mostrando una larga persistencia.

Fue uno de los cinco ochenteros que descorchamos en una cena memorable realizada anoche en el txoko de un amigo. A priori era el favorito para llevarse el calificativo de mejor de la noche, pues los demás eran de añadas menores. Teníamos dudas sobre lo que nos íbamos a encontrar a tenor de los muchos avatares por los que había pasado la botella, pero no defraudó. Supero a un Estola GR 1982, un Berberana GR 1983, un Riscal R 1989 y un Faustino V 1989, algunos con síntomas de fatiga pero todos aún vivos.

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