Poder tomar estos vinos me producen un ejercicio de reflexión muy intenso, pensar en todo lo que ha tenido que transcurrir para que esa botella en concreto, llegue a mis manos, desde hace ya 52 años que se cosecharon las uvas que ahora llegan a mi copa y a la de los míos, con los que disfruto de ella.
Abierto con abridor de láminas, tras la espera de 3 días de la botella en posición vertical para facilitar su decantación y una hora con la botella abierta mientras espera su momento. El corcho salió bien, ya en sus últimos momentos de vida.
Mientras tanto, mi madre y mi abuela contando historias de entre esos 52 años, donde estaban en el 64, que edades tenían cuando se recolectaron las uvas... dan a este vino y a este momento un toque mágico y memorable.
Visual y lógicamente la evolución hace acto de presencia, de capa baja, de color granate y ribete anaranjado.
En nariz sorprendentemente aparecen ligeras notas de fruta roja, guindas en licor, balsámicos, endrinas, naranja amarga y sus cascaras, regaliz rojo, tostados, aromas sanguinolentos, especias dulces, pimienta, laurel, notas metálicas, a ratos me recuerda al pacharán.
En boca es muy agradable, fresco y con gran acidez, goloso, aun con ligeras notas de algo de fruta roja, guindas en licor y endrinas casi exclusivamente, de acidez afilada, magnifico, especias dulces, clavo, pimienta blanca, notas arcillosas y férricas, duelas envinadas, taninos dulces y suaves, es esencia, es un viaje al pasado, son 52 años de historia.
Un gran momento con un gran Campo Viejo 1964
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