Sol, solet, vine'm a veure, vine'm a veure

Y tanto que vino y me dio calidez, amor, disfrute, calidad, fruta, Priorat... me dio de todo!

Era mi última botella y quería disfrutarla, cosa que hice desde el momento, desde que la cogí, desde que la descorché con mimo y la dejé oxigenar, desde que la serví en la copa y disfrute de cada una de sus fases, de su crecimiento, de su tremenda calidad.

Al servirlo con mimo, descubres un vino con alma, alma oscura con su color rojo picota, denso, impenetrable, con un ribete granatoso y capa media-alta. Al agitarlo en copa, su lágrima tinta la copa y sea desliza por la copa lentamente.

Y acercas la copa a la nariz y te llega un torrente brutal de fruta negra, tostados integradísimos, balsámicos, licorosidad punzante, pero integrada, que no molesta, monte mediterráneo, mineralidad, cacao, café, regaliz y vuelta a la fruta... No te cansas de husmear en la copa. Incluso a copa vacía se perciben esos aromas potentes. Ahí ya se empieza a formar un nudo en el estómago, pues sabes que es la última botella que podré disfrutar, mi segunda botella de las mil que salieron de esa añada.

La boca: el cúlmen, lo sublime, el placer absoluto. Esa fruta potente se desliza por la boca, te inunda las papilas, te hace salivar, disfrutar, soñar... Fruta roja y negra madura, tostados integradísimos, no se nota para nada la madera. Pimienta, balsámicos, monte mediterráneo, mineralidad, acidez. es muy carnoso, se mastica la pureza de la fruta, la calidad de la madera, el alma del terruño, los sueños del elaborador.

Y lo malo es cuando despiertas del sueño y la botella se ha acabado ¡Pero que te quiten lo bailao!

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