Restaurante Pont Sec en Denia

Restaurante Pont Sec

7
Datos de Pont Sec
Precio Medio:
28 €
Valoración Media:
8.0 10
Servicio del vino:
6.7 10
Comida:
8.3 10
Entorno:
8.1 10
Calidad-precio:
8.7 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 21,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


7 Opiniones de Pont Sec

Acabo de darme cuenta de que no habia puesto ninguna valoracion de este restaurante. No tengo perdon 

porque es un lugar que siempre he comido muy bien 

me conozco todas sus cocas. Me quedo con la de higos y foie , de espinacas y queso de cabra , De ontinient. He probado varios de sus arroces  ,muy bueno el de pelota de puchero en paella

muy buena su caballa en escabeche. Su ensalada de conejo en escabeche 

a lo que vamos hoy hemos tomado lo siguiente 

coca de onteniente con trocitos morcilla rebollones y alcachofitas

coca de sardina de bota   Las dos buenisimas que masa!!

alcachofas confitadas con anchoa y trocitos de tomate seco sabrosas

arroz anb fesol y naps en su perolo no ha sobrado nada 

de postre sorbete de leche merengada con ronmiel muy rica 

5 cervezas sin alcohol que habia que volver a valencia 

total 74 e 

como dice la cancion volver y volver !!!!

 

 

Debo reconocer, no sin bastante vergüenza, que a pesar de mi cercanía y mi interés por la gastronomía, no había conocido de la existencia de Pont Sec hasta que su propietario, Pep Romany, me cautivó en un programa de À PUNT dirigido por Ricard Camarena. En este, ambos conversaban junto a Quique Dacosta, con una pasión absorbente, sobre producto, temporada, territorio y sencillez, cuatro palabras para definir un restaurante y mandar un mensaje claro.

No podía pasar un día más sin que, mi gran

acompañante y yo fuésemos a degustar aquello que habíamos visto por televisión y se encontraba a escasos 8 km de casa. Así que reserva hecha y allá que fuimos a cenar.  

El párking se encuentra junto al huerto gracias al cual vive este restaurante ubicado en una casa de campo típica de la zona, con techos altos de piedra y vigas de madera, abierta a una gran terraza cuyas paredes están cubiertas por parras. Un placer cenar en dicho entorno.

La comida no requiere de fuegos de artificio: Se basa en la máxima del producto de temporada y de su propio huerto, así como la cocción de su horno de leña. Después de refrescarnos con dos cañas congeladas, decidimos probar tres entrantes y 3 de las famosas cocas de Pont sec. Elegimos lo siguiente:

  • Nuestros tomates: Fácil, sin más, sin aditivos, con un sabor exquisito de un tomate de huerto. Pep sale a transmitirnos su pasión y conocimiento por este producto. No hace falta decir nada más. Junto a los tomates, una barra de pan de pueblo casero con un crujiente espectacular y un cuchillo: Sírvase usted mismo.
  • Croquetas de cocido de casa: El cocido estaba muy bueno, casero sin duda, pero la casi perfección del crujiente fue lo que más me gustó de este clásico.
  • Sepia en su tinta a la plancha con salsa romesco: Sepia de la lonja de Dénia, muy bien cuidada en la plancha y con una salsa romesco muy buena, quizá poca salsa para mi gusto.
  • Cocas de: Anchoa;  Cebolla y morcilla; Espinacas, pasas, piñones y queso de cabra: En mesa, los dos pensamos lo mismo: Podemos decir que las cocas de nuestras abuelas están buenísimas y es cierto, pero esto es otra cosa: La masa crujiente, sabrosa, especial. Unas cocas de 10, la verdad.
  • Helado de leche de cabra con mermelada de higos negros: Pedimos un solo postre a compartir puesto que estábamos llenos. Un postre dulce con una frescura que se agradece mucho en verano y unos productos caseros que están a años luz de cualquier imitación.

Toda nuestra magnífica cena fue acompañada por una botella de les Alcusses, que nos sirvieron con una temperatura correcta a pesar del calor sofocante.

Un descubrimiento muy tardío, lo reconozco, pero del que en breve podré continuar escribiendo, puesto que la huerta de Pep Romany seguirá dando grandes momentos a La Marina Alta.  

Volia anar a Dénia a dinar i no sabia on, llegint les crítiques decideix anar a aquest restaurant i puc dir ho he encertat, per tant vull donar gràcies a tots els que han escrit els seus comentaris.
Dinem en la terrassa ja que la bondat del clima ens ho permet. La terrassa està partida en dos, una part amb taules i cadires de plàstic donant u toc informal i l'altra part un poc més elegant, amb taules de fusta i còmodes cadires de pell.
El primer que percibim és el tracte proper i amable del servei. Demanem una cervesa per a matar la sed mentre decidim que dinar. S'agraeixen les olives que ens duen d'acompanyament.
Croquetes de Putxero. El nom no deixa lloc a la sorpresa, ja ho diu tot, però seria deshonest per la meua part no comentar la magnífica qualitat d'aquestes.
Capellà a la brasa. Si sou forasters i no coneixeu el plat proveu-lo. El punt de brasa està bé i no està excessivament salat com sol estar en la majoria de llocs. L'oli que l'acompanya és excel·lent.
Paella de Polp. No deu de faltar el polp en un àpat que és faça en Dénia però la paella de polp no l'havíem provada mai, i ens ha agradat molt. L'arròs cuit en el punt perfecte, solt com en cap altre lloc i molt saborós.
se m'oblidava comentar el vi. Triem knaia, ja el coneixíem i ens agrada, el preu no és excessiu, el servei de vi correcte però la carta és millorable, no et dona massa opcions de tria.
Pastís de Nispro. Làmines de pasta filo amb nispros i almívar per sobre. És un postre tebi. No està mal.
Acabe el comentari com he començat. Tornaré.

He pasado todo el estío con ganas de volver a este lugar, sobretodo con ganas de ir a cenar en la terraza. Por unas razones u otras ha resultado imposible. Se presenta una comida medio improvisada "de entre semana" y decido volver allí. Para saber más sobre el local y carta, pueden leer el anterior comentario, también mío, de este local.

Pedimos:

- Caracoles "com es fan per ací" (como se guisan por aquí): efectivamente. Salsa de cebolla, hinojo, pimentón... Sabrosísima y muy bien "engañados" los caracoles: se comen con facilidad, pues gran parte de la carne ha quedado fuera de la corteza.

- Hierbas con huevo: mixto de hierbas hervidas y acabadas en sartén (acelgas, lletsons, espinacas...) con un huevo escalfado con un perfecto punto. Hoy sí.

- Arroz en caldero con almejas y vierias: Preparado en cazuela Le Creuset que se deja en la mesa para servirnos nosotros mismos. Excelente el fondo de pescado y el punto del arroz. Raciones más que abundantes (ha sobrado) con muchas almejas y una única vieria por persona. Grande, eso sí.

Hemos acompañado con dos cervezas, agua y cafés. No puntuaré servicio del vino. Pues como dije en el anterior comentario, un local a tener en cuenta en el que se puede comer muy bien y a un precio razonable.

Para confirmar la valoración estupenda que firma Egor N en el comentario que me precede sólo hay una manera de hacerlo: ir y probar. Día realmente caluroso y, al llegar, dudamos si sentarnos en la terraza o en el comedor interior. Hay mesas con clientes tanto dentro como fuera. Nos la jugamos y optamos por sentarmos en la terraza (una de ellas) bajo la sombra de un gran pino que nos ha protegido del sol inclemente durante toda la comida y posterior sobremesa. Se trata de una antigua "caseta" de campo que, como se narra en la valoración anterior, ya ha acogido diferentes propuestas hosteleras: comida tradicional, francesa, asador... El local es muy bonito y confío que no sea cierto aquello que algunos afirman sobre determinados locales o emplazamientos que están "gafados". Amplio aparcamiento para coches y dos terrazas, a derexha e izquierda, antes de acceder al comedor interior: la una amueblada de manera un poco más elegante, la otra con sillería de una conocida marca de cerveza aunque cómodas y con su puntito de elegancia también. Al comedor interior le he echado un vistazo y queda acogedor, con mezcla de estilos y elementos: rústico, moderno, marino...

Tres comensales en comida a mediodía de "ocio laboral", o sea, con compañeros (compañeras, mejor dicho) de trabajo para recargar pilas y buscar algo de alegría en un panorama tan poco halagüeño. Ojeamos la carta. Tiene una buena selección de tapas o entrantes, 6 arroces (tres secos, tres melosos), 4 carnes y algunos pescados menos. La portada de la carta reza: nuestras propuestas para hoy, 8 de mayo. Se supone que cada día se imprimen unas cartas diferentes, pero supongo que un gran número de propuestas se repetirán día tras día, completándose éstas con algunas preparaciones propias de cada temporada. Hemos pedido:

- Gamba de Dénia hervida: En un principio íbamos a pedir el salteado de cigalitas pero, al decirnos que no les ha entrado cigala fresca y ofrecernos esta alternativa, la hemos aceptado. Tamaño medio pero excelsas de sabor y magnífico punto de hervor. Para comer sin parar.

- Saltado de hierbas con huevo poché: mezclum de hierbas mitad silvestres, mitad cultivadas (espinacas, acelgas, "llicsons"...) pasado por la sartén con un huevo un poco pasadito de punto (la yema estaba a un tris de solidificarse plenamente). Predominio del sabor a comino con lo cual, si éste es de tu agrado, te gustará el plato y, si no lo es, no. A mi dame comino sin problemas. Bueno, por lo tanto.

- Mollejas de cordero con ajos tiernos: pues eso. Los dos elementos, sin más. A mi gusto, un poco pasaditas tanto unas como otros. Correcto.

- Paella de pulpo, tomate seco y ajos tiernops: Olé. Arroz seco servido con su paella (paellera para determinadas personas) en forma de fina capa de poquísimos granos de arroz. Punto excelente y sabor memorable (buen fondo, supongo). Los tomates secos prácticamente desaparecen con la coción y quedan como ligazón del arroz. Generosidad admirable a la hora de echar el pulpo, sin escatimar. Detalle importante: hemos pedido 2 raciones para los tres y ha habido suficiente (ténganse en cuenta los tres entrantes tomados). No ha sobrado ni un grano y, si llega a haber más, también nos lo acabamos de rico que estaba, pero, vamos, que con hambre no nos hemos quedado ni mucho menos.

No hemos pedido postres. Unos cafés bastante buenos. Después una rondas de orujos (chupitos: 1,50) y otra de Marc de Champagne (2,50).

La carta de vinos es corta con pocas referencias y en una gama de precios baja: 4 blancos, 6 tintos y algún espunoso, más o menos. Hemos pedido un tinto que no conocía: Ocean (4 meses en barrica). Bien.

El trato del personal ha sido muy correcto y cercano en todo momento. Se nota el bagaje de ellos en hostelería y Ana, que nos informa que jamás había estado en el gremio, ha aprendido rápido y ejerce maravillosamente de anfitriona.

Siguiendo la estela del inagotable emprendedor Pep Romany (Tossalet del Carme, Miguel Juan Tapes i Vins, La Naviera) repetimos visita a su nuevo proyecto: Pont Sec.

Ubicado en una casa de campo, en el kilómetro 1 del conocido Cami Vell de Gandía, que hace décadas albergo el originario Restaurante Pont Sec (bajo otra dirección) y posteriormente otros negocios con mayor o menor éxito (Bellavista, Provenzal, La Perla de Val, Serranos...), Pep Romany vuelve a los orígenes de la casa, basando ahora su apuesta en la cocina de la comarca, dándole un toque personal pero respetando las esencias y sabores tradicionales.

Para componer su cocina se surte de proveedores locales, tanto en cuanto a los productos del mar, de la próxima lonja, como del campo, preferentemente de agricultura ecológica. Por esta razón su carta varía de una semana a otra para adaptarla a lo que el mercado ofrece en cada momento.

Esta vuelta a los orígenes, tan presente actualmente en otros negocios, sin duda provocado por la actual coyuntura, no deja de tener su encanto. De ahí que en las pocas semanas de rodaje, este negocio haya tenido una muy buena acogida, ya que lo ajustado de sus precios permite abarcar mayor espectro de clientes.

La carta de vinos es reducida pero en acorde sintonía con la oferta gastronómica: 8 tintos (desde un acertado Ocean, de Fontanars, por 13,5 euros, hasta un Marques de Vargas por 32 euros) pasando por 5 blancos, 2 rosados y dos espumosos (Veuve Clicquot, por 49'5 euros, es el precio más alto de la carta).

Dos visitas (de 8 y 6 comensales) antes de escribir esta reseña permiten fundamentarla. Su fuerte esta en los arroces, magníficamente elaborados, tanto secos (destaca el De pulpo, tomates secos y ajos tiernos) como en caldero (por ejemplo el De conejo y caracoles). Pero no desmerecen ni los pescados (Bacalao en muselina de hinojo...) o las carnes (parrilladas con figatells y embutidos de Castells, las chuletitas, secreto de ibérico o los buenos cortes de lomo bajo). También son destacar los curiosos entrantes (Alcachofas con erizo, Boquerones en escabeche, Sepia al romescu, o Salteado de hierbas con huevo poche).

Postres, como el Crujiente de nísperos o el Hojaldre de turrón con chocolate caliente, pueden dar paso a una relajada sobremesa en la encantadora terraza o junto a su chimenea con un combinado que contenga una de sus más de 30 marcas de ginebra que "decoran" el rústico comedor.

Precio medio 25 euros.

Siguiendo la estela del inagotable emprendedor Pep Romany (Tossalet del Carme, Miguel Juan Tapes i Vins, La Naviera) repetimos visita a su nuevo proyecto: Pont Sec. Ubicado en una casa de campo, en el kilómetro 1 del conocido Cami Vell de Gandía, que hace décadas albergo el originario Restaurante Pont Sec (bajo otra dirección) y posteriormente otros negocios con mayor o menor éxito (Bellavista, Provenzal, La Perla de Val, Serranos...), Pep Romany vuelve a los orígenes de la casa, basando ahora su apuesta en la cocina de la comarca, dándole un toque personal pero respetando las esencias y sabores tradicionales. Para componer su cocina se surte de proveedores locales, tanto en cuanto a los productos del mar, de la próxima lonja, como del campo, preferentemente de agricultura ecológica. Por esta razón su carta varía de una semana a otra para adaptarla a lo que el mercado ofrece en cada momento.Esta vuelta a los orígenes, tan presente actualmente en otros negocios, sin duda provocado por la actual coyuntura, no deja de tener su encanto. De ahí que en las pocas semanas de rodaje, este negocio haya tenido una muy buena acogida, ya que lo ajustado de sus precios permite abarcar mayor espectro de clientes.La carta de vinos es reducida pero en acorde sintonía con la oferta gastronómica: 8 tintos (desde un acertado Ocean, de Fontanars, por 13,5 euros, hasta un Marques de Vargas por 32 euros) pasando por 5 blancos, 2 rosados y dos espumosos (Veuve Clicquot, por 49'5 euros, es el precio más alto de la carta).Dos visitas (de 8 y 6 comensales) antes de escribir esta reseña permiten fundamentarla. Su fuerte esta en los arroces, magníficamente elaborados, tanto secos (destaca el De pulpo, tomates secos y ajos tiernos) como en caldero (por ejemplo el De conejo y caracoles). Pero no desmerecen ni los pescados (Bacalao en muselina de hinojo...) o las carnes (parrilladas con figatells y embutidos de Castells, las chuletitas, secreto de ibérico o los buenos cortes de lomo bajo). También son destacar los curiosos entrantes (Alcachofas con erizo, Boquerones en escabeche, Sepia al romescu, o Salteado de hierbas con huevo poche). Postres, como el Crujiente de nísperos o el Hojaldre de turrón con chocolate caliente, pueden dar paso a una relajada sobremesa en la encantadora terraza o junto a su chimenea con un combinado que contenga una de sus más de 30 marcas de ginebra que "decoran" el rústico comedor. Precio medio 25 euros.

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