Restaurante Hotel Jaime I - A Taula Gastrobar en Castellon/castello
Restaurante Hotel Jaime I - A Taula Gastrobar
País:
España
Provincia:
Cód. Postal:
Tipo de cocina:

Añadir vino por copa

Precio desde:
60,00 €
(precio más bajo introducido por un usuario)
Nota de cata PRECIO MEDIO:
77 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
8.2
Servicio del vino SERVICIO DEL VINO
8.3
Comida COMIDA
8.5
Precio medio entorno ENTORNO
7.8
RCP CALIDAD-PRECIO
8.9
ensalada
anticucho
gyozas
biryani
fruta
ostra
berberechos
endivia
conejo
pescadilla
cabrito
aceites
vinos
comedor
panes y sales
cremaet
petits fours
Opiniones de Hotel Jaime I - A Taula Gastrobar
OPINIONES
6

Como final del encuentro anual tenemos cena de despedida en el mismo reservado y con cena especial (un menú degustación) pactada con Sergio y además maridada con Javier que se esfuerza siempre en sorprender y buscar vinos diferentes a los que encontrarías normalmente en las cartas del restaurante. Digno colofón, como cada año, al encuentro que resultó como la traca final de una buena mascletá. Queda para el recuerdo.

Somos 20 y nos colocamos partidos en dos mesas, tipo imperial pero más cortas, para aprovechar mejor el espacio. La preparación de las mesas impecable. Empezamos con unos buenos panes de Antonio García (a destacar el de calabaza sobre el de semillas) y unos buenos aceites presentes en este local para momentos especiales y que se sirven de forma aleatoria a los comensales; a saber: Bardomus "P" picual, Bardomus "C" Canetera Premium, Bardomus "B" Borriolenca Premium, Bardomus "A" Arbequina Premium. Es verdad que está forma de probarlos acaba creando algo de confusión porque no sabes cual te ha tocado y pierde un poco de opciones de conocerlos; quizás preguntando si más o menos suave (máximo 3 opciones) y dando la información correspondiente se sacara más partido a la gran calidad de los aceites.

El servicio de vino, sin escatimar de buenas copas, fue de forma continuada más la presentación de todos y cada uno de los vinos (uno por plato), con cumplida información de sus características; es un plus de gran interés para todos en esta cena donde hoy no se plantea un maridaje buscando las características que unan plato y vino (evidentemente tampoco van a oponerse), sino que discurren paralelos en una carrera conjunta (pero no competitiva), para sorprender con cada plato y con cada copa. Y a fe que lo consiguen, aunque en algún momento haya quien la sorpresa no le llene, pero ahí está el riesgo, y para ganar hay que arriesgar y para aprender hay que conocer. Alguna cerveza y bastantes aguas con y sin gas hicieron falta para rebajar comida y bebida.

En el apartado sólido, cada vez salía el propio Rafa desde la cocina para informar de forma detallada de cada plato, de cómo se elabora, con qué ingredientes y hasta el por qué de hacerlo y emplatarlo así. A mí me parece que cada año hay una vuelta de tuerca más por su parte consiguiendo más armonía y mejor ensamblaje dentro de una mayor complicación y sofisticación y, como en el vino, un mayor riesgo incluso en el producto y en su paso por la cocina; gráficamente diría que vamos en estos años de encuentros pasando de un concierto más cerca de los Rollings de Mick Jagger a estar ahora más cerca de un concierto de la Filarmónica de Berlín dirigida por el viejo (ya fallecido) maestro Von Karajan.

El ágape preparado consistió en:

. ostra valenciana, crema de olivas y helado de gildas. Una entrada clásica aquí con la ostra valenciana al natural siendo una ostra más carnosa menos sabor a mar y buen tamaño; la siempre buena compañía de helado en este caso de un helado muy especial que gusta mucho a nuestro anfitrión y con razón; lleva también un puré de las aceitunas negras, una ensalada de lechuga de mar con una aceite de granada y un brotecito de cilantro. Volvemos al carrusel de subidas y bajadas con un blanco muy especial, como es el equipo, Navazos Niepport 2020 un palomino fino de la mejor zona de albarizas de Jerez (Pago de Macharnudo); no se entendió por todos pero es una pasada como todo lo que sale de esa especial parcela de Macanudo.

. berberechos del Grao con chilpachole dels Mas dels Fumeros: arranca con una sopa fría (en lugar de caliente como cabría tomar en México para notar más el picante); el chilpachole se hace con un maduro "tomate de penchar"; con el agua de los berberechos se hace una espuma que se acompaña con aguacate y lima como corresponde. Aquí tomamos buen blanco de Las Moradas de San Martín albillo real 2020 de Madrid que gustó y sorprendió para bien.

. endivia a la brasa, salsa César de berenjena y yogurt, salmonete del Grao curado y frutos secos: tras pasar la endivia por la brasa se le acompaña con un buen salmonete curado en sal azúcar y cardamomo con piel de naranja; se acompaña con mandarina y con gel de mandarina amarga y salsa César que variamos con una berenjena a la llama (y un toque de yogurt natural) para potenciar el punto ahumado más brotes de rúcula y queso. Un espumoso de nivel de Parés Baltà con largo paso por rima, 80 meses: Blanca Cusiné 2013 que fue considerado el mejor vino de la noche; a mí también me lo pareció y brindamos en la mejor compañía.

. takoyaki de conejo del Maestrat con rebollones: se hace el conejo en 3 partes: los lomos, el hígado y las piernas; estas piernas se guisan para hacer las bolas; con los huesos de los lomos se hace el caldo con anís estrellado, jengibre.. y con ese caldo conejo y harina se hace el rebozado de la pelota. Pasamos a un tinto que fué el tinto que se llevó los mayores elogios: Castro de Valtuille Barrica 2019 un mencía del Bierzo bajo la capa (y la barba) del maestro Raúl Pérez; se votó como el mejor tinto.

. pescadilla de la lonja, naranja, alcachofa y coco: una pescadilla entera y bien preparada con un curry brasileño (con cúrcuma, comino, cilantro en polvo) con mandarina y las alcachofas salteadas con ralladura de naranja; se remata con chips de alcachofa crujientes de naranja y coco liofilizado. Me pareció el plato más complicado por sus ingredientes y fue el que más me sorprendió y gustó. El vino era Aloers 2019 bastante singular, un buen xarel.lo del Penedés que pudimos comparar si esa uva ya apuntaba que podía llegar al cava anterior y sí nos lo pareció (aunque ahora está muy lejos).

. pierna de cabrito trufada, hongos, kaki glaseado y marconas: la pierna se deshuesa y se trufa y cocido a baja temperatura y se acompaña de setas del momento (ahora trompeta de la muerte y camagrocs); hay también kaki glaseado con anís estrellado y terminado con un turrón salado trufado (preparado a base de almendra, miel y terminado con trufa negra) más un poco de trufa negra (las primeras que hay con algo de aroma y poco sabor aún). Su compañero fue de nuevo un tinto Tridente prieto picudo 2018 de Castilla y León elaborado por Juan Gil y que resultó un poco más rudo que el mencía; sin duda el gusto actual está cambiando de Toro al vecino Bierzo.

. cuajada de oveja, helado de miel y polen: allá por el momento de antes de la pescadilla nos avanzan un plato que contiene un producto lácteo qie nos habían dejado en la mesa para que evolucionara; con el paso de los minutos y la temperatura ambiente lo que se ha ido formando es una cuajada que ahora sale el equipo de cocina y va acabando cada uno con su parte; la miel, la espuma, el polvo, etc, más el pequeño bocadito de panal; queda un postre lácteo y nada pesado de dulce sino todo lo contrario. Aquí sorprenden, no por el vino, sino con un cambio a Valverán 20 manzanas, la versión asturiana del icewine canadiense, un producto muy elaborado con manzanas congeladas de las que se extrae el mosto que dará origen tras crianza en barricas, a este sorprendente producto que hace años solo encontrabas en Asturias y ya hace un poco tiempo que enpieza a aparecer como opción para postres en las cartas de buenos locales.

No hay que dejar atrás al equipo de cocina y sala bajo la batuta de Rafa y Javier, de los que seguro que están aprendiendo lo que no está en los libros. Entre ellos y el cenar y beber vino con los amigos, se alcanza más felicidad que dan las endorfinas en una maratón.

Unos buenos cafés e infusiones finales (hay quien hechó en falta unos petits fours con chocolate de los que son muy adictos e insaciables) pusieron término a nuestro 2022. Ésto hay que mantenerlo y repetirlo porque marca en el calendario uno de los mejores días de cada año.

 

  • ostra

    ostra

  • berberechos

    berberechos

  • endivia

    endivia

  • conejo

    conejo

  • pescadilla

    pescadilla

  • cabrito

    cabrito

Acudimos a la cita anual a Castellón desde diferentes partes para tener un nuevo encuentro profesional que constará de dos partes: la primera previa al encuentro y la segunda de despedida, ambas en el reservado privado del hotel Jaime I y con esa mesa tipo imperial que tanto gusta perfectamente vestida, buenas copas, cubiertos y vajilla. Vamos con la primera parte con sus 13 comensales en mesa única.

No hay cambios en el local ni en la parte del servicio en sala a cargo de Javier ni en la cocina a cargo de Rafa; ambos forman un buen tandem complementario sin interferirse. En este caso Rafa no salió de cocina a comentar los platos pero tuvo buena sustitución.

Como siempre compañía de un buen pan y un buen vino blanco Bermejo seco 2020 malvasía de Lanzarote  del que gustó hasta la botella; en tinto Casa de la Seda 2020 bobal ambos bien recibidos y bien servidos desde el principio al final.

Tomamos originales platos en un paseo por cocinas del mundo: 

. versión de ensalada César: con el cogollo de lechuga pasado por la brasa y múltiples verduras pipas de calabaza tomate cherry, rabanitos... con buen aliño y en una presentación perfecta de un plato nacido en México.

. anticucho de corazón de atún: en un pinchito el corazón de atún pasado por brasa y troceado; el corazón, como músculo potente que es, queda poco tierno de masticar pero estaba sabroso. Junto al atún una brioche hecha con un escabeche de champiñón más alguna alcaparra en el plato. Diferente y que, o estás con él, o estás en contra. A mí me gustó el atrevimiento peruano y el sabor diferente del atún.

. gyozas: lo que se conoce como empanadillas japonesas, con una buena cocción y manteniendo textura para contener carne de pollo bien preparada y salseada; compartimos un par de ellas servidas en conjunto lo que aporta una buena estética.

. biryani: plato principal que al final se trata de una preparación hindú con arroz y cordero en el relleno, hecho con toques marroquíes en las especias: muy contundente, muy sabroso, carne muy tierna bien especiado sin excesos pero con presencia; amplia ración. Muy bueno.

. postre y pensando en el inminente trabajo de la tarde, nos decantamos por fruta pelada y troceada con mucha variedad para la época que estamos; en este caso el origen, si no del plato, si de la materia prima es español.

Todos los platos excelentemente presentados en vajilla diversa. Aquí las comidas de trabajo son otra cosa, porque no es necesario sufrir antes de empezar. Bien

 por el pacto previo.

  • ensalada

    ensalada

  • anticucho

    anticucho

  • gyozas

    gyozas

  • biryani

    biryani

  • fruta

    fruta

Tras la suspensión en marzo 2020 de la comida prevista y por razones obvias, había ganas de retomar el encuentro de amigos, así que acudimos a la convocatoria tras el paso de la maldita pandemia. De nuevo al comedor privado del hotel Jaime I y de nuevo menú pactado, comentado y aprobado por unanimidad. Tras unos problemas de última hora quedamos 11 comensales que ocupamos con amplitud la mesa tipo imperial del comedor privado.

Ningún cambio en el local (ni falta que hace) y la presencia constante del sommelier, Javier Salgado, y su ayudante en prácticas en la sala y la entrada del chef en cada plato para comentarnos no solo los ingredientes sino el modo de prepararlos y con el añadido de dificultad de que los vinos son los elegidos y los platos los que maridan los vinos. Eso sí que es trabajar en equipo. Además y, con autorización previa (y disfrute compartido in situ), añadimos dos vinos extras: un sorprendente, especial, único e irrepetible (sólo existe una barrica y ya está toda embotellada) vino hecho en Alcossebre (Castellón) tomado como aperitivo (formato generoso de Xerez) Vinya Marina 2019 chardonnay bajo velo de flor, y un viejete riojano que llegó vivo pero justito Monte Real 1970 que tomamos como interrupción entre salado y dulce. Los vinos elegidos no se presentan en un continuo progresivo sino buscando resaltar lo diferente que son cada uno de los vinos entre sí.

Sentados a la mesa y a disfrutar ya de inicio con unos magníficos panes de Antonio García (panadería Blanch, que ha metido sus panes entre los mejores de España) con sus variedades de calabaza, algarroba y tona -homenaje a su abuela y maestra-) y unos extraordinarios aceites de la zona: Bardomus "P" picual, Bardomus "C" Canetera Premium, Bardomus "B" Borriolenca Premium, Bardomus "A" Arbequina Premium preparados y embotellados para el local, y la que ganó en la comparativa Bardomus 10*** sabor del temps con picual canetera y borriolenca (el realidad es 10 al cubo, pero el teclado no me lo permite escribir) como el más equilibrado (y exclusivo). No hay pan y aceite que se precie que no pida sal, y para sal se trajeron 4 diferentes: Himalaya (rosa), Ahumada (gris), Volcánica (negra) y Persa (azul). Total que previo de este aceite y esta sal que si la otra que mejor con el pan algo dulce de algarroba....

Con estos previos (y algún aperitivo que tomaron los más madrugadores) comienza el ágape, empezando por la explicación del vino y a continuación el chef, Rafael Gresa, entra con los platos y nos lo comenta con la misma intensidad de detalle en que han sido explicados los vinos:

. ostra, ceviche ahumado y pisco sour: sobre una base de puré de aguacate y coronada por una cremita ahumada de maiz y zumo de lima y una espuma del pisco formando un conjunto que hay que intentar comer de un solo bocado (fué imposible) porque son todos elementos que se integran bien y a modo de aperitivo como el pisco; elementos potentes todos ellos pero que están equilibrados. Se armonizó con Charles Ellner Carte Blanche Brut un champagne de sus 3 clásicas uvas de pequeño productor, sin maloláctica y con aromas diferentes (menos bollería) con 36 meses en rima.

. mújol, gilda, olivas negras y algas: hueva de mújol con mantequilla de alga wakame con un helado de piparra y plancton sobre una coca de aceite con plancton; lo del sorbete de piparra es algo de otro mundo con la intensidad pero es que el salazón es también todo potencia y el plancton no se queda atrás y todo ello con texturas y temperaturas diferentes. Extraordinario. Su compañero fue Sílice 2020, un blanco de Ribera Sacra con treixadura, palomino, godello, doña Blanca y otras uvas locales de vendimia heroica y de menos de 2000 botellas que sorprende porque está a medio camino entre lo gallego y lo andaluz.

. bonito, tomate valenciano, habitas, alcachofas, queso fresco y cítricos: es una ensalada versionando "un solterito peruano" y adaptándolo a nosotros con un bonito ahumado y el resto de productos de nuestra huerto y a un queso fresco de Almazora y una vinagreta de granada fresa y lima. Elementos poco habituales, intensos pero manteniendose su potencia contenida, Diferente y gustosa. Maridado con Donhoff riesling 2020 un alemán del Nahe que resultó menos trocken de lo esperado y necesitó algo de tiempo para expresarse en lo mineral y sulforoso del suelo volcánico.

. espárrago blanco, torrezno, crema de queso azul, chips de espárrago verde, puré de mantequilla de los tallos blancos: el queso azul de Coves de Villrromá (único azul de la Comunidad Valenciana) más un cramble de torreznos de base; el espárrago muy al dente (para [email protected] demasiado poco hervido); de nuevo un plato cañero en sus integrantes y no fácil armonía con vinos . Recuperamos burbujas con un cava Mestres Elena rosado Gran Reserva 2017, un espumoso de trepat, garnacha y monastrell y se agradece esas diferencias de uvas y 42 meses en rima y una elaboración que mantiene mucho artesanal.

. molleja, callos y azafrán: callos de bacalao hechos de forma tradicional con su picante, una majada con piñones y rematada con mollejas de ternera y ralladura de limón; de nuevo riesgos extremos y quizás los elementos iban más a su bola cada uno sin forman un armonioso conjunto aunque desde luego no faltaba sabor. Aquí nos metemos en un tinto con Laya Crozas-Hermitage 2018, una syrah del Ródano con 18 meses de barrica que resultó algo golosona y que gustó mucho

. raya ahumada, gazpachos con tocino ibérico y colmenillas:  se sacan los huesos de la raya y se elaboran unos gazpachos manchegos con tocino y setas y luego la raya se hace a la brasa y se monta pegada con proteína de pescado volviendo a dejarlo como el pescado inicial.  Salimos del lado oscuro con Château Guiraud 2017, un Bordeaux de semillon y sauvignon blanc envejecidos en barricas que habían contenido vino de Sauternes con lo que se transforma en un inesperado vino.

. pichón a la brasa, coliflor y trufa: pechuga preparada previa a 40º y luego a la brasa, en la base la coliflor cocida con mantequilla y trufa más un couscous de coliflor y trufa; de nuevo siempre riesgo, también en la carne poniendo pichón y de nuevo compañías complejas y poderosas en su presencia como la coliflor y la trufa; aquí perdió la trufa que siendo de verano se quedó poco presente. Un sorprendente Whisba tempranillo 2019 de Castilla y León envejecido 18 meses en barricas que habían contenido whisky por lo que de nuevo es un tinto inesperado y sorprendente en su envejecimiento y resultado final.

. torrija de coco, kumquat, pistacho y chocolate: con brownie de chocolate con bizcocho hecho con leche vaporizada, sobre ello chocolate caliente que derrite la bola; muy visual y de nuevo también elementos potentes pero que armonizaron bien y no cargaron de dulzor lo que se agradeció. Un dulce de la pujante Málaga en vinos dulces: Noctiluca 2019 moscatel de la Axarquia de vendimia asoleada un vino de dulce ajustado manteniendo acidez que siempre gusta como vino final.

Terminar con cremates y petitis fours es lo más deseable y así fué. Hubo tiempo hasta decir basta para recatar vinos y ver su evolución, arreglar el mundo y confabularnos para que no falte este encuentro anual y volvamos a normalizar lo extraordinario.

 

  • aceites

    aceites

  • vinos

    vinos

  • comedor

    comedor

  • panes y sales

    panes y sales

  • cremaet

    cremaet

  • petits fours

    petits fours

De vez en cuando se alinean los astros y podemos coincidir gente de Valencia (grupo de perjudicados por el Noma) y alguno más con gente de Castellón y la incorporación de gente de Barcelona. Hemos hecho encuentros de especial menú gastronómico con o sin aportación de vinos propios además del encuentro anual profesional, repartidos por los hoteles Jaime I, Tryp Center y Luz muy relacionados en la cocina. Esta vez fue en el salón privado del Hotel Jaime I y con un menú y su maridaje consensuado previamente, lo que dejó fuera la aportación de vinos de casa ante la  buena propuesta de Javier, el maitre. La dedicación de la sala durante la comida fue magnífica en la explicación de todos y cada uno de los platos y de cada vino, que por cierto nos permitieron ver un amplio abanico de vinos muy diferentes entre sí. Un disfrute..

El salón privado es amplio, con una mesa tipo imperial preparada para 12 comensales con un lamentable fallo (avisado con dias de antelación) de uno de ellos aunque la comida y bebida prevista para 12, la repartimos entre los 11. Antes de sentarnos la única aportación extra venida directamente de Turín por su propio fabricante, un (relativamente) nuevo vermut: Ver-Mò, como primicia para posible comercialización en España. Gustó mucho.

El homenaje:

. aperitivo: ollica cortesana "Rafa versus Pilar": se trata de un canelón hecho con el guiso de la carne y la verdura y patatas, lo primero picado para el relleno y lo segundo hecho en crema para completar el plato. Bien trabajo y sabroso. El acompañante elegido Recaredo Terrers Brut Nature Gran Reserva 2013 (DO cava)

. berenjena de "El Rincón" con pimiento asado, y sardina ahumada: una mouse con pasta de berenjena con una base de migas de aceite de sardina con pimiento en 3 texturas (helado, crema y en tiras) con trocitos de melón, de sardina ahumada, con una esferificación de aceituna negra y un brote morado a modo de vinagreta. El vino "Solo" de uva palomino fino de crianza biológica de 18 meses bajo flor (Lebrija) que reultó muy curioso porque parece un vino a mitad camino entre crianza bajo velo de flor y crianza en barrica.

. cocina viajera, aguachile de zamburiña y aguacate con lulo y su coral estilo karagee: dos partes diferenciadas con una zamburilla rock and roll de picante y un cambio a cocina oriental con el coral hecho en témpura y con esa salsa mezcla de sake y soja, genial. Aquí fue un Chablis GAEC Gauteheron (DO Bourgogne) que puso contrapunto elegante a ese frenesí de sabores peruanos y orientales.

. de mamá, la tortilla Vaga de habitas morcilla arroz crujiente y collejas: se llama tortilla vaga porque solo está cuajada la mitad (no se da vuelta) y los ingredientes que reposan sobre ella son todos de sabor intenso, hasta la cebolla caramelizada que traba el conjunto. Cambio de país para el vino y nos vamos a un trocken Schieferkopf de uva silvaner del valle del Rhin.

. ¡Ay Carmela! Un San Jacobo con clase: un san Jacobo clásico de jamón ibérico que se reboza se frie y se sirve sobre una salsa de queso Comté de leche cruda de vaca. Y para esa clase, un vino con clase Maison Roche de Bellene 2016, un pinot noir de libro (DO Bourgnone) quizás el más elegante y una pena que el plato no era ni de lejos el más elegante ni el más equilibrado ya que había un exceso de patata (lámina de casi medio centímetro) que se comió el sabor del jamon (escaso) y del queso que ya es difícil; quizás un cambio de San Jacobo por mini cachopo hubiera sido más acertado.

. rape y tocino (panceta) ibérico a la brasa, pulpo, mini calçots (chiquitín) y romescu: todos ellos hechos sobre una mini brasa (sin horno Josper) directamente consiguiendo un mar y montaña con el común denominador del ahumado. Un cuña en la escalera de vinos de la comida con champagne Bonnaire Blanc de Blancs premier cru 2013 (al que acabamos votando como el mejor) con una crianza previa del vino 12 meses en barrica antes de platearse su final como espumoso.

. tajine de ciervo con ciruelas y piñones "perolet": un guiso a fuego lento de ciervo muy especiado con cebollita cúrcuma, cardamomo, canela, jengibre... y acompañado de ciruelas pasas y piñones y también de cous-cous para apoyar; la pena es que se secó en demasía la cane, pero el buen sabor de fondo invitaba a comer más. Necesitó de un poderoso (casi exclusivo salvo un poco de cabernet franc) merlot de Bourdeaux de Michelle Rolland, el Château Fonterol Fronsac 2012.

. el clásico de la escuela: peras al vino (blanco) con aire de Japón "Aqua" y su paseo por el bosque: con una base de almibar que lleva sake, yuzu quedando un conjunto especiado, cítrico pero dulce todo ello dentro de una empanadilla japonesa. Un final feliz con un Sauterne de uva semillon botrinizada, el Château du mont 2013 Cuvée Jeane.

. cremaets (con alguna excepción) bien presentados y que aún dió tiempo para un repaso de algún vino que había gustado/sorprendido para recomentar. Incluso alguna media botella quedó para la cena en casa.

A destacar que también hubo una pequeña cata de aceites con buen pan, aunque estuvo un poco desordenada al servir 3 variedades de forma salteada que produjo cierta confusión; más reconocible el Lágrima. Ah! y agua de Benasal, varias botellas de litro, que hay que hidratarse para apreciar mejor los vinos.

Un gran disfrute de buena compañía con la promesa de un próximo encuentro.

Buen pues ha pasado el año y de nuevo la cita está ahí. Se nota que estamos en el mal año de la crisis y esta vez no hay cena degustación, sino que hay que conformarse con comida de trabajo, sin alardes culinarios, a menú cerrado y con menos asistentes. Este año toca la cara B del disco, y gracias.

Mesas en el propio restaurante el hotel (no en sala aparte acondicionada). Servicio del habitual del comedor del hotel reforzado por estar prácticamente lleno, aunque no todos del grupo.

Para beber un verdejo que no recuerdo y que recuerdo que no debía recordar y un Viña Alcorta crianza 2008 correcto.

De entrada sobre la mesa la típica fuente de fiambres, algunos (chorizo) mejores y otros peores (salchichón) y la mayoria normales. Pimientos del piquillo con langostino, patata y berenjena, bien. Saquitos de queso brie y champiñones bien hechos pero sin premio a la originalidad, al igual que la croqueta de ceps (setas).
El cocinero sí que acertó en el arroz: de sepia, langostinos (estamos en la zona), alcachofas y pimiento, aunque yo hubiera quitado éste último, hay que reconocer que estaba algo más que bien., sobre todo pensando en grupo amplio.

De postre un diferente helado de Baileys con mousse de chocolate. Más original que bueno. Añadimos cafés y poco más.

Un sitio que si comparas con comidas de hotel no está mal colocado, pero si comparas con la cena del año pasado.... Maldita crisis. Pobre organizador.

Cena para 38 personas realizada en un salon del hotel y planteada por Pedro Salas responsable de la cocina de los 3 hoteles de Castellon: Jaime I, Hotel Luz y Castellon Center. Incluso cocinó delante de nosotros los entrantes. Se acompañó de Juan Carlos Pavía en los vinos.

El menú:

. sushi escandinavo sin wasabi sustituido por berro de agua que también es un rábano hecho con algas, arroz con salmón crudo (previamente congelado) apretando pero dejando el grano suelto; muy bueno y con buena textura y suficiente picante.

. Ostra con una crema de fruta de la pasion que su cítrico sustituye al limón.

. Pan con tomate y anchoa. Endivias con salsa de cacao y mandarina con langostinos.

. Tartar de sardinas y aguacate con papelitos de yuca, uno de ellos picante.

. Sopa japonesa de fideos con galeras sofritas con escamas de bonito jamon iberico y setas sin harina con huevo a baja temperatura.

. Finalizar con paletilla de ternasco.

. Postre de panacota de leche de almendra y helado de olivas negras.

Un gran placer

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