Restaurante Casa Jaime en Peñíscola
  

Restaurante Casa Jaime

20
Datos de Casa Jaime
Precio Medio:
49 €
Valoración Media:
7.2 10
Servicio del vino:
6.9 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
6.2 10
Calidad-precio:
6.4 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 33,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


20 Opiniones de Casa Jaime

No sé si fue Jordi el hijo de Jaime quien nos atendió, pero la entrada no pudo ser más desafortunada y ya nos dejó un mal cuerpo para toda la comida, por cuanto yo había hecho (hacía un mes justo, dado el sistema de reservas del restaurante) una "reserva" de un tipo de arroz, y aunque llegamos media hora antes de la cita, dicho arroz ya no pudo cambiarse por otro, y a pesar que mi mujer le dijo que las espardenyas (los inconvenientes de ser bióloga) "le daban asco". Con este panorama entramos en faena. La recomendación del vino, un Murviedro blanco, tampoco estuvo a la altura, por cuanto me pareció en exceso plano, y muy afrutado cuando la pretensión era que fuese seco. Lógicamente es un vino muy de la zona y mi conocimiento es limitado, por lo que se hacía menester la recomendación. 

Dicho esto, el nivel de los platos, arroz incluido, demuestra que estamos ante una cocina de mucho nivel, desde la coca y la anchoa de entrante por gentileza de la casa, el pan caliente y en cestillo cerrado para conservar la temperatura (3,20 € dos panecillos), una magnífica exqueisada con un bacalao de categoría premium (10,50 €), los inevitables langostinos de Peñíscola (a precio de percebe, pero los caprichos se pagan, y aunque en la carta pone 8 uds. la ración era de 5 uds. (el precio, 26,50 € se mantiene, y la explicación de Jordi acerca que no eran de Vinaroz por las noticias que había sobre los langostinos de la zona, nos tranquilizó) El capítulo arroz ya descrito, la parienta se tomó el arroz "pelao" y yo menos arroz y más bichos, de un muy buen arroz, suelto, y en su punto exacto de sal, como lo habíamos pedido. Si la ración para dos fuera un poquito más generosa (en consonancia con los 50 €) no me habría importado ya que uno es de buen comer. Rematamos con una magnífica tarta de naranja (6,25 €) y dos cafés expresos a 2,25 € cada uno. No hubo ofrecimiento de chupito ni nada parecido, y tampoco lo pedí, porque últimanente me parece que hay una extraña conjura en cobrarlos y me sienta como un cuerno, así es que preferí no terminar como empezó la comida, porque es cierto que el camarero que nos atendió, es un profesional de mucho nivel (quizás algo "cercano" en el trato) y conforme la comida avanzaba el ambiente se hizo más agradable. Conclusión, comida de aniversario, en la que había puesto mucha ilusión por las referencias del restaurante, y sabor agridulce. 

Siguiendo las recomendaciones de algunos compañeros previos, visitamos este restaurante genuino y autóctono.Un entorno sencillo, quizás pendiente de renovación, en especial su iluminación, frente al castillo, una terraza y el interior.Carta de vinos sencilla, pero suficiente . Su servicio correcto y diligente. De esos pocos lugares en los que cuando pides catar el vino antes de servir la comida , te hacen caso. Por si fuera poco entre pedirlo y servirlo , no pasaron dos minutos. Nos atendió un señor amable, comedido, explicativo, diría que entrañable,no le pregunté como se llamaba, pero sirvió la mesa con una dedicación y afecto, difícil de olvidar.Demostró que en ese contexto, está a la altura de los mejores y estirados servicios de los grandes restaurantes. La comida , efectivamente , merece la pena. El arroz Calabuig batió a todos los probados previamente. Altamente recomendable, con espardenyes y ortiguillas. Un bomba espectacular, pleno de sabor e intensidad, de textura imbatible. Previamente , capricho del Papa. Una mezcla sublime de alcahofa, cebolla, langostino y yemas de erizo, que hay que probar. Después unas sorprendentes LLenguetas con huevo, ajo y cayena que no hay que perderse.Yo no había probado nada igual, algo distinto, rememorando angulas...Dos buñuelos de bacalao bien , una excelente croqueta de erizo, una tostada de brandada e higo, más una botella de agua y otra de Mestizaje blanco , dos personas 95 euros. Absolutamente recomendable

Esta es la tercera vez que comemos en Casa Jaime y siempre ha sido porque nos venía de paso, pero esto tiene que cambiar. Casa Jaime tiene una entidad propia y un valor gastronómico que se merecen una auténtica peregrinación a Peñíscola para disfrutar de su cocina.

Frente al mar, en un entorno privilegiado con vistas al castillo del Papa Luna, encontramos este restaurante de playa que, oh señores, hace las cosas bien, pero que muy bien. Comer en la terraza es un auténtico lujo, pero tampoco está mal cuidado el interior, que ofrece una ambiente sencillo pero agradable.

Cocina de mercado con evidente presencia del mar, de los productos locales menos conocidos por la mayoría. En casa Jaime se cuida la materia prima y la elaboración de cada plato. Que el propio Jaime te presente la carta es un espectáculo, conociendo al dedillo cada elaboración, cada detalle de cada pescado, marisco o habitante del mar que llegará a tu plato en breve.

Mientras esperábamos salieron unas sardinas en escabeche muy ricas. Y empezamos con las croquetas de erizo, puro sabor, ese punto yodado y la perfecta fritura. Las croquetas de galera también son dignas de mención, buen sabor y de nuevo el dominio de algo tan sencillo, pero tan difícil de hacer, como es una croqueta.
El tartar de atún con vieira es uno de los platos que uno no se puede perder de Casa Jaime, al igual que las llenguetes, un pequeño pescado del que no había oído hablar nunca y que aquí se prepara como si fueran angulas.

Y pasamos a los pesos pesados, arroz calabuig, con ortigas de mar y espardenyes y arroz columbretes, con erizos de mar y gamba roja. Es difícil decantarse por alguno de ellos. Los dos son puro sabor a mar, arroz en su punto y la posibilidad de probar productos que no siempre son fáciles de encontrar.

De postre probamos una torrija muy rica, el postre que más me gustó, una tarta de naranja y una tarta de manzana reineta.

Carta de vinos correcta, falta algo de originalidad pero permite un buen disfrute, al igual que las copas que son de buena calidad y el servicio es amable, cercano y profesional.

Lo dicho, volveremos exclusivamente a comer en Casa Jaime en cuanto llegue el invierno.

Siempre que volvemos un domingo de viaje de vuelta de Cataluña, intentamos cuadrar los horarios para hacer una parada a comer en Casa Jaime, restaurante familiar galardonado en 2013 por la Academia de Gastronomía de la Comunidad Valenciana por su cocina tradicional.

Entre dichas tradiciones, los arroces Calabuch o Columbretes, ambos fabulosos si bien es cierto que suelo pedir casi siempre el primero, elaborado con un fumet blanco de pescado de roca y morralla y, como ingredientes especiales, les espandenyes y las ortigas de mar. De las dos raciones salieron cuatro platos que, obviamente, engullimos sin protestar ni dejar un granito de arroz ¡Fantástico!.

En los entrantes suele haber una aceptable renovación según la temporada. En esta ocasión tomamos una coca casera de tomate, tonyina, pimiento y piñones (degustación obsequio de la casa) que invitaba a pedir una ración extra, unas navajas a la plancha y unas buenísimas croquetas de erizo de mar y de galera respectivamente.

Especial atención merce el Tataki de atún y vierias, con una salsa de soja ligeramente macerada con un punto de miel, y adornada con huevas de trucha asalmonada. Para relamerse.

Con los entrantes y el arroz ya estábamos bastante llenos pero no pudimos resistirnos a la propuesta de un postre fuera de carta para compartir entre dos, de Torrija con helado de turrón muy rico.

Cafés, agua y vino (un godello de Valdesil bastante resultón). La carta de vinos es algo corta pero, por contra, con referencias interesantes y precios bastante ajustado, con buen servicio del vino y copas Riedel.

Como siempre, volveremos en cuanto tengamos oportunidad.

  • Arroz Calabuch con espardenyes y ortiguillas de mar

  • Tataki de atún y vieiras

  • Coca casera y croquetas de erizo de mar y galeras

Entre vulgares chiringuitos playeros, me acerco a este establecimiento guiado por el consejo de las personas que amablemente intervienen en Verema.

Las instalaciones no se diferencian de los demás; solo el atuendo del servicio y la mantelería intuye una predisposición a la calidad.

Las viandas que seleccionamos han sido irregulares y el servicio es muy profesional y atento.

Lavabos diminutos, que no corresponde al público objetivo.

Elegimos frugalidad, pero sin esfuerzo la cuenta puede ascender al doble.

  • Torrija con helado de turrón

  • Navajas a la plancha

La cocina de Casa Jaime es una cocina marinera, valoriza el producto local y le aporta el justo toque de creatividad. Se mima la materia prima y eso se puede ver en platos como el excepcional carpaccio de langostinos que disfrutamos, las croquetas de chipirones en su tinta, su emblemático capricho del Papa Luna, un erizo que se presenta sabiamente combinando con alcachofas de la tierra.... y de colofon un arroz meloso, emblemático,el Calabuch... Carta de vinos no muy extensa pero seleccionada. El servicio -el del vino y el de sala- es primoroso, atento y educativo... se aporta información sobre los platos y los ingredientes siempre que el cliente se muestre receptivo... Comimos en la terraza, en un maravilloso día de final de verano.... Que más se puede pedir...

  • Jaime, sirviendo el arroz Calabuch

  • Ensalada de langostinos, con higos frescos, naranjas y vinagreta de miel

  • Arroz Calabuch

Lugar que a simple vista pasaría desapercibido de no ser por haber leído con anterioridad vuestras experiencias.
Una vez sentados en nuestra mesa, terraza exterior, uno ya se da cuenta que no se trata de un restaurante turístico mas, recibimiento excelente, teníamos mesa reservada, copas Riedel en la mesa y vajilla mas que correcta.
Al hacer la reserva también es necesario encargar el arroz, por recomendación de la persona que nos atendió al teléfono, optamos por el “calabuch” (espardenyes y ortigas de mar) espectacular el sabor a mar de ese arroz, cocido al punto y cantidad mas que correcta. Gran detalle por parte del camarero que nos dio todas las explicaciones para saber mas sobre las ortiguillas o anémonas.
Mientras llegaba el arroz nos deleitamos con una almejas vivas y unos buñuelos de bacalao, las almejas espectaculares, los buñuelos bien, posiblemente lo mas justito de la cena, de postre sorbete de mandarina.
Carta de vinos no muy extensa pero muy equilibrada, pedimos un Gran Caus rosado, me encantan ese tipo de rosados con arroz.
Cafés y chupito de orujo blanco, todo 110€ dos personas.
En terraza esta permitido fumar, así que pude deleitarme con un Short Churchill de Romeo y Julieta. ¿Qué mas se puede pedir?

Sin duda la mejor opción para comer un arroz fuera de lo común. Tras varios años acudiendo a este restaurante situado en la playa de Peñíscola el arroz Calabiug (en honor a la película de Luis Berlanga)sigue siendo excepcional. Conjuga una cocina tradicional con toques de modernidad, destacando los entrantes como el capricho del Papa Luna que se sirve en la concha del propio erizo o la sepia con setas y las otrigas de mar rebozadas. En cuanto al vino tiene una carta escueta pero muy selecta, reocmendando el Abadal de Pla de Bages con uva Picapoll, un gran descubrimiento a un precio razonable. Se recomienda reservar no solo por el arroz si no también porque suele llenar el local, incluso entre semana y Jaime no es de doblar mesas, cuando llena ya no coje reservas.

PD; cierra los miércoles

El Calabuig. Pero tambien puede ser el Islas Columbretes. Unos buenos gambones de entrante. Trato del vino excepcional, en mi caso un Can Feixes, con su transfondo a Pinto, en su justo punto de frescor. Excelente servicio, fuera y dentro. Rodeado de la clásica mediocridad turística de masas, Casa Jaime sigue siendo un refugio en la playa de Peñíscola. Por muchos años sea

Durante tantos años veraneando en Peñíscola, para ir a descubrir esta joya tan tarde.
Un sitio recomendable a todos los niveles (el único pero que le encuentro es que esté en el paseo), realmente majo el personal de sala, una carta de vinos corta pero bien elegida, y una fusión de cocina mediterranea con un toque de diseño, de lo más interesante, sabiendo mantener platos de toda la vida, e introduciendo nuevos conceptos a una cocina tradicional.
Entre los platos que pudimos disfrutar, Carpaccio de Gambas, Buñuelos de Bacalao, Sepia con setas (riquísimos) o Bocaditos del Papa Luna, consistente en un erizo de mar vaciado, y rellenado con alcachofas y setas, y después coronadas, con el interior del erizo crudo.
Terminando la cena con un plato de arroz Calabuig , consistente en un arroz meloso hecho con ortigas de mar y espardenyes. Absolutamente soberbio si nos conseguimos quitar los prejuicios, y nos limitamos a disfrutar.

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