Restaurante A Beccafico en Venecia

Restaurante A Beccafico

Datos de A Beccafico
Precio Medio:
39 €
Valoración Media:
7.3 10
Servicio del vino:
6.5 10
Comida:
7.8 10
Entorno:
8.5 10
Calidad-precio:
6.0 10
Fotos:
 
País: Italia
Localidad: Venecia
Dirección: Campo San Stefano 1720
Tipo de cocina: Italiana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


5 Opiniones de A Beccafico

Callejeo por San Marco hasta plaza San Marcos, hay que ver otra vez esa plaza, ahora in the morning, desayuno frente a San Giorgio (nunca te cansarías de disfrutar de esa vista), regresar a por las rezagadas, cruzar el puente de Rialto, zapatear de arriba abajo San Polo y parte de Santa Croce, vaporetto desde Ferrovía hasta Santa María del Giglio (lo que supone navegar prácticamente todo el Gran canal, qué puta delicia)… y a comer, que se ha hecho la hora.

Decidimos sobre la marcha que el fin de recorrido matutino fuera en Campo San Stefano, con la doble finalidad de visitar esa zona y atender otro de los consejos de "El Don", comer pasta en A Beccafico.

La citada plaza (¡perdón!, “campo” que en Venecia sólo hay una plaza, la de San Marcos, lo demás son “campos”) es deliciosa, con varios restaurantes que extienden por ella sus terrazas, aprovechando que hacía una mañana formidable. Uno es el A Beccafico de marras.

A reventar las terrazas, no había sitio, es más había gente esperando. Y dentro vacío. No teníamos reserva (si me lee don JoseRuiz…). Oiga, ¿y dentro no se puede comer? Se lo pensó mucho, no entiendo el motivo, el caso es que iba, venía… y nosotros ahí de pié, en la entrada, como pasmarotes, sin saber dónde ponernos, molestábamos en todos lados. Y el paisano ignorándonos absolutamente. Me estaba poniendo de un humor que… Con cara seria y tono áspero le pregunté si había algún problema, si se podía comer dentro o no. Sí, disculpe. Y nos pasaron dentro. Joder, ¿tanto costaba? ¿Qué ha cambiado de antes de que le preguntara a ahora? Brrrrrr

Se me pasó el calentón en segundos, los que tardamos en sentarnos. Esto no hay quien lo entienda. Con lo bonito, luminoso, bien puesto y cómodo que se está aquí dentro, y solitos nosotros aquí mientras el resto de la gente se pegan por comer abigarrados al sol. ¿?

Qué bien se está aquí, oye.

Y cambio de tercio. Del cariacontecido camarero jefecillo que nos bloqueó entre la terraza y la entrada, pasamos a ser atendidos por el que parecía jefe de sala, un engolado pero simpático tipo, con buena planta y mucha, muchísima, pluma, labia y oficio. Nos confesó que de España adoraba el perfume de Adolfo Domínguez, que era el que él usaba, puesto que ahí en Italia era algo muy exclusivo. Vaya crack.

Le preguntamos por especialidades y platos típicos veneciamos y nos dijo que cero pelota, que esto era un restaurante siciliano. Ah, pues nada oye, ya nos dices que… Nos dejamos aconsejar totalmente con la premisa de acabar con pasta, y así quedó la cosa:

Ensalada de gambas cocidas y rociadas con sésamo
Pequeña composición de marinados
Linguini con almejas, vieiras y calabacín
Vermicelli con sardinas e hinojo silvestre

Antes nos sirvieron unos panes que estaban de locura, unos costrini con dados de tomate fresco y albahaca y otros tipo torta con aceite.

Correcta la ensalada, tenía su aquel, buena la piccola composición de marinados, esto en Italia lo hacen muy bien en general, sabrosos los linguini alle vongole y raciales, estupendos, los vermicelli, con ese puntazo tan marcado de la sardina, refrescada por el aromático hinojo. Ambas pastas al más rabioso dente, excelente cocción y calidad.

Para beber, una botellita de La Delizia Friulano 2014 Friuli Grave DOC. No había yo probado nunca un vino de la variedad friulano y me gustó. Me pareció un macabeo suave y elegante, con esos matices de cereales secos muy presentes y una almendra amarga al final muy peculiar.

Además de cariacontecido (que por fortuna ya no apareció más por allá, se quedó en “su” terraza) y del pizpireto, buen servicio en sala, atentos, perfectamente uniformados, inmaculados, buen manejo de los tiempos.

¡Bien tirada, Joaquín!

El periplo veneciano de esta vez se iniciaba paseando con mi señora por las zonas de Venecia que no conocía. Y una de ellas era la que va desde el lateral izquierdo de la Piazza S. Marcos hasta el precioso Puente de la Academia, paseo éste que recomiendo vivamente, pues hay buenos restaurantes, un par de enotecas y algún sitio de interés para tomar unas copas relajado -amén de infinidad de tiendas VIP con las mejores marcas-.

Y como sabía ya el plan, procedí a reservar donde ya me habían tratado de modo muy agradable, y además de forma consciente, pues la vez anterior había cenado en la terraza y esta vez -el fresquete mandaba- quería comer en la parte interior del local.

Y siendo cierto que como una buena terraza en Venecia no hay nada -éste la tiene, y muy buena, vid. comentario anterior mío), lo cierto es que el interior del restaurante comentado no podía ser más agradable. No muy grande -sobre 50 pax-, pero muy coqueto. Paredes de color marfil claro, algún ladrillo, algo de maderas, lamparas minimalistas, una flor en la mesa ... Muy bien.

Las mesas -cuadradas- son de tamaño correcto, con una aceptable separación de las mismas, lo que no es poco en Venecia. Sillas de diseño muy elegante y tremendamente cómodas. Buena vajilla -platos grandes y redondos-, cubertería aceptable y buenas copas. A ello se añade una muy buena limpieza. En fin, una atmósfera muy relajada, que siempre viene bien a la hora de disfrutar.

El servicio es muy bueno y atento. Rapidez, profesionalidad, los camareros y maitre perfectamente ataviados en la vestimenta. Carta en varios idiomas. Lástima que en el vino no se esmeren tanto, si bien es cierto que en esta ocasión los vinos fueron tomados por copas y sólo tomamos uno cada uno -la noche prometía y no convenía excederse-.

En materia de vinos, ya indiqué, y me reafirmo, en que los mismos están un tanto sobrepreciados. No obstante, tiene la opción de 8/10 vinos por copas -Mitad tintos, mitad blancos, entre 6 y 12 euros por copa-. Pedimos un pinot grigio y un vermentino que ni a mi mujer ni a mí nos acabaron de convencer (pero bueno). Quizá, para los 7 euros por copa, mejor pedir una botellita. Junto a ello tomamos una botella de agua de litro (5 euros).

En cuanto a la comida, están especializados en pastas, aunque también tienen algunos pescados destacables. Y lo primero lo hacen muy bien. De hecho mi mujer optó por uno de sus platos fetiche -spagueti alle vongole (o sea, con almejas)-, no muy grandes, pero de un intenso sabor. Y yo opté por unos linguini a la pescatora -con tomate, gambas y calamares-, muy ricos y cremosos. Ración abundante en ambos casos y esa divina cocción... ese "dente" que tanto se añora por quien ha tenido la suerte de probarlo (aunque entiendo que no se pueda pensar así).

Todo ello fue precedido de un pequeño aperitivo consistente en dos buenos costrinnis, bien tostados, con un tomate correcto y un buen AOVE.

Los panes, de dos tipos: uno tipo pizza, recien hecho y muy bueno, y el otro un pan normal precortado, simplemente normal.

No hubo postres, pero sí un par de limoncellos, que en esta ocasión -la vez anterior, no-, sí que estaba a la temperatura correcta. Te dejan la botella, lo que siempre es de agradecer.

Todo por 60 euros/2 pax. Correcto en términos globales.

En definitiva, si se busca una buena pasta, éste es un sitio para ir sin dudarlo -la que sea, la harán bien-. Un buen entrante para compartir, que los hay, y afinar un poco con el vino (aunque subirá algo la cuenta). Y después un buen GT, que en un rincón de la plaza se ubica otra terraza donde hay que volver a parar.

Venecia lo merece, y vosotros también.

Retornado de nuevo a Venecia para cumplir con mis obligaciones universitarias, opto, dada la brevedad del viaje, por ir sobre seguro y me acerco -tras realizar con rapidez las compras de rigor (salame, biscottini, algún vino y un inmenso parmesano)- al restaurante A Beccafico, partiendo de las críticas previas vistas en esta página.

La reserva: Imprescindible (incluso, diría yo, en épocas no especialmente señaladas). Realizada por internet con confirmación inmediata. Comenzábamos bien. Y mejor seguimos...

La reserva la había hecho a las 21 h. Pero el hambre acuciaba -las reuniones con mis colegas italianos me dan hambre y, sobre todo, sed-, y llegué al restaurante con 20 minutos de antelación. La terraza estaba a reventar y el interior no me apetecía (25 grados, Venecia, una noche espectacular.. en fin, seguro que se me comprende).

Preguntado el maitre si iba a tardar mucho, comprobó la reserva y, de inmediato y a pesar de que estaba lleno, fue a preparar una mesa para mí. Ello me sorpendió un tanto, pues no había una mesa libre y sólo era uno. Todo lo comprendí al ver el libro de reservas, en el cual, junto a mi nombre, figuraba la indicación de VIP (siento de verdad el pisto, pero, como Dominguín con Ava Gardner, tengo que contarlo).

La razón: muy sencilla y sobradamente conocida por mí. Aquellos de quienes pierden unos instantes de su valioso tiempo para leer las reseñas o intervenciones que hago por estos lares quizá hayan podido ver que me dedico a la enseñanza en la Universidad. Mencionar ese sólo hecho en Italia a la hora de reservar un hotel o restaurante es, posiblemente, una de las mejores cartas de presentación. Un buen motivo para envidiar -y mucho- a los italianos...

Pero dejemos aparte la educación, y vayamos con los que aquí se trata.

Entorno exterior: Muy bonito.

Ubicado en una de las plazas más bonitas -y eso ya es decir- de Venecia: el Campo Santo Stefano. A cinco minutos de la inmensa plaza S. Marcos y del segundo de los puentes más famosos de Venecia -el puente, de madera, de la accademia (gran vista del canal/sitio de candados para los enamorados)

Varios restaurantes en la plaza, siendo éste el único que estaba lleno. Si se va a cenar, y hace buen tiempo, la terraza exterior es el sitio adecuado para apreciar un marco incomparable. Terraza con pérgolas blancas. Unas 60 personas. Mesas no muy grandes, pero suficientes. Sillas comodísimas. Decoración en blanco y negro. Separación aceptable y sin mayor rumorosidad (lógico al ser terraza), si bien, cuando un italiano se anima, siempre se queda escasa.

Entorno interior: por si la terraza se hace impracticable. También bonito, incluso elegante, coquetón. De las mismas características que el exterior, mesas más juntas pero con un ambiente más fino, y mucho más íntimo. Sobre unas 50 personas.

Servicio y servicio del vino: Camareros vestidos con relativa elegancia y muy atentos conmigo (aunque bastante preocupados por otras mesas). Sin agobiar, pero siempre pendientes. Rapidez en la atención y en el servicio entre plato y plato.

La cubertería era aceptable, al igual que los platos (blancos) y las copas de vino. Mesas con mantel de hilo y sobremantel. Una pequeña velita en la mesa. Todo correcto, pero sin ser nada especialmente destacable en este punto.

El servicio del vino fue inmediato. El vino que pedí -Irmana blanco (grillo, friuli), 25 euros- estaba con perfecta temperatura. Conservado en cubitera. La copa queda vacía varias veces y me serví yo -salvo dos veces-, lo cual puede considerarse lógico, pues, como ya he dicho, el restaurante estaba hasta arriba.

En cuanto al vino en sí mismo, tienen un carta aceptable, quizá un pelín sobrepreciada. Diversidad de vinos blancos y tintos (con las referencias más propias de la zona y aledañas). Algunos de los champañes más al uso, más sobrepreciados aún.

La comida: Sacan un pequeño aperitivo, un tanto decepcionante: trozo de pizza, que me pareció que era básicamente la masa, a la que le añaden algunos trocitos de tomate y un poco de cebolla morada. Frío. Propio de garito de pizza "al tranccio". Lo bien que hubieran quedado con un pequeño costrini.

A la hora de elegir hay una buena variedad de carta: 15 antipasti muy variados (me llamó la atención "los caprichos sicilianos del padrino" -pero eso es para dos). 12 tipos de pasta muy variadas. Algunas pizzas. 7 tipos de pescados y 5 carnes variadas. Tienen también los típicos postres italianos a los que hay que sumar una pequeña carta de quesos italianos.

Me decidí, como antipasti, por algo que me había quedado con ganas la vez anterior -las vierias, capesante en italiano (bonito juego de palabras)-. 4 vierias, tamaño medio/grande. Preparación excepcional y excelente cocción. Muy buenas. Presentación aceptable, con un sospechoso tomate cherry cortado en dos mitades y puesta en los extremos del plato (como para presentarlo en un programa de Masterchef!!).

Y de segundo, la pasta.. ese alimento que Dios dio al mundo para que los italianos hicieran con ella una obra de arte. Y de nuevo lo puede comprobar pidiendo uno de los clásicos "menores" de la misma: espaguetis con almejas (alle vongole). La pasta, excepcional; eso es "el dente", ese pequeño crujir, casi imperceptible, pero que se siente y se disfruta. Unas almejas, de tamaño medio, pero muy abundantes y de un sabor excelente, con un punto salino. Simplemente magníficos.

Qué pena de pan: 5 trozos, posiblemente precortados hace un rato, de un pan -solo uno- blandurrio. ¿Tan difÍcil es una chapatina o una baguetina?. Lo justito para ayudar a empujar... ay, ay.

Fiel a mi costumbre no pedí postre. Tuvieron un buen detalle que, al final, se quedó más en la intención que otra cosa. Invitarme a uno o dos chupitos de sendos licores. El clásico limoncello y otro que sabía a regaliz negro.

Los probé los dos. Seguramente, si hubiesen estado a 10 grados menos de los que me sacaron hubieran sido aceptables. Como me los tomé, infumables.. normal, pues iban recorriendo las mesas sin entra de nuevo al congelador/nevera.. Como el pan, qué pena estos detalles.

Por eso me limité a acabar el vino.. y a pedir la cuenta.. 67 euros, cifra que podría parecer exagadera, pero que -entiendo- con dos personas se hubiera visto reducida aproximadamente a 47 euros/pax, precio que se toma como referencia.

Lo cual, estando en Venecia, me llama a volver en un próximo retorno (en septiembre) a Venecia. Que no todos los días me toca que me consideren VIP.

Bonito restaurante en una plaza de venecia , el camarero que sabia español , sigue ahi y nos atendia adecuadamente, tomamos una fritura de calamares y calamares buenisima, unos espaguetis a lo vongole con cantidad de almejas , un penne con berenjena y parmesano muy bueno Una pizza vegetariana con la pasta realmente crujiente, de beber un pinot gliglio blanco y dos cervezas , doos tiramisus y tres ristretos . el sitio no es de los mas baratos pero la comida estaba muy buena la cuenta sube mas porque las cervezas valian 8 euros cada una y el vino 30e,

Reservamos por Internet y nos confirmaron enseguida. Cena viernes en la terraza dado que la noche era estupenda. Estaba totalmente lleno y como pudimos observar tanto ese dia como el siguiente era el restaurante mas concurrido de la zona donde ir sin reserva es imposible.
El maitre extremadamente atento habla español y nos explicó con todo lujo de detalles los platos de la carta. Le pedimos consejo para un vino ( carta aceptable) que no fuera Barolo o Valpolicella ( que se subian a los 70 euros..) y nos recomendó un Syrah Merlot de Sicilia muy bueno por 25 € ¡¡
La cena:
- Ensalada de rucula y camarones: buena
- Spaguetti vongole: bueno con excelentes almejas y cantidad
- Penne con fruti di mare: Lo mejor de la cena.

No pedimos postre. Solo cafe. REcomendable totalmente. UN servicio exquisito de los que en un restaurante de media 40 € es cada vez mas dificil encontrar por aqui.
POr cierto en la misma plaza en la gelateria del fondo sirven unos GT bastante aceptables ( casi a la española) por 9 € en la terracita.

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