Restaurante Azafrán en Villarrobledo

Restaurante Azafrán

Datos de Azafrán
Precio Medio:
34 €
Valoración Media:
7.6 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
8.0 10
Calidad-precio:
7.5 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Albacete
Localidad: Villarrobledo
Dirección: Avda. Reyes Católicos, 71 bajo
Código postal: 02600
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor, Castellana
Vino por copas: No
Precio desde 19,38 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


6 Opiniones de Azafrán

Teníamos ganas de comer en este restaurante, del que habíamos oído hablar muy bien en varias ocasiones. Así que, finalmente, con la excusa de una celebración de cumpleaños, decidimos hacernos unos kilómetros y presentarnos en Villarrobledo.
Se trata de un local elegante, espacioso y de mesas amplias. Como de comida manchega iba el día, nos decidimos por la carta para probar sus platos más típicos.

Mientras esperábamos, nos trajeron unas cortezas caramelizadas (buenísimas) y unas aceitunas. Después, panes caseros (de cerveza, riquísimo, parecía bizcocho) con aceite y sal de azafrán (muy conseguida, de buen sabor).

Como entrantes (hay que decir que se pueden pedir tanto raciones, como medias raciones, lo cual está muy bien para poder probar un poco de todo):

- Media degustación de quesos artesanos de Castilla-La Mancha: muy buenos, tanto los quesos, como las compotas caseras que los acompañaban.
- Orejas de cochinillo en adobo de orza: excelente sabor.
- Media de croquetas caseras de atascaburras: no son las mejores croquetas que hemos comido.
- Media de empanadillas de salón de cordero y asadillo de pimientos: secas, nada sorprendente.

De segundos:

- Gazpacho manchego con pichón y foie: mereció la pena.
- “Gurullos” con perdiz y calabaza: una pasta de trigo duro con azafrán incorporado. Buenos, aunque no parecían ser hechos a manos.

Y de postre:

- Crema catalana con queso manchego: crema caramelizada, helado de naranja, Crumble de queso y queso manchego. Nos sorprendió, estaba delicioso y nos ayudó mucho a llevarnos un buen sabor del lugar.

Con 2 cervezas, 4 copas de vino (¡ea!) y 1 café: 82 euros.

  • Crema catalana con queso manchego

  • Gazpacho manchego con pichón y foie

  • “Gurullos” con perdiz y calabaza

  • Orejas de cochinillo en adobo de orza

  • quesos artesanos de Castilla-La Mancha

La discreta entrada da paso a un local amplio, con decoración minimalista y paredes de tonos claros. Mesas de buen tamaño, con buena separación y bien vestidas. Buen menaje y cristalería. Servicio atento y profesional. Dispone de carta, un par de menús gastronómicos y un menú de mediodía por 18,-€, que no incluye las bebidas ni el café. Menú con poca variedad: tres primeros, un par de segundos y un par de postres. Todo lo que pedimos, con muy buena presentación y un tamaño acorde al precio. No miré la carta de vinos.

Almuerzo para dos. Empezamos con unos aperitivos obsequio de la casa a base de unas ricas cortezas caramelizadas y unas aceitunas normalitas. Yo tomé:

- Crema fría de tomate - Básicamente un gazpacho con un aderezo diferente.
- Costilla ibérica al horno con miel, romero y patatas a lo pobre - Carne tierna y sabrosa. Buena guarnición.
- Mousse de chocolate con toffee - Bien, pero no encontré el toffee.

Presentaciones muy cuidadas y raciones correctas.

Para beber, una botella de agua (2,75€).

Tal vez sea caro para Villarrobledo, pero en Barcelona estaría bastante bien.

  • Cortezas caramelizadas.

Comida de sábado para 6 personas. Indico lo que me pareció más reseñable. Tomamos diversos entrantes para compartir: croquetas de ajoarriero deliciosas (crujientes por fuera y melosas por dentro; sabor a auténtico ajoarriero tradicional -sé de qué hablo: lo preparamos en casa justo el día anterior y recordaba muchísimo al casero, con el añadido de una preparación imposible para un profano); empanadillas de cordero con especias (un toque árabe estupendo), etc.
De segundo pedimos unos carne (solomillo de buey al punto, jugoso y en ración generosa, con una salsa de queso y trufa) y otros pescado (dorada y lubina; comentaron que perfecta de sabor y cocción).
De postre los raviolis que ya han comentado por aquí, que me parecieron una verdadera delicia.
Dos botellas de vino (un blanco y un tinto -Volver-) de la tierra a precios ajustados (entre 12-14€). Carta muy amplia con vinos por copas.
Para rematar, café e infusiones varias verdaderamente ricas y distintas.
En total, unos 37€ por persona. Uno de los restaurantes con mejor relación calidad-precio de los que he visitado últimamente.
Lo mejor para mi gusto fueron los entrantes y los postres, no en vano la chef se formó como repostera, y eso se nota en la carta y en la elaboración.
Absolutamente recomendable.

Restaurante situado en Villarrobledo que resulta perfecto para hacerlo usar de venta a modo de parada y fonda en viajes manchegos.

Tiene una amplia carta de vinos en la que destacan los vinos manchegos (creo que habría unos 70) y además conscientes de ser lugar de paso tienen muy buena oferta de vino en copas para buenos conductores que gustan de mantener sus puntos.

La nuestra fue comida de cuchara, teniendo como entrantes unas magníficas croquetas de mariscos y unas correctas empanadillas de cordero y berenjenas.
El plato estrella consistió en un delicioso gazpacho manchego realizado con mimo con carne de caza.

En los postres destacaría el digestivo sorbete de limón con ron añejo y también unos raviolis de piña con leche merengada al punto que estaban de recuerdo.

En definitiva que si vais, venís o estáis en La Mancha no está de menos la visita a este restaurante que conjuga buena cocina con un local de decoración moderna, agradable y relajada.

Viajamos al epicentro de Castilla La Mancha a deshacer unos entuertos que ahora no vienen a cuento, y de paso aprovechamos para visitar este restaurante atípico dentro de la oferta hostelera de la ciudad del vino, Villarrobledo.

El local es coqueto y acogedor, minimalista, elegante y cómodo, sin lujos pero muy confortable. Un restaurante urbano con una sala diáfana separada por biombos, una preciosa foto de tinajas y tonos claros que animan a la tranquilidad y la relajación.

Me llamó la atención el tema del servicio, a cargo de una sola chica, Lourdes, la cual sin prisas y sin agobios iba sobrada para atender a la perfección las 5 o 6 mesas ocupadas. Con soltura y desparpajo iba y venía, atenta a cada movimiento, servicial, discreta, encantadora y eficaz, no nos falto absolutamente de nada, da gusto encontrar en restaurantes que no sean de primera línea profesionales que si que lo son.

Sentados en la mesa y mientras decidimos las viandas a degustar nos obsequian con dos aperitivos, unas aceitunas correctas y unas cortezas de cerdo caramelizadas, creo que con soja y miel, menos acertadas por increíble que parezca el recubrimiento se cargaba el sabor del contenido, un snack indeterminado.

La carta es amplia, oferta un buen número de elaboraciones divididas en entrantes fríos, calientes, pasta, carne y pescado, y tal como reza la misma admite la formula de las medias raciones en la mayoría de entrantes, lo agradezco, así me evito preguntar.

La comida transcurrió entre claro oscuros, aunque la percepción general fue positiva, uno de esos restaurantes en los que se tiene que saber que pedir para conseguir un grado de satisfacción óptimo, pero del que se puede salir contento (no entusiasmado) si se conocen sus entresijos. Dicho esto intentaré ser lo más sincero posible, motivando en mayor medida los aspectos negativos que encontré y reseñando lo que más nos gusto.

Comenzamos con el primer entrante, unas alcachofas rellenas de manitas de cerdo y gratinadas con alioli, no tuvimos suerte con nuestra elección, desafortunado fiasco.
Sobre una base de un puré de patata, no muy bien ejecutado y algo grumoso, se dispone una alcachofa demasiado grande, correcta en punto de cocción, con un desojado y torneado mejorable y sin vaciar. Su interior escondía un relleno de manitas de cerdo que por su escasez tenía una presencia meramente testimonial, su sabor se disipaba entre el vegetal y la inoportuna presencia de una cúpula de alioli demasiado potente y en cantidad excesiva, lo que además de eclipsar a la verdura y asesinar a las manitas, le daba una carga innecesaria de calorías con la consiguiente pesadez.
Cuando pides verdura esperas eso, ligereza y sabor, sutileza, aroma y frescor, la preparación conceptualmente estaba en las antípodas.
La alcachofa para mi gusto debería haber estado más ‘’esculpida’’, vacía por dentro y con un contenido extra de carne, prieta y compacta, las proporciones en las cantidades determina el resultado. La idea es buena, el sabor metálico de la flor unido a la gelatinosidad del cerdo puede ser interesante, la ejecución ya no lo es tanto, nada grave, cuestión de realizar unos cuantos ajustes para conseguir un resultado perfecto. Respecto a la salsa no se cual, pero de la que sea solo un hilo, un recuerdo no un tsunami.

Cambiamos de tercio, porque realmente proporcionados y nada pesados se presentan los canutillos de morcilla, un embutido de gran calidad (lo cual es denominador común en la zona), es aligerado mediante el empleo de verdura y su tripa sustituida por finísimas laminas de pasta tipo filo consiguiendo un brillante resultado, en definitiva un bocado exquisito, sencillo pero resultón, sabroso pero liviano, y sobre todo y más importante muy bien resuelto.

Continuamos con otro acierto de la cocina, las albóndigas crujientes de verdura con salsa de soja y miel, creo que su éxito radicaba en que era eso, verdura, solo verdura al- dente y bien cocinada, como un rollito de primavera pero en redondo, con un rebozado mas que sutil y tan transparente que dejaba a la vista su colorista contenido, pero a la vez lo suficientemente crepitante para conseguir el efecto croqueta. Su sabor se multiplicaba al impregnarlas en la salsa, que servida en cuenco separado para no embadurnar en exceso, le aportaba ese toque japo tan cosmopolita y divertido.

Seguimos en el buen camino con los saquetes de sobrasada ibérica con queso curado al romero, dos productos con personalidad que juntos pueden fracasar fácilmente, este no era el caso, de nuevo el buen trato en las proporciones respetaba ambos sabores, aunque bajo mi punto de vista cabe decir que si el queso manchego es bueno es un pecado mortal acompañarlo de sobrasada. El envoltorio, un saquito de una especie de pasta quebrada, bien elaborado y nada grasiento, su contenido el mencionado, bueno aunque por debajo del anterior.

De plato principal fideos tostados con bacalao, calabaza y parmesano, potentes de sabor pero irregulares, mas bien mejorables. Abundante ración de pasta y sobre esta lo descrito, confusión de sabores, un mosaico barroco y algo indeterminado en el que el bacalao brillaba por su ausencia cediendo el protagonismo al queso y a la hortaliza, elaboración poco delicada en la que utilizando los ingredientes con sutileza y mesura se conseguiría un mejor resultado.

Por fin llegamos al apartado postres, ravioli de piña natural, lima fresca y yogurt griego casero. Perfecto, todo sabía a lo que era pero cada cosa por su lado, delicado, ligero y digestivo. Los sabores, las temperaturas y las texturas se disolvían armónicamente en la boca consiguiendo un refrescante resultado pleno de sabor.

No valoraré el vino porque no hicimos uso de la carta, solo tomamos una copa de tinto de la zona de bodegas Aresan, potente y con personalidad pero goloso y afrutado. El precio incluye el servicio del pan, una cerveza, agua y lo descrito.

Sin más que añadir, aquí os dejo esta opción distinta si os adentráis en las tierras del ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, cosa que os recomiendo aunque solo sea por la paz que trasmiten sus llanuras, yo volveré y me centraré más en el producto que ofrece.
Como conclusión, que se puede decir de un restaurante así, pues solamente aplaudir la iniciativa porque es una apuesta arriesgada en una zona difícil, en la que se nota la pasión y el esfuerzo por agradar, con aspectos por mejorar para lo cual creo que tendría que definir más su cocina en un camino concreto, centrándose y profundizando en el mismo como método para alcanzar la excelencia, cosa que de una manera u otra seguro conseguirá.

Estuvimos visitando la zona de las lagunas de Ruidera y buscamos hotel en Villarrobledo, nos recomendaron este restaurante y fue toda una sorpresa. Cocina elaborada, pero con recetas de platos manchegos que nos recomendaron (lomo de orza casero gratinado con alioli, tosta de asadillo manchego con una especie de pan de aceite y romero, canutillos de morcilla, alcachoas rellenas de manitas de cerdo, paletilla deshuesada con migas ruleras...)y para los niños nos ofrecieron un plato de pasta y croquetas caseras, lo que no es usual en este tipo de restaurantes. Insistimos en pedir varias cosas a pesar de que la jefa de sala nos dijo que era demasiado, y cuanta razón...las raciones eran grandes, debíamos haber pedido medias raciones como nos recomendó pero el hambre que llevábamos no nos dejó. Aun así pudimos con el postre, que pedimos un coulant de chocolate relleno de trufa de azafrán...no quedó nada.
El servicio muy amable y rápido, es cierto que cuando estuvimos sólo tenían dos mesas más, por lo que no podemos comparar. Las camareras encantadoras. Hay que señalar que sólo trabajan mujeres y que la jefa y chef es una chica joven, el restaurante abrió en 2008.
Probamos dos vinos de Villarrobledo, sólo por copas porque volvíamos a Valencia de viaje; y nos comentaron que hacen catas con cenas maridaje algunos sábados, para promocionar las bodegas de la zona. Interesante para otra visita (cuanod volvamos sin niños), espero que lo anuncien en su web.
Para nosotros visita obligada si volvemos a pasar por la zona.
Está algo escondido, habíamos pasado por ahí y pasa desapercibido.
Repetiremos.

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