Restaurante La Matilde en Zaragoza

Restaurante La Matilde

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Datos de La Matilde
Precio Medio:
49 €
Valoración Media:
6.6 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
7.4 10
Entorno:
5.0 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 33,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos y festivos

Teléfono


4 Opiniones de La Matilde

Ubicación, ambientación, mobiliario, carta, todo parece retrotraerte 25 años atrás. La decoración está casi monopolizada, por vitolas de puros y chapas de cavas y champagne enmarcados. Servicio cercano y solícito, al ir con una niña pequeña, no tuvieron ningún inconveniente de preparanos un plato a medida consistente en una crema de verduras y ternera pro la que nos cobraron 12€, precio más que correcto para algo fura de la carta, si no hace mucho se hablaba en un hilo de la flexibilidad como muestra de la profesionalidad, este fue un claro ejemplo.

En esta ocasión acudimos a menú cerrado (salvo cafés y copas), por lo que no pude hojear, la calificada mejor carta de vinos de la ciudad, pero si tuviera que puntuar de oídas el apartado vinícola, croe que no bajaría de 8,5, el vino que incluía el menú era un vino joven de la tierra que al no dejarlo en la mesa y dedicarse a rellenar, no pude ver detenidamente, pero que juraría se tataba de un roble sencillito. Bien servido en todo caso.

El menú consisitió en:

Aperitivos: Mantequilla de anchoas, Aceitunas cascadas del bajo Aragón. Un clásico d ela casa, bien.

Entrantes: Ensalada de brotes tiernos, queso vispe, foie y romesco. Humus de garbanzos al curry con cortezas naturales. Bastanet mejor el primero que el segundo, que quedaba un poco justo.

Platos principales: Bacalao confitado en aceite de oliva virgen extra a baja temperatura con salmorejo, pasas y piñones. Carrilleras de blanco de Teruel al Pedro Ximénez y patata chafada. Muy bien ambos, buen producto, correctamente trabajado, y sin mucha complicación pero cumplió con creces.

Postres: Sorbete de manzana y surtido de repostería elaborada en casa. Nuevamente correcto.

Como digo, en lunas generales se mantuvo a un buen nivel, productos sencillos pero de buena calidad, trabajado todo con buenas maneras, recomendable para ir a la carta. El menú, en el que iban incluídos petit fours, toda la bebida, pan y servicio, fueron 29 € -IVA incluído-, que más los 36 € del plato especial, cafes, y algún pacharán, se fueron a unos muy, pero que muy pagables 33€ por persona.

Se puede ir con toda tranquilidad, pero que nadie espere modernidades, ni malabares.

Había preparado con mucha antelación la visita con mi peña de cata a Zaragoza y habíamos elegido este restaurante para comer.Hicimos el menú pactado previamente, a saber:
Aperitivo de paté de anchoa muy rico y aceitunas negras.
Entrantes bien resueltos en forma de ensalada de pollo de corral escabechado en aceite del Bajo Aragón y vinagre de cabernet, para seguir con crema de boletus con virutas de jamón ibérico y rulos crujientes de pan de sésamo y compota de manzana.
Con el primero unanimidad en las alabanzas entre todos los presentes (íbamos 10), con el segundo disparidad de opiniones. Hubo quien les gustó mucho, a mí no tanto.
Como segundos lenguado con hortalizas crujientes, saladísimo, un borrón en el menú.
Y wok de hortalizas con lamas de cordero asado y cremoso de sus patatas a lo pobre. Una manera diferente de presentar el cordero, estaba bueno.
De postres el clásico camembert rebozado y cilindro de cacao, toffe y plátano, excelente.
Para beber Urbezo del 2009, Coto de Hayas 2008 y Marqués de Tosos 2004, selección del sumiller.
Nos instalaron en un reservado muy acogedor, y la mesa estaba perfectamente decorada, con las servilletas de 10 formas diferentes, muy logrado el efecto estético.
Surtido de panes completo.
Menaje correcto,copas de calidad mediana, por debajo del nivel previsto.
Comimos bien pero esperaba mucho más del restaurante. Llevaba preparando el evento desde hacía más de 1 mes y eché en falta más simpatía y atención por parte de los profesionales que nos atendieron.
Cuando uno va a comer a un lugar de estas características busca algo más que llenar el estómago.
Pagamos 50€ con copas incluídas.

  • El camembert rebozado.

  • Crema de boletus con virutas de jamón,...

  • Bonito ¿verdad?

Habia estado hace unos años. No solo han mejorado, sino que lo han bordado. Si acaso, hace falta algo de mano en el local. No voy a meterme con el menu que escojimos. La gran ventaja de que esté Latrufa antes que yo, pero hace pocos días, es que el menu está maravillosamente explicado. En mi caso, al final (el principal te lo dejan escoger) fue una merluza bien acabada. A tintos, un Viñas del Vero 2008 (sin complicarnos la vida). Muy bien.

Restaurante situado en la Calle Predicadores de Zaragoza, muy cerca del Mercado Central y las Murallas Romanas, y a tiro de piedra de la Plaza del Pilar.
Lo primero que llama la atención del local es la entrada. Toda en madera, pintada en un verde elegante, color elegido para el resto de los muebles de ese material, barra, estanterías, alacena e incluso para el revestimiento a medía altura de las paredes del comedor. La puerta es automática, de dos hojas curvas, en madera y cristal, lo que permite ver el pasillo de entrada. Éste ya nos empieza a dar una idea de la decoración del local, pues está salpicado de mobiliario antiguo. Al final del mismo dejamos la barra a mano izquierda y encaramos otro pasillo que nos lleva al comedor.
La primera impresión es de una estancia pequeña, aunque enseguida percibes que se trata de una habitación de mayor tamaño dividida por una pared tipo fuelle, de esas que se plegan sobre si mismas. El resto de pared que no alcanza el revestimiento de madera ya comentado, está pintado y salpicado de numerosos cuadros, la mayoría de ellos con motivos relativos al vino. La separación entre mesas es correcta, aunque el tipo de decoración, lógicamente algo recargada en ese estilo, y la luz tenue, podría hacer que haya personas que tengan sensación de menor amplitud. A mi me resultó calido y acogedor.
Las mesas vestidas con un sobrio mantel blanco, vajilla y cubiertos en consonancia con el ambiente. Las copas, en mi opinión, mejorables. Destacar en este aspecto el plegado artístico de las servilletas, un detalle curioso cuando menos.
La comida.
Menú degustación compuesto por:
Mantequilla de anchoas con sus arbequinas, con una pequeñas tostadas para untar, muy rica la mantequilla, con un intenso sabor a anchoa.
Hummus de garbanzos con manzana verde, sésamo y curry, quizás se apoderaba el sésamo del sabor de los hummus, lo que menos me gustó.
Carpaccio de pulpo y guacamole con infusión de aceite de perejil, muy acertada la combinación de sabores, otro buen plato.
Ensalada templada de codornices a la vinagreta de aceitunas negras, me sorprendió la textura de las codornices, se me olvidó preguntar acerca de la elaboración, pero no parecía el típico escabechado. Merece la pena probarlo.
Puding de ceps con su alioli de miel de acacia, otra forma de preparar este tipo de setas, y curiosa la presentación con el alioli coronando el puding.
Langostinos asados al perfume de pimentón con verduritas a la brasa. Buen producto en mi opinión, las verduras bien preparadas también.
Camembert rebozado y su confitura de tomate, intenso el sabor del queso, yo y queso, acierto seguro.
Merluza de anzuelo al azafrán con trigueros en tempura de tinta de calamar, excelente la merluza, se deshacía en la boca. Curiosos los trigueros con la tempura negra de la tinta del calamar, desde luego si no te dicen que es, te puedes pasar un buen rato especulando. El sabor conjunto muy rico.
Solomillo con foie en salsa de trufas, Oporto y chips, después de tanta cosilla distinta, este plato casi parecía muy normal, bien el solomillo y muy sabroso el foie.
Degustación de repostería elaborada en casa: (bavarois de dulce de leche, triángulo de marrón glacé, trufa de chocolate al Calvados, helado, etc), generosísima ración de postre, así que más vale llegar al final con ganas, el nivel general de los mismos buenos, aunque ya se sabe, siempre hay cosas que gustan más que otras.
Petit Fours, a los que ya no llegué.
La verdad que me llevé una grata impresión de la comida, si se visita por primera vez, sugiero decantarse por este menú degustación, donde el restaurante muestra sus virtudes. Dentro de utilizar productos de la cocina tradicional, se agradece el interés por buscar elaboraciones que sorprendan, sin perder de vista el ingrediente principal. La cantidad es más que suficiente, seguramente si uno no es de comer demasiado, el postre ya le apurará, como os podéis imaginar no es mi caso. El servicio es muy profesional, tanto el encargado de sala, como la camarera que nos sirvió algunos platos, muchas horas de vuelo, simpáticos, atentos y dispuestos a responder a lo que se les requiere.
El vino.
Extensísima carta de vinos, según he leído en algún sitio, una de las bodegas más grandes de Zaragoza, que inexplicablemente se me pasó pedir que me enseñaran, supongo que lo hice para tener una excusa para volver. Leí la carta por curiosidad, ya que me dejé aconsejar lógicamente buscando la novedad y la sorpresa, y poco más que añadir, de estas se ven pocas en estos lares. La recomendación fue Garelia "Autor" 07, un vino navarro del que he hecho nota de cata, así que allí tenéis una pequeña explicación. 15€, un vino desconocido, bueno y con una excelente RCP, dándole a elegir al sumiller, que más se puede pedir. Con los postres, una copita de Pedro Ximénez 75 de Toro Albalá, otro acierto. Para rematar un Gin-Tonic de Ten de Tanqueray con Fever Tree, bien preparado.
De mi experiencia, sin duda uno de los mejores sitios en Zaragoza, para disfrutar del buen vino, dada la variedad, la profesionalidad de quien sirve, y lo ajustado de los precios, por lo que pude ver. El sumiller te aconseja si le dejas, si no, se limita a hacer su trabajo. A modo de anécdota, decir que hubo varias conversaciones interesantes acerca del tema vino en las mesas cercanas. Primero, unos señores que decidieron decantar un 904 según su criterio, una vez decididos, requirieron la opinión del sumiller y este les contestó muy correctamente, que él no lo veía necesario, pero que si era de su gusto… La otra conversación, fue de un señor que le espetó que iba a elegir un vino de Borja, Alto Moncayo, porque estaba bien valorado por el amigo americano, pero que consideraba que estaba muy caro en la carta, (sobre los treinta y pocos euros, creo recordar). La respuesta de nuevo correcta, comentando que no estaba de acuerdo, ya que el local goza precisamente de fama de todo lo contrario en cuanto al precio del vino, aunque claro elegir un vino de por si “caro” hace que en el restaurante el precio sea importante. También le informó que en ese segmento de precio e incluso en otros menores, había referencias en su opinión de más calidad, que podía aconsejarle. Creo que este comentario, y todo su preludio, fue bastante doloroso para el sumiller, y la verdad que lo entiendo y lo compadezco. Aun así, se comportó insisto, con corrección y tablas. En este apartado, y siempre bajo mi criterio, creo que las copas pueden mejorarse, y desde luego, cambiaría el soporte de las cartas de vino, muy maltrechas y rectificadas, del uso y el paso del tiempo. Es un detalle que mejoraría la imagen y facilitaría la observación de los datos.
Me he extendido demasiado, lo siento. Así que resumiendo, una buena opción para los que quieran disfrutar de buena comida y buen vino, que en el fondo es lo que interesa. El precio fue de 117€ para dos personas, a lo que hay que restar el 10% por hacer la reserva con el Tenedor.es, cosa que no sabía cuando lo hice, ya que si elegí esta opción fue por probar, y por pura comodidad.

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