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Restaurante situado en la Calle Predicadores de Zaragoza, muy cerca del Mercado Central y las Murallas Romanas, y a tiro de piedra de la Plaza del Pilar.
Lo primero que llama la atención del local es la entrada. Toda en madera, pintada en un verde elegante, color elegido para el resto de los muebles de ese material, barra, estanterías, alacena e incluso para el revestimiento a medía altura de las paredes del comedor. La puerta es automática, de dos hojas curvas, en madera y cristal, lo que permite ver el pasillo de entrada. Éste ya nos empieza a dar una idea de la decoración del local, pues está salpicado de mobiliario antiguo. Al final del mismo dejamos la barra a mano izquierda y encaramos otro pasillo que nos lleva al comedor.
La primera impresión es de una estancia pequeña, aunque enseguida percibes que se trata de una habitación de mayor tamaño dividida por una pared tipo fuelle, de esas que se plegan sobre si mismas. El resto de pared que no alcanza el revestimiento de madera ya comentado, está pintado y salpicado de numerosos cuadros, la mayoría de ellos con motivos relativos al vino. La separación entre mesas es correcta, aunque el tipo de decoración, lógicamente algo recargada en ese estilo, y la luz tenue, podría hacer que haya personas que tengan sensación de menor amplitud. A mi me resultó calido y acogedor.
Las mesas vestidas con un sobrio mantel blanco, vajilla y cubiertos en consonancia con el ambiente. Las copas, en mi opinión, mejorables. Destacar en este aspecto el plegado artístico de las servilletas, un detalle curioso cuando menos.
La comida.
Menú degustación compuesto por:
Mantequilla de anchoas con sus arbequinas, con una pequeñas tostadas para untar, muy rica la mantequilla, con un intenso sabor a anchoa.
Hummus de garbanzos con manzana verde, sésamo y curry, quizás se apoderaba el sésamo del sabor de los hummus, lo que menos me gustó.
Carpaccio de pulpo y guacamole con infusión de aceite de perejil, muy acertada la combinación de sabores, otro buen plato.
Ensalada templada de codornices a la vinagreta de aceitunas negras, me sorprendió la textura de las codornices, se me olvidó preguntar acerca de la elaboración, pero no parecía el típico escabechado. Merece la pena probarlo.
Puding de ceps con su alioli de miel de acacia, otra forma de preparar este tipo de setas, y curiosa la presentación con el alioli coronando el puding.
Langostinos asados al perfume de pimentón con verduritas a la brasa. Buen producto en mi opinión, las verduras bien preparadas también.
Camembert rebozado y su confitura de tomate, intenso el sabor del queso, yo y queso, acierto seguro.
Merluza de anzuelo al azafrán con trigueros en tempura de tinta de calamar, excelente la merluza, se deshacía en la boca. Curiosos los trigueros con la tempura negra de la tinta del calamar, desde luego si no te dicen que es, te puedes pasar un buen rato especulando. El sabor conjunto muy rico.
Solomillo con foie en salsa de trufas, Oporto y chips, después de tanta cosilla distinta, este plato casi parecía muy normal, bien el solomillo y muy sabroso el foie.
Degustación de repostería elaborada en casa: (bavarois de dulce de leche, triángulo de marrón glacé, trufa de chocolate al Calvados, helado, etc), generosísima ración de postre, así que más vale llegar al final con ganas, el nivel general de los mismos buenos, aunque ya se sabe, siempre hay cosas que gustan más que otras.
Petit Fours, a los que ya no llegué.
La verdad que me llevé una grata impresión de la comida, si se visita por primera vez, sugiero decantarse por este menú degustación, donde el restaurante muestra sus virtudes. Dentro de utilizar productos de la cocina tradicional, se agradece el interés por buscar elaboraciones que sorprendan, sin perder de vista el ingrediente principal. La cantidad es más que suficiente, seguramente si uno no es de comer demasiado, el postre ya le apurará, como os podéis imaginar no es mi caso. El servicio es muy profesional, tanto el encargado de sala, como la camarera que nos sirvió algunos platos, muchas horas de vuelo, simpáticos, atentos y dispuestos a responder a lo que se les requiere.
El vino.
Extensísima carta de vinos, según he leído en algún sitio, una de las bodegas más grandes de Zaragoza, que inexplicablemente se me pasó pedir que me enseñaran, supongo que lo hice para tener una excusa para volver. Leí la carta por curiosidad, ya que me dejé aconsejar lógicamente buscando la novedad y la sorpresa, y poco más que añadir, de estas se ven pocas en estos lares. La recomendación fue Garelia "Autor" 07, un vino navarro del que he hecho nota de cata, así que allí tenéis una pequeña explicación. 15€, un vino desconocido, bueno y con una excelente RCP, dándole a elegir al sumiller, que más se puede pedir. Con los postres, una copita de Pedro Ximénez 75 de Toro Albalá, otro acierto. Para rematar un Gin-Tonic de Ten de Tanqueray con Fever Tree, bien preparado.
De mi experiencia, sin duda uno de los mejores sitios en Zaragoza, para disfrutar del buen vino, dada la variedad, la profesionalidad de quien sirve, y lo ajustado de los precios, por lo que pude ver. El sumiller te aconseja si le dejas, si no, se limita a hacer su trabajo. A modo de anécdota, decir que hubo varias conversaciones interesantes acerca del tema vino en las mesas cercanas. Primero, unos señores que decidieron decantar un 904 según su criterio, una vez decididos, requirieron la opinión del sumiller y este les contestó muy correctamente, que él no lo veía necesario, pero que si era de su gusto… La otra conversación, fue de un señor que le espetó que iba a elegir un vino de Borja, Alto Moncayo, porque estaba bien valorado por el amigo americano, pero que consideraba que estaba muy caro en la carta, (sobre los treinta y pocos euros, creo recordar). La respuesta de nuevo correcta, comentando que no estaba de acuerdo, ya que el local goza precisamente de fama de todo lo contrario en cuanto al precio del vino, aunque claro elegir un vino de por si “caro” hace que en el restaurante el precio sea importante. También le informó que en ese segmento de precio e incluso en otros menores, había referencias en su opinión de más calidad, que podía aconsejarle. Creo que este comentario, y todo su preludio, fue bastante doloroso para el sumiller, y la verdad que lo entiendo y lo compadezco. Aun así, se comportó insisto, con corrección y tablas. En este apartado, y siempre bajo mi criterio, creo que las copas pueden mejorarse, y desde luego, cambiaría el soporte de las cartas de vino, muy maltrechas y rectificadas, del uso y el paso del tiempo. Es un detalle que mejoraría la imagen y facilitaría la observación de los datos.
Me he extendido demasiado, lo siento. Así que resumiendo, una buena opción para los que quieran disfrutar de buena comida y buen vino, que en el fondo es lo que interesa. El precio fue de 117€ para dos personas, a lo que hay que restar el 10% por hacer la reserva con el Tenedor.es, cosa que no sabía cuando lo hice, ya que si elegí esta opción fue por probar, y por pura comodidad.

Recomendado por 1 usuario
  1. #1

    lair75

    ¿Treintaipocos euros el Alto Moncayo en restaurantes?, si es el precio que tiene en algunas tiendas, los hay que no saben que hacer or tocas las pelotas.

    Excelente valoracón, tendré que ir.

    El camembert con confitura de tomate, un clásico de la restauración zaragozana.

  2. #2

    Latrufa

    Espero no equivocarme, hablo de oídas, pero vamos que en definitiva el tema era que cualquiera que hable con mínimo conocimiento de causa no creo que pueda decir que eso es caro. Más bien creo que el comentario se debió a otros motivos que ya te comentaré cuando nos veamos, que tampoco quiero que esto parezca "el tomate".
    Creo que merece la pena una visita.

  3. #3

    G-M.

    Hace muuuuuuuuchos años que no voy, pero se comía francamente bien.
    Cuidadín con la bodega, ciertamente espléndida, pero tiene unas escaleras peligrosísimas. Un amigo de mi padre se cayó por ellas y no se mató de milagro, se rompió tropecientios mil huesos.

  4. #4

    Latrufa

    Yo la próxima vez que vaya les diré que me la enseñen. Eso si me pondré los crampones de escalada jeje.
    Saludicos.

  5. #5

    Nacho_G.F.

    Muy buen comentario amigo, muy completo.
    Sólo he cenado una vez en La Matilde, hace más de 10 años, y me gustó. El vino es su fuerte, pues uno de los propietarios, creo recordar que se llama Santiago Piazuelo, era el presidente de los sumilleres de Aragón. Un hombre clavo con barba muy negra, no sé si todavía estará por ahí, supongo que sí. Su bodega era entonces posiblemente la mejor de Zaragoza en lo que a restaurantes se refiere. Sólo flojeaba un poco la zona en la que está ubicado, muy sencilla y en tiempos un poco conflictiva. ¿Cómo está ahora?.

  6. #6

    Latrufa

    Gracias Nacho.
    Creo que siguen los mismos, Santiago, si así se llama no nos atendió, lo hizo Pepe. Quien comentas, sigue con barba, aunque ahora un poco canosa, je je, es que son 10 años!
    Sigue en la misma ubicación, pero la calle Predicadores ahora creo que está mejor que entonces, en cualquier caso está al principio de la misma, casi en Cesar Augusto, por lo que en ningún momento hace falta pasar por zonas, dijéramos poco recomendables a altas horas de la madrugada. Además con el tema de bares del Casco, hoteles, murallas y demás siempre está muy transitado.
    Un saludico.

  7. #7

    G-M.

    en respuesta a Latrufa
    Ver mensaje de Latrufa

    La última vez que fui le habían abierto otra entrada por Predicadores, antes solo se podía acceder por el callejón ese trasero que daba una cosa cuando salías...

  8. #8

    Latrufa

    en respuesta a G-M.
    Ver mensaje de G-M.

    Si, ahora se entra por ahí. Nada que ver con lo anterior, supongo.

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