Restaurante Alborada en A Coruña

Restaurante Alborada

Datos de Alborada
Precio Medio:
80 €
Valoración Media:
8.6 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.8 10
Entorno:
8.8 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: A Coruña
Localidad: A Coruña
Dirección: Pº Marítimo Alcalde Francisco Vázquez, 25
Código postal: 15002
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 56,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


7 Opiniones de Alborada

Coincidiendo con el anuncio del cierre de Alborada el 14 de Octubre de 2018 y que parte de las vacaciones trascurrían en Galicia, no dudé en despedir con una comida al estrellado coruñés. Después de 12 años, la referencia del Grupo Amicalia (Alborada, Alabaster, Tabernas Arallo) sellará sus puertas. Las razones pues seguramente que sean una combinación entre los resultados financieros y la salida de Iván Domínguez que buscará una aventura propia en la propia A Coruña.

Provoca cierta reflexión que un restaurante como Alborada tenga en una capital de provincia tan poca respuesta por parte de los clientes. La no existencia de carta, el desarrollo de una cocina totalmente centrada en la temporalidad del producto, el hecho de que los supuestos “grandes” pescados no formen parte siempre de la posible comanda y el perfil tradicional de la clientela coruñesa pueden ser algunos de los factores de esa poca respuesta por parte del potencial público.

En lo puramente gastronómico; Iván Domínguez practica una cocina centrada en el producto gallego, de extremada cercanía y asociado absolutamente a la temporalidad. En el menú largo con el que dimos nuestro adiós a Alborada degustamos pimientos, acelgas, bogavante, san martiños, mejillones, bonito, fresas,….

La ejecución culinaria resulta muy personal, improvisando recetas en función de la mercancía diaria. Composiciones más bien esenciales de pocos ingredientes en las que el producto principal es el centro gustativo del plato y emplatados sencillos pero estéticamente armónicos. Cocina que podríamos tildar de contemporánea, porque no alude a la tradición ni es irreconocible en su gusto, resultando natural y ligera. 

Iván visita cada mañana el mercado como si cada día se empezara de nuevo de casi cero, pero con todo el bagaje de aquel que se enfrenta a improvisar con elevada frecuencia. Se percibe que la cocina en Alborada es cuasi en directo: tempuras, brasas, frituras, pescados en breves salmueras,... Casi todos los platos que llegan a la mesa transmiten inmediatez en su preparación y cierta frescura ajena a cualquier calco que mantiene esa positiva tensión en mesa de que será lo siguiente.

La fase de aperitivos comienza con una refrescante y acertada sopa de tomates verdes fritos, continua con un correcto tomate cherry con mertinsia (hoja de ostra), tras el cual viene esa croqueta nigiri de merluza en salsa verde donde la textura de la merluza (agua y sal) es de absoluto escándalo. Se finaliza con una buena crema de anchoas sobre una teja muy crujiente de maíz.

La cocina de Iván Domínguez mira al mar y a la huerta y con el paso del tiempo está ganando en ligereza y elegancia. Estos atributos los contienen tanto la vieira con pimientos en salmuera y madreperla y sobre todo el bonito en agua de tomate; una composición extremadamente fina y de nuevo con una textura en el túnido de elevada suavidad. Iván se la juega consiguiendo ese punto perfecto tan cercano a la crudeza

El bogavante en dos servicios es sobresaliente. Iván se apalanca en sacarle el máximo partido al crustáceo; cuerpo a la plancha, cabeza para extraer un juego esencial y sabroso y la carne de las pinzas para una empanada de maíz con bogavante que es un tesoro.

Estamos en el mejor momento para el pescado azul y eso se nota en el jurel a la brasa con zanahorias y grelos. Utilizando las ascuas se mantiene la grasa del pescado que convierte al bocado en casi untuoso dando la verdura tonos dulces y amargos. Sentido, delicadeza y ejecución.

Muestra de esa visión eventual de lo que debe ser la cocina nos presentan la trilogía de pimientos. Pimientos fritos pequeños de Couto, uno de mayor tamaño también frito de Mougán y un pimiento asado de Oimbra sobre una salsa de pimientos asados de Herbón. Cuatro procedencias en un solo pase. Los fritos, nada picosos, aportan sensaciones de brillo solar, teniendo la sensación de haber sido recogidos hace muy poco tiempo. La salsa de pimientos asados refuerza el plato dándolo mucha consistencia gustativa. Un ejemplo de cómo trasladar un ingrediente básico a un menú de alta cocina a base elegir el momento adecuado del género y cocinarlo de manera sutil.

La sopa de mejillones es de esos bocados que denomino cíclicos, que el sabor fresco y picoso que te provoca la primera degustación quieres que se repita y uno entra en un bucle que no quiere que se acabe nunca. Para embotar.

Algo más convencional resulta la acelga roja sobre fondo de ternera donde destaca la suavidad y la limpieza de éste. Siguiendo esa vía tan marinera de la cocina de Alborada, el San Martiño con berenjena y fondo de sus espinas. Pescado perfecto de su punto donde la berenjena aporta un tono ahumado agradable que congenia con el pez mientras que el fondo en este caso es demasiado aromático restando pureza.

Para finalizar, el borrego (cordero) con espinacas y rábano picante. Buen sabor y textura, verdura salteada y crujiente y la aportación del rábano picante que refresca, renovando cada aportación. Notable.

Solo deseaba un postre ya que anteriormente se había realizado una visita obligada a A Pulpeira de Melide; visita obligada en La Coruña para degustar un pulpo excepcional. En este caso fresas con vinagre, vermut y gelatina de perejil. Ligero, ácido, amargo, balsámico, de diversas texturas. Adecuado.

La cocina de Iván Domínguez ha ganado en ligereza y elegancia pero manteniendo ese punto de espontaneidad. Se percibe que es una cocina viva y a veces impetuosa, en la que cada día pueden ocurrir sucesos diferentes que el día anterior, en la que Iván escoge el producto por su momento y no por su nobleza. En el menú se cruzan bogavantes con jureles y san martiños con mejillones y pimientos. Cabe destacar también la mejora en estos años de la sala, más cercana y más didáctica con un mayor grado de conocimiento de los diferentes pases.

Es distintivo el servicio de pan (tres variedades, incluido uno de algas) hecho en Alborada para el que se utiliza agua de mar. Como acompañantes una mantequilla de leche de vaca que es una auténtica barbaridad y unas verduras aciduladas que se utilizan como paréntesis de los platos para limpiar ligeramente el paladar.

Alborada echa el cierre, como también lo hizo hace algo menos de dieciocho meses A Estación de Cambre. No siempre las estrellas son sinónimo de éxito sobre todo cuando transcurren los primeros cuatro o cinco años del macaron. Lo que me resulta evidente es que tanto Iván Domínguez como el grupo Amicalia seguirán por separado impulsando iniciativas gastronómicas. El primero ya piensa en su propio local en la ciudad de La Coruña mientras que los segundos están inmersos en sus recientes aperturas de Palma de Mallorca.

Post completo en   http://www.complicidadgastronomica.es/2018/08/alborada-2/

Cocina: 8,25

Servicio: 7,75

Entorno: 8

RCP: 8

Precio menú (sin bebida). 90 €

 

 

  • Bogavante Alborada

Doble jornada para disfrutar y entender la propuesta gastronómica de Alborada en A Coruña. Diez años cumplirá este restaurante en julio de 2015 y desde hace dos dirige la cocina el gallego Iván Domínguez, que durante años fue el jefe de cocina de Casa Marcelo, sintiéndose discípulo de Marcelo Tejedor.

Desde la sala se ve el mar, sin duda su mayor despensa. Todos los días Iván acude al Mercado de la Plaza de Lugo. El mar manda en su comanda. Se busca intencionadamente trabajar pescados no tan comunes, creyendo de forma profunda en la sostenibilidad de las aguas. El producto en su mejor ocasión y sin forzar al mar.

Aquí según la temporada se podrá encontrar especies como cangrejo real (de estas costas), sable negro, dorado, peones, morena, pica, escacho. La cocina verdaderamente surge en el mercado donde Iván empieza a idear sus platos al ver lo que sus proveedores le ofrecen del Atlántico. Los puestos del mercado de pescado llevan al de la señora Maruja y sus verduras. Pocas veces se conoce lo que se va a cocinar ese día antes de las 11:30.

La primera noche tenía lugar un “cuatro manos” con Marcos Morán. El asturiano trajo degustaciones clásicas como las cocochas planctónicas, el salmonete con coliflor, el bocadillo crujiente de quesos asturianos y los icónicos fabada y arroz con leche. Platos que provocaron y seguirán provocando disfrute, estando todos ellos descritos anteriormente. Solo decir que la fabada se tomó a las 00:00. Morán alrededor del perolo repleto de fabes me recordaba a una especie de Panoramix en vías de extinción expectante a alimentar a la tropa.

Culinariamente en los platos de Domínguez no hay excesos, sino sobriedad, un número limitado de ingredientes y un respeto visceral por la cercanía del producto y su cadena de proveedores. Vajilla siempre blanca para que el producto destaque. Hasta los fondos no son de elevada concentración y densidad para que no arrasen con el sabor del principal. Los secundarios se suelen mantener detrás en el desenlace sápido, sin aristas para que el producto brille. Se buscan más su utilización (secundarios) para preparase para el siguiente bocado que una armonía gustosa de una mezcla amplia.

El gallego comenzó su turno con la oblea de almidón de patata, xarda y hierbas del litoral. Crujiente, siendo el pescado de tersa textura y añadiendo un pellizco gustoso una especie de pilpil de tomate.
La croqueta de merluza salpresa (salsa verde) es un ejemplo de una cocina más canalla donde la salsa se encuentra dentro de la croqueta y el pescado como si fuera un “topping”. Una merluza en salsa en un solo bocado que de nuevo clava las texturas.

De sabor profundo de puede calificar el cangrejo real de nuestras costas con fritura de ramallo de mar. Muy destacable la temperatura del servicio, perfectamente templado, resultando mucho más sencillo apreciar su gusto.

La menestra de verduras del país se apalanca en su sencillez y en tratar las verduras de forma individual justo antes de ser servidas. Una muestra de sensibilidad y respecto al producto

El dorado asado y ahumado con berzas fermentadas y zanahoria muestra esa cocina casi desnuda comentada anteriormente, donde el producto campa a sus anchas, concediéndole todo el protagonismo. Carne prieta perfecta de punto. El toque amargo proveniente de la fermentación permite limpiar el paladar cada bocado.

El queso del país se convierte en una tarta de queso de sabor prolongado bajo un aspecto estético sorpresivo. Se trata de casi la única muestras efectista durante el menú.

Al mediodía siguiente me vuelvo a citar tanto con Anxo García (propietario). Los dos nos sentaríamos a la mesa para ser sorprendidos por Iván, con un buen número de nuevos platos. La volandeira en salsa agridulce de manzana resulta espléndida, al paté de guiso de choupa le falta un pellizco de sabor siendo original en su concepto y la fritura de peones es un ejemplo de que no hay pescados ricos y pobres.

Nos muestran el salmonete curado en “auga Mareira” para servirlo en salpicón, con caldo de pimientos verdes y junquillo de mar. Excelente producto, tratado con mucha finura en corte y cocinado. Declaración de intenciones utilizando ramallo de mar en lugar de cilantro para aportar una equilibrada acidez. Sensacional.

La menestra de verduras se presenta esta vez en una oblea de almidón de patatas junto con hierbas del litoral. Como en la noche anterior destaca la textura y el color de todas ellas. De elevada “aldencia” y naturalidad.

A partir de aquí un trío de pescados de elevada factura; en primer lugar la lamprea en escabeche y patatas de Coristanco. Verdadera profundidad con una “carne” de casi melosa textura.

En el lado contrario se situaría, el sable negro asado a la sartén, con celofán de lechuga de mar y puré de rábano picante. Pureza y naturalidad, haciendo la lechuga de mar de piel del pescado porteando esos tonos tostados y ligeramente crujientes.

Con la morena, Iván se “inventa” un fish&chips (patata, puerro) con salsa gribiche que resulta original y sabroso. Fritura de limpísima ejecución a modo de tempura. Verdaderamente disfrutón. ¿Dónde podríamos llegar con el marketing de los anglosajones?

El arroz cremoso de espárragos blancos vuelve a mostrar el perfil de la cocina de Alborada, donde se mezcla el producto, la intuición y cierta improvisación que no lo es tanto, porque se cocina con la seguridad que da la experiencia. Producto en esencia.

La pica al vapor con guiso de sus espinas, pilpil de lima limón y chicharos de la señora Maruja resulta gustoso desde su clasicismo que se ve alterado por ese punto ácido de la mayonesa. El secreto de nuevo en el producto y en un exquisito tratamiento.

Si la noche anterior, la carne en el menú fue la fabada moranina por la mañana nos encontramos con el lomo de vaca rubio risolado (maduración 60 días), crema de rúcula, miel de castaño y mostaza. Algo excesiva la cantidad de crema para una carne de sabor largo y profundo. Mantequilla que suelen decir algunos.

En los postres se respira una mayor quietud. Los frutos rojos, merengue y sopa de manzanilla resultan agradables pero algo estándar. Mientras que el bizcocho de avellana “mal cocido” viste de gallego al coulant de chocolate.

Cocina a seguir por su enfoque y personalidad. Iván y su equipo se enfrentan cada día a esa dualidad mercado-cocina, a desconocer cómo será el resultado final en la mesa. Se mantiene la tensión en él y en el equipo a través del desconocimiento. Sin aburrimiento. El comensal pocas veces sabrá lo que va a acabar degustando.

Sobre los pescados se adoptan diversas sencillas técnicas tanto antes como durante el cocinado. Algunos se curan en sal sin que ésta toque al pez, otros se dejan en agua de mar o en una solución con mayor concentración salina para luego ser asados, fritos ó presentados al vapor sin abusar nunca del tiempo. Se cuida el corte, el tratamiento de la piel, se despiezan con cariño buscando también una cierta estética. Sin duda una cocina que emana salitre y que mira con respeto sostenible cada día al mar para buscar su inspiración.

Alborada: Raíces e intuición

Post completo en http://www.complicidadgastronomica.es/2016/05/alborada/

Mucho tiempo había pasado desde nuestra última visita a este magnífico restaurante. Cuando cerraron la vinoteca que tenían en un local anexo dejamos de ir por la zona y, a pesar de ser una zona muy bonita en el paseo marítimo con unas vistas espléndidas, hay que desplazarse a propósito hacia allí, cosa que influye en la afluencia.

Las cosas han cambiado en el restaurante, por fin Iván Domínguez, el chef actual (anteriormente jefe de cocina de Casa Marcelo, Loxe Mareiro y durante una pequeña etapa en el Retiro da Costiña) ha podido dar elcambio que se esperaba de él. Como reza el dicho: Año nuevo vida nueva, con lo que al llegar al 2016 han pasado de una carta y un menú degustación que era secundario, a un menú único en el que se pueden hacer cambios porque hay varias opciones disponibles.

En cuanto a la sala, el anterior jefe de sala, Santi, se ha ido y todos los chicos de la cocina, incluído el chef, salen a sala a emplatar y servir las distintas elaboraciones. Además han contratado un sumiller joven pero con buenas ideas.

No describiré de nuevo el restaurante , simplemente indicar que han renovado la vajilla por otra mucho más moderna. En cuanto a la cristalería sigue siendo Riedel de primera calidad.

Una vez acomodados en la mesa, se acerca Iván a saludarnos y nos comenta que el formato ha cambiado. Ahora sólo hay un menú con cierto margen de cambio en caso de que no encaje en los gustos del comensal. Lo que nos indica el chef suena de maravilla así que empezamos a recibir elaboraciones.

Lo primero que se va a recibir siempre en la mesa es un consomé / caldo en invierno y una sopa en verano. Su intención es que el comensal se sienta como en casa y cree que ésta es la forma, empezar la comida con un caldo como el que hacían las abuelas. En nuestro caso nos pusieron un consomé de gallina que aromatizan con diversas hierbas calentándolo en una cafetera Cona. El resultado es perfecto y más para un día frío y lluvioso como el que sufrimos.

A continuación llegan los aperitivos:

Zamburiña en salpicón. Una hermosa zamburiña templada “aliñada” con salsa de salpicón de mariscos.

Brandada de bacalao con estrellitas de pan con semillas. Textura y sabor perfectos en la brandada, bien acompañada por unas estrellas de pan hechas en la casa.

Merluza en salsa verde. Croqueta de salsa verde con una lámina de merluza marinada encima. Espectacular.

Una vez pasados los snacks empiezan a llegar los platos serios:

La Navaja. Estupenda navaja cubierta por una salsa verde a base de hierbas y algas, no recuerdo exactamente cuáles. Lo si se quedó en mi memoria es el sabor de la navaja.

La Vieira. Vieira marinada en agua salada, fileteada y emplatada en la mesa directamente. Se acompaña de una salsa a base de alga codium. Textura y sabor.

Jurel asado. Vaya forma de dignificar un pescado básico!! Jurel hecho al fuego y con un toque final de horno sobre un puré de verduras y acompañado de una zanahoria baby crujiente. Se presenta con el plato tapado a modo de volcán y con una especie de hoja de pino humeante. Tremendo.

Lubina al vapor. Lubina hecha a baja temperatura, punto perfecto, acompañada de una cremada castañas y unas lascas de castaña cruda. El plato se completa con una salsa con un toque de curry que, aunque aporta su sabor, no tapa en absoluto el pescado.

Lamprea. Pescado de temporada preparado de forma relativamente tradicional. Sabor intenso pero agradable. Unos espárragos trigueros a la plancha completan el plato.

En el caso de mi pareja, que no se atrevió con la lamprea, le prepararon una merluza al vapor con pilpil de cítricos y con almejas. Pude probarla y estaba bien buena.

Tiramisú. Versión gallega de este postre italiano. Donde suele estar el mascarpone en este caso había quesos gallegos y donde habitualmente se añade amaretto en este caso se había utilizado licor café. La apariencia nada tenía que ver con un tiramisú, claro.

Para beber y como últimamente me dejan solo en el mundo del vino, me ofrecieron la posibilidad de maridar el menú, vinos por copa o botella completa. Como no me suelen convencer los maridajes opté por tomar vinos por copa viendo que las posibilidades eran interesantes. Tomé 3 copas de vino:

Lapola 2010 de Dominio do Bibei. Un vino que con el paso de los años crece porque elimina esas puntas de madera sobrantes manteniendo todo lo bueno.

As Bateas 2012. Vino elaborado por Dominique Roujou en Rías Baixas con una acidez que le hará vivir muchos años y una untuosidad que hace que esté perfectamente redondo.

Chateau Paquita 2014.Un vino hecho en las Islas Baleares pero que más encajaría en Galicia. Frescura y acidez importantes, rusticidad, un vino de trago largo.

Comentar que, visto lo visto, lamenté no haber pedido el maridaje porque los vinos elegidos me parecen acertadísimos para acompañar al menú y muy agradables todos ellos: Además de Lapola 2010 y Chateau Paquita 2014, incluía una manzanilla, Castro Candaz Finca el Curvado 2013 y un vino dulce para los postres, todo ello por 20€, lo cual me parece una RCP espectacular.
También tomamos una botella de agua grande.

Importante destacar el magnífico pan de masa madre hidratado con agua de mar que ellos mismos elaboran en la casa, pan de verdad, pan de siempre.

También me gustaría indicar la eficacia del servicio, presentes en todo momento pero sin estar de más, lo justo. Como comentaba, todo el personal de cocina sale a servir y emplatar, me gusta esta fórmula.

Terminamos la sesión con una menta poleo cada uno y los petit fours correspondientes.

Un menú atrevido, si dejas hacer al chef como en nuestro caso, lo remata con pescado en lugar de carne, aunque si quieres la carne por supuesto que tienen vaca rubia gallega disponible para echar a los fogones. Cualquiera de los platos puede ser sustituido por otro si no es del agrado del comensal pero la idea es que todo el mundo coma el menú completo. Existe la posibilidad de comer a la carta pero siempre los platos del menú o alternativos.

La propuesta está sobre la mesa y a mí me ha gustado mucho, tendré que volver a confirmar sensaciones y teniendo en cuenta el precio del menú (50€) no será difícil verme por allí en fechas próximas.

Cuando uno tiene muchas ganas de ir a un sitio y no hay forma de que los astros se alineen para poder cumplir el gusto, pueden pasar 2 cosas: que el resultado sea todo un éxito o que sea una decepción pero es raro que deje indiferente.

Lo dicho, después de mucho tiempo conseguimos ir a comer a este restaurante situado en el paseo marítimo de A Coruña, con un entorno y unas vistas espectaculares. Local elegante con amplios ventanales que proporcionan una buena vista del mar.
Materiales nobles los usados en la construcción, lo que hace que el restaurante lleve casi 10 años abierto y esté como el primer día.

El restaurante cuenta con una estrella michelín desde el año 2012 y a tenor de lo vivido la conservará durante un buen tiempo.

El grupo de restauración cuenta con una vinoteca / tienda de vinos justo encima del restaurante, de forma que puedes tomarte el aperitivo arriba para después bajar ya a por la parte más sólida. Además, esto le da la ventaja de que se puede escoger entre más de 600 referencias a precio de tienda con una descorche de 6€.

Pero vayamos al lío. Después de haber tomado unas copas de vino blanco en la parte de arriba nos acomodamos con ganas de disfrutar. Escogimos el menú clásico y empezaron a llegar platos:

Aperitivos de la casa: empanada de bonito, esferificación de aceituna y un panecillo cónico envuelto en panceta de Joselito. La empanada buena pero sin emocionar, la esferificación, a pesar de ser ya un clásico, muy buena y el tercer aperitivo con un sabor intenso de la panceta y para nada aceitoso. El comienzo bien.

Salpicón de bogavante exclusivamente gallego: Un delicioso salpicón con un potente sabor a mar, pequeños trozos de tomate y una fina mahonesa que ligaba perfectamente el conjunto.

Fritos de cigala con mahonesa de soja: 2 hermosas colas de cigala a modo de brocheta, rebozadas y fritas, sin por ello resultar pesadas, con otra elegante mahonesa que aportaba un toque a mayores. La cigala conservaba todo el sabor y la frescura, lo que se agradece.

Huevo roto con cigalas, patatas, aceite de trufa y jamón: Fina patata panadera en la base del plato, un huevo cocinado a baja temperatura, ralladuras de jamón y una cigala a la plancha completando el plato, todo ellos regado con un sabroso aceite de trufa. Un plato sencillo pero con un sabor intenso.

Merluza al vapor con pil pil de lima limón y espinacas: Si veis la foto sabréis que la merluza estaba tremenda. Un pescado al que habitualmente no le damos el trato que merece. Lascas separándose perfectamente y el pescado se deshacía en la boca. Acompañada de unas espinacas y una especie de crema con lima limón.

Cochinillo asado con puré de patata y foie: El cochinillo, con la piel crujiente como tiene que ser y un sabor muy bueno. Se acompañada de un fino puré y encima un trozo de foie a la plancha. El conjunto resultaba armonioso.

• Antes del postre nos obsequiaron con un pre-postre a base de helado, trozos de arándanos y una crema de hierbabuena. Llegado este momento se agradece algo fresco para cambiar de sabor.

Tarta de manzana con helado de fresas al vino tinto: Una sabrosa tarta de tarta de manzana redonda con helado de fresa encima. Buen colofón.

Para terminar, infusiones para hacer la digestión y los correspondientes petit fours.

Me gustaría destacar el pan maravilloso que ellos mismos elaboran. Nos ofrecieron el de centeno y el de trigo, a cada cual mejor. Pan de masa madre como el de toda la vida.

En cuanto al vino empezamos con unas copas de cava de aperitivo para después pasarnos a un magnífico albariño Pazo de Señorans Selección de añada 2005. Un vino graso pero con mucha acidez todavía, elegante, un muy buen vino.
Para terminar y acompañando a los petit fours tomamos una copa de vino dulce cada uno: un tokaji Disznókó 4 puttonyos de 2006 y un Oporto Quinta Seara D'Ordens Late Bottled Vintage 2007. Dos vinos dulces completamente distintos pero entre los que no sabría elegir. Resaltar que a los vinos dulces nos invitaron, gran detalle.

En cuanto al servicio, muy profesional, rellenando las copas de vino en todo momento, "cantando" los platos, ...

Cocina a base de un gran producto y con un toque de elaboración pero sin estropearlo.
Pues eso, que en este caso la visita cumplió las expectativas perfectamente y teniendo en cuenta la RCP, es un sitio al que se puede volver sin tardar tanto.

  • Cochinillo asado con puré de patata y foie

  • Merluza al vapor con pil pil de lima limón y espinacas

  • Salpicón de bogavante

Alborada nunca falla. He visitado Alborada, en muchas ocasiones desde que abrió sus puertas; siempre sales encantado.

Su cocina es maravillosa, te sorprendes a cada bocado; y la relación calidad precio es muy buena.

Creo que es muy importante acabar una buena comida con un buen postre, es el último recuerdo que te queda en el paladar; y los postres de este restaurante son espectaculares.

Muy recomendable.

Espectacular ubicación. 2 en mesa
Agradable decoración y atención.
Pulpo a la brasa - riquisimo y originalmente servido.
Huevos Rotos con gigalas - ESPECTACULARES
paletilla de cordero lechal y entrecot de buey en su punto ambos.
Vino: Pagos Viejos 2002, sin problemas.
Degustación de helados a seleccionar.
Oporto 20 años.
Muy recomendable

Bonito y elegante restaurante, con unas sólidas y modernas instalaciones. Salones rectangulares de altos techos, que aprovechan la luz y vistas de las grandes cristaleras que dan al Paseo Marítimo, en la zona de la playa urbana de San Amaro.

Viernes mediodía y lleno, con selecta concurrencia.

Bien equipado: mantelería, vajilla y cristalería de nivel.

Cocina perfectamente compensada, beneficiándose de las privilegiadas materias primas, tratadas con finura y tamizada creatividad.
Se trataba de un almuerzo de grupo concertado, en el que nos sirvieron de entrantes:

• Crema de foie, chorizo y queso
• Carpaccio de gambón y erizo
• Colas de cigala rebozadas con salsa romescu
• Croquetas de gambas

El segundo plato, en mi caso que opté por el pescado, fue

• Sapito (rape) acompañado de arroz de tomate y verduras

Mucha calidad en todos los platos, destacando la croqueta de gambas y el rape, fresco-fresco y cocinado en su punto.

No vi la carta de vinos, pero nos sacaron un muy buen ribeiro (yo pensé que era albariño) del que desgraciadamente no recuerdo su nombre. Tratado con corrección.

Distinguido servicio.

Aun desconociendo el precio, para repetir.

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