Restaurante La Cambra de Tono

5
Datos de La Cambra de Tono
Precio Medio:
21 €
Valoración Media:
6.5 10
Servicio del vino:
5.8 10
Comida:
7.3 10
Entorno:
5.0 10
Calidad-precio:
7.6 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Ciutat Vella
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Italiana, Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 12,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


5 Opiniones de La Cambra de Tono

Local en pleno corazón del barrio del Carmen. Es un local pequeño con un altillo de decoración y mobiliario sencillo. Las sillas son bastante incómodas, lo que no invita a continuar con la sobremesa.
La presentación de la carta me llenó de reparos... unas antiquísimas fundas de plástico manchadas y altamente desgastadas guardaban los folios de colores donde se pueden leer las elaboraciones del restaurante.
Nos decantamos por una ensalada bastante buena y un plato de pasta individual. He de decir que mis ravioli al curri con vodka y langostinos estaban exquisitos, aunque solo di cuenta de uno de los crustáceos, ya que no me gustó cómo habían quedado de secos tras la cocción. Los postres en nuestro caso no fueron nada acertados. A tenor de los anteriores comentarios aquí vertidos, debo creer que son caseros, pero la verdad es que ni la tarta de queso con arándanos ni el tiramisú me lo parecieron. Como no soy quién para dudar de nadie, solo puedo decir que a nosotros no nos gustaron.

Carta de vinos sencilla que tampoco creo que merezca la pena revisar, ya que el resto de mesas bebió Lambrusco, por lo que si así se asegura el éxito del local, no iré yo a decirle a nadie cómo llevar su negocio si éste encima funciona. Sí me parecieron aberrantes las copas para hacer bíceps (gruesas y pesadas) que se podrían cambiar por algunas menos toscas.

En resumen, un restaurante modesto que se puede visitar sin esperar grandes platos.

Tras los comentarios veremeros y la insistencia de mi grupo de amigos, pude finalmente visitar la acogedora cambra de una pareja de profesionales que, a buen seguro, dará mucho que hablar conforme el eco de su "savoir faire" resuene más allá del centro histórico la ciudad.

La misión a cumplir era, a priori, algo complicada: cumpleaños para 8 personas bastante exigentes, con un menú desgustación improvisado (todo esto según lo que me contó el cumpleañero y el resto de comensales). La elección no pudo ser más acertada, pues valió para conocer ampliamente la carta del lugar que, pese a la fama de las pastas y los entrantes, es capaz de sorprender con carnes y postres. Cenamos lo siguiente:

- Ensaladilla rusa: de sabor suave y perfectamente montada, presentada con grisines que le daban un toque divertido y con un tamaño de corte correcto de la patata, la zanahoria y demás ingredientes.

- Croquetas caseras: como se menciona en otros comentarios, de un sabor intenso, un tamaño más que razonable y una textura crujiente, suave...En resumen, muy sabrosas y un "must" si tenéis dudas en cuanto a los entrantes. Servidas con la consabida tira de pimiento rojo.

- Patatas a los 4 quesos: de entre los que pude distinguir el roquefort, el provolone y otros quesos italianos que Tono accedió a describirme pero cuyo nombre no recuerdo. En cualquier caso sirven las patatas en forma de papa redonda, y las riegan con la suave mezcla de quesos, añadiendo distintos tipos de sal (me pareció reconocer una sal mexicana que me dieron a catar en otro sitio) para que el sabor duplique la intensidad. Entrante contundente, si la cena es para pocas personas convendría no merendar...

- Queso rebozado con confitura de frutos del bosque: en mi opinión, despues de las excelentes patatas, un plato flojito. La confitura realmente rica, así como la textura del queso rebozado, pero por alguna razón no me sedujo.

- Virutas de jamón a la plancha con huevos de codorniz: un entrante clásico que cumplió su cometido.

- 2 chuletones a compartir: la carne en su punto, muy tierna y de fácil corte, cocinada con ajo y pimientos verdes, lo cual le dio un sabor muy casero y que a más de uno recordará a los platos de su infancia. A estas alturas era un milagro seguir con hambre, dado lo generoso de las raciones.

- 2 fuentes de raviolis caseros de estilo "campesino": y aquí se obró el milagro y por fin pude degustar de primera mano una de las mejores pastas que he probado en Valencia, con el permiso del Sr. Massimo. Tamaño grande del ravioli, perfecta textura y dureza de la pasta, rellena en esta variedad de espárragos trigueros, coronada con virutas de bacon y una salsa suavísima de bechamel o nata (eso cree recordar mi paladar, pido disculpas si estoy en un error). Sin duda merece la pena ir a comer o cenar únicamente un entrante y una pasta para disfrutar de ésta plenamente y con todo el estómago para ella sola.

- De postre, un tiramisú delicioso, suave el mascarpone y con un bizcocho en su punto de ebriedad, el chocolate espolvoreado de primera y con un ligero toque crujiente.

La cena la regamos con varias botellas de vino rosado Señorío de Sarria, que permaneció a una temperatura correcta en todo momento. Las cervezas (muchas) con las que empezamos y algunos prosiguieron la cena, los cacahuetes de aperitivo, una botella de Cava Marqués de Monistrol y los cafés, todo ello invitación de la casa. Para terminar la velada empezó un festival de Gin-tónic, calculo que más de 3 por cabeza, y sin que en ningún momento nos sintiéramos invitados a irnos. En todo momento la atención fue muy amable por parte de Tono y de Lucciana, y las visitas de Toni desde el piso de abajo fueron de lo mas divertido. Se agradecen esa proximidad y esa amabilidad pese a que el local es pequeño, todo se tiene que elaborar al momento y casi todas las mesas estaban llenas... Así da gusto.

La pantagurélica cena salió a 35 euros por barba, una RCP inmejorable bajo mi punto de vista y habida cuenta de lo disfrutado. Sin las copas imagino que se quedará en unos 30, y sigue siendo excelente.

El único "pero" se lo pondré al vestuario de mesa, pues al menos en esta primera vez los manteles eran de papel e individuales, la cuberteria correcta pero las copas muy gruesas. Con el Gin-tónic cumplieron la verdad, pero el vino merece un mimo mayor. El tiempo de espera entiendo que fuera algo elevado, pues era sábado por la noche, éramos muchas mesas y muchas las comandas y, como he comentado arriba, todo se cocina y elabora al momento.

Volveré con un poco menos de compañía para seguir investigando a estos genios. Y por supuesto a probar ese menú-regalo de mediodía.

Hace tiempo que pasábamos por delante de La Cambra y no nos decidíamos a entrar. La motivación nos vino a raiz de la opinión que leímos en Verema. La Cambra, para aquellos que conocen un poco el Carmen, es ese bajo pintado de verde en la misma plaza del árbol. Bueno, pues finalmente entramos y pasamos una buena velada. El servicio muy atento y amable, indicando al dejar el plato aquel detalle que lo hace peculiar y suyo.

En fin, vamos a lo que vamos, al sentarnos nos pusieron unos cacahuetes para ir trabajando la mandíbula e ir probando el vino, un Hacienda Zorita en este caso. Buena temperatura.

De entrantes: 1) Croquetas de pollo y jamón (por cortesía de la casa) y de bacalao (montada por una tira de pimiento del piquillo). La verdad que sí eran caseras, con mucho sabor a lo que tenía que saber cada una, que ya es decir para lo que te ponen en muchos sitios, textura consistente y tamaño considerable. 2) Queso rebozado con mermelada de arándanos, muy rico y una ración también importante. Los platos son contundentes, así que si no se es de mucho comer es mejor un sólo entrante para poder llegar al postre.

Para cenar se aconseja preguntar por qué pasta elaboran ellos personalmente, ya que la hacen realmente exquisita. En nuestro caso pedimos lo mismo que ya se ha comentado por parte de Jujo y salimos igualmente complacidos.

Al postre ya no llegaron nuestros estómagos, así que decidimos hacernos dos copas de cava. Al no tener el que sirven habitualmente nos sirvieron otro (entiendo por el comentario del dueño que de peor calidad) pero con el detalle de rellenarnos las copas por cuenta de la casa.

En todo momento buen trato, sin molestar, parecía aparecer por la mesa en el momento preciso en el que acababas un plato.

En fin, una suerte haber entrado rompiendo así la tediosa manía de ir a los sitios habituales, aunque aquí sí volveremos a probar los arroces.

Local agradable de ambiente familiar. Trato con el cliente por parte de Toni y Tono (los dueños) inmejorable.
En cuanto a entrantes muy buenas las ensaladas y la croquetas caseras, asi como sus famosas patatas a los cuatro quesos.
Referente a los segundos sorprende tanto la elaboración de cualquier tipo de pasta como los arroces elaborados de forma magistral por Toni.
Los postres exquisitos (panacota, tiramisu...) son cosa de Tono.
En cuanto al vino, interesante carta con referencias no muy conocidas pero todas ellas de gran calidad. A destacar el Hacienda Zorita Durius, un crianza 2005 que forma parte de la nueva D.O Arribes del Duero. Perfecto servicio de temperatura.
Vale la pena disfrutar de su menu de mediodia de 10 euros.

Restaurante de inspiración italiana, en pleno barrio del Carmen. Destacamos los entrantes, originales y acertados; las ensaladas, muy recomendables y, por encima de todo, la pasta fresca que, según en qué platos, la elaboran en el propio restaurante. Muy buenas las de salsa de curry con vodka y gambas, la de nueces, manzanas y pétalos de rosa y también la de cigalas. Todos los postres son caseros y, en cuanto al vino, conviene preguntar alguna sugerencia fuera de carta, aunque los que nos presentan no están nada mal de precio (creo que hay vigente una oferta 2 x 1 muy muy interesante). A mejorar las copas, quizás un poco grandotas. Y, hablando de copas, interesante la opción del cava por copas como aperitivo (o postre, según gustos). Muy buena RCP.

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