Restaurante La Scala La Scala

Restaurante La Scala

4
Datos de La Scala
Precio Medio:
51 €
Valoración Media:
6.6 10
Servicio del vino:
6.5 10
Comida:
7.0 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
6.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 25,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


4 Opiniones de La Scala

En el interín entre la vuelta de un lugar vacacional (Rosas) y la ida a otro (San Sebastián), paramos por casa (Zaragoza) un par de días para proceder a los cambios (de rigor) en la maleta; y, ya que estábamos, aprovechamos para acercarnos al restaurante que se comenta con uno de los famosos cupones de comida que venden empresas de muy diferente nombre.

Ubicación y entorno: En pleno centro de Zaragoza, en una de las calles adyacentes al paseo de la independencia, la Calle Sanclemente, una de las principales zonas de tiendas de la ciudad.

El entorno es muy agradable. La limpieza se nota, se siente; impoluto. La decoración en blanco y negro, elegante. Toque moderno, un tanto cool, sin exceso. Paredes con algún cuadro tipo litografía.

Existen, además de un pequeño espacio-recibidor, dos espacios en el restaurante: uno, más pequeño, nada más pasada la cocina, y un comedor más atrás, algo más amplio. Mesas de tamaño correcto, con buena separación entre ellas. Sillas cómodas. Capacidad para unas 100 pax. Se complementa en las primeras mesas con la visión de la amplia cava de vinos acristalada.

Mantel y servilletas de hilo. Cubertería adecuada (nos la cambiaron en todos los platos -era un menú degustación a precio fijo-). Copas aceptables y de buen tamaño. Platos de loza blanca, de diversos diseños y de buen tamaño.

Servicio y servicio del vino:

Muy atentos, en especial la señorita que nos atendió. Sin esperas (aunque no había excesiva gente); Nada más sentarnos, el pan y el agua. La comanda fue tomada con rapidez. Buen “tempo” entre plato y plato.
Un buen detalle: el postre se elegía al principio y mi mujer decidió cambiarlo cuando ya estábamos en el penúltimo plato… Sin problemas.

En cuanto al vino, optamos por un rosado de Cariñena (el menú daba también como opción el blanco y el tinto de idéntica marca) , descorchado correctamente y puesto de inmediato, con la correspondiente servilleta, en una bonita cubitera (de pie) con hielos.

No puedo opinar sobre el elenco vinícola del restaurante, pero la cava de vinos parecía ser amplía, pudiendo verse, a través de sus cristaleras, representaciones de las principales denominaciones de origen aragonesas

Comida:

Como ya he comentado, fuimos a un menú degustación. No obstante, indicar que el restaurante cuenta además: a) con un menú de temporada (cambiante), por 26 euros con 8 primeros, 5 segundos y 7 postres -buena pinta-; y b) un menú de trabajo por 18 euros, con idéntica distribución de platos/postres y que también parece recomendable. Aparte está la carta.

En nuestro caso, eran 5 platos y postres, todos ellos con una magnífica presentación y con un tamaño adecuado a lo que es una degustación, sin ser, en modo alguno, rácanos en las cantidades.

1)Carpaccio de Bacalao, con pimiento y paté de aceituna. Muy fino.

2)Tomate rosa de Barbastro, con cebolla de Fuentes y lascas de jamón. Aceite de albahaca. Lo que ya no se suele encontrar: un tomate suave y de buena textura que, además, sepa a tal. Suavísima la cebolla y gran aliño.

3)Tagliatele con crema y gambas. Bien cocida la pasta (le sobraba un minuto, pero es que en esto me estoy volviendo ya muy, muy exigente); nada que ver con los fideos que te sirven en algunos sitios. Cremosa salsa con un leve toque picante. Sólo había una gamba, cierto, pero increíble de sabor.

4)Atun rojo: lo más flojo. El problema, a mi juicio, se debió a que la materia prima se notaba aún con un punto de congelación, lo que, unido a que lo pedimos poco hecho, hizo que el mismo estuviera en exceso frío y un tanto duro. El sabor, sin embargo, era muy aceptable, tanto más por venir acompañado de una salsa de soja muy suave.

5)Redondo de ternera. Sorprendentemente jugoso y muy tierno, con una salsa muy acertada y sobre una base de puré de patata bien elaborado.

Un solo tipo de pan. Aceptable.

Para finalizar, los postres: para mi mujer un brownie (no soy yo fan) con helado de coco, bien conjuntado. Y para mí, un excelente sorbete de mojito.

En definitiva, muy bien. Un sitio que debe recomendarse. Buena comida, buen ambiente, buen trato y una muy buena RCP.

Para ir sin dudarlo. Para volver a no mucho tardar.

Buenos días en primer lugar quiero comentar que soy nuevo en este foro y os ruego que no seáis muy duros conmigo jjejjejej ya que no acostumbro a participar en estos sitios y seguro que meteré la pata a veces y en otras estaremos o no de acuerdo en algunas opiniones, pero se trata de eso, opiniones.
Como ya es tradición entre los amigos cada cumpleaños solemos ir a comer/cenar a algunos de los sitios de Zaragoza que más se oyen dentro del mundillo gastronómico. En este caso y tras un fallido intento de ir a otro de los locales de moda que ya comentare cuando lo visite acabamos en La Scala.
Nada más entrar el ambiente minimalista y moderno del local resulta bastante agradable ya que el color blanco siempre denota limpieza y pulcritud. Tras la recepción de una de las camareras, que no del maître, nos sentaron en una mesa de las que se sitúan en el comedor mas al fondo del local. La verdad es que la decoración del sitio me agrada, ya que por las paredes podemos ver diferentes cuadros con bonitas fotografías en blanco y negro que contrastan muy bien con el ambiente blanco del local. Ya no me gusto tanto que la mesa en la que nos sentaron tuviera manchas de salpicaduras de café por toda la pared, y no me refiero solo a una, con lo bien que empezábamos.
Ya dentro del tema gastronómico puro y duro decidimos compartir unos entrantes, entre los cuales estaban el Foie mi-cuit con Confitura de Tomate, la Longaniza de Graus con Salsa de Setas y la Tempura de Verduras. En cuanto al primero de ellos decir que el foie estaba bueno, en el plato venía acompañado de una confitura de tomate, un bouquet de lechugas (sin aliñar) y unas tostas de pan crujiente, el conjunto aceptable pero nada más.
Ya con el segundo entrante, la Longaniza de Graus con Salsa de Setas decir que la salsa de setas entiendo que debía ser una raya de salsa que llevaban encima algunos de los pedazos de la longaniza porque otra no había, si que he de decir que la presentación y la calidad de la longaniza eran buenas, muy vistoso y muy sabroso, tanto la longaniza como las setas que encontramos en el centro del plato, pero sin salsa como ya he dicho.
El tercero en discordia tal vez fue el que más me decepcionó, la Tempura de Verduras, la verdad es que era una montaña de verduras sosas rebozadas en tempura que habían sido fritas a la vez, por lo que estaban completamente pegadas y para separarlas había que manipularlas demasiado, además al freírlas así las que se habían quedado dentro del montón no estaban bien fritas y la tempura estaba blanda, cuando la gracia de la tempura es ese fino crujiente que la harina de arroz le da una vez frito, así que este plato para mi suspenso.
En cuanto a los segundos la cosa cambia a mejor, pedimos Cochinillo Asado con Puré de Calabaza y Steak Tartar, ya que soy un enfermo de los tartares :-)
El cochinillo crujiente, jugoso y sabroso, y el puré fino y cremoso, y la cantidad bien, no hace falta decir mas no? la verdad muy bueno.
En cuanto al Tartar decir que también estaba en su punto, la carne muy tierna y bien hecho. Pero con un fallo, una de las cosas que hace que la gente pida Steak Tartar y que le ha conferido a este plato una gracia especia (en mi opinión y la de muchos) es que te realicen el plato a la vista del cliente, para de ese modo además de disfrutar de lo que para mí es una obra maravillosa de la cocina en sala, poder decirle a la camarera/o que le añada mas de algunos de los ingredientes que el plato lleva, en función de los gustos de cada uno. Pues no, aquí nos trajeron una cucharilla de café con un poco del Tartar ya preparado y nos dijeron que lo probáramos a ver qué tal nos parecía, no es por criticar ni por desconfiar pero que nos traigan dos cucharillas a la mesa sin ver la preparación la verdad es que me defraudó un poco bastante, pero es mi opinión. Si que diré que en su favor que estaba bueno pero yo le hubiera puesto más anchoas, es el problema de que no te lo hagan delante.
Con respecto a los postres la verdad es que los tres muy buenos, El Coulant, el Tiramisú en Copa y el Sorbete de Mojito bastante conseguidos.
Con respecto a los vinos y el Champagne decir que un poco caros pero sin ser desorbitados así que no existe critica en esto.
En conclusión, un sitio bonito y curioso de ir, pero un poco caro en conjunto para degustar los platos de la carta, aunque tiene algún menú que parece interesante. En cuanto al servicio correcto y agradable.
Para mí un 6 sobre 10.

Fue el local elegido para celebrar la quedada maña. Situado en pleno centro de Zaragoza, a muy pocos metros de la parroquia de Santa Engracia con su precioso retablo y portada barrocas. Local moderno, decorado en tonos blancos, con una zona de tapas a la entrada y con la cocina a la vista cuando pasas al comedor. Espacio suficiente entre las mesas, sillas cómodas y varias mesas redondas, lo que permite una cómoda con todos los miembros de la mesa. Menaje de calidad y servicio del vino muy bueno. Como la comida fue de sobaquillo no puedo hablar de la carta de vinos.
Compartimos unos entrantes que estaban ricos: muy buen foie-gras, tempura de verduras y un pulpo a la brasa muy original. Los raviolis de longaniza de Graus también muy conseguidos.
Los segundos mantenían el buen nivel, mi cochinillo confitado de primera, los pescados dijeron que estaban ricos y el steak tartare también. Raciones abundantes y postres correctos.
Atenciòn profesional y amable.
Estuvimos de charla hasta más allá de las 18.30 sin problema.
Me quedaron ganas de repetir.

Nos encontramos ante un restaurante excepcinalmente situado, a escasos metros de una de las arterias sociales de Zaragoza, y de los referentes comerciales de la ciudad, lo que facilita mucho, el poder acudir al mismo, ya que una vez terminada la velada (o antes de la misma), te permite disfrutar de lso alrededores, ya sea para hacer unas compras, o para poder tomarte una café o copa, en cualquiera de las terrazas o locales de la zona.

El restaurante propiamente dicho se muestra impolutamente vestido de blanco, contrastando puntualemnte con elementos en negro que realza el carácter minimalista de la decoración, las mesas son amplias, suficientemente distanciadas, y con cubertería, cristalería, vajilla y elementos varios, bien escogidos. De la sala llama particularmente la atención la cocina semivista a través de un mostrador, que además permite (a los curiososo como yo) saber un poco más lo que se cuece en el interior de las mismas, y como se trabaja y organiza la misma, más aun si cabe que las últimamente más comunes cocinas acristaladas.

De la carta, en un principio parece haberse apostado por la sobriedad, dando prioridad al producto desde un punto más tradicional, dejando filtrar elementos más modernos, pero sin que se apodere de su naturaleza clásica. Entre los primeros platos podemos encontrar raviolis de longaniza de Graus, Ensalada de pasta y langostinos, jamón, mi-cuit ... con casi todos los platos oscilando desde los 8-9 hasta los 12-14. Los segundos platos, siguen la misma línea que los primeros, tanto en precios comedidos como en concepto, moviéndose la mayoría en torno a los 15 los platos más asequibles, a los 22-24 los más caros, y entre los que podemos encontrar, sapito al horno, cocochas de bacalao o ternera de wagyu.

De lo que pudimos degustar:
Aperitivo por cuenta de la casa, a base de espuma de coliflor con semillas de amapola, que eno estaba nada mal, de hecho hasta mi mujer le gustó, que no soporta ni cocinar la coliflor.
Primero a base de croqueta de gallina trufada (2 € c/u) que estaba muy rica, muy bien "trufada"., y Témpura de verduras y langostinos (9 y pico €), que no hace falta explicar, bien preparada y en ración más que generosa.
Los segundos consistieron en un Magret de pato con manzana asada y salsa de ¿frambuesas? (la memoria ya me falla) (rondando los 14 €), el cual debido al estado de mi mujer, tuvo que ser cocinado más de lo recomendable, por lo que pudo verse alterado su punto óptimo, bien aun así, y Rabo de toro glaseado con vino tinto, muy bueno y muy bien presentado, y para mi gusto lo mejor de la cena (alrededor de 16 €), servido sobre un fondo de puré/crema de patata, y la propia salsa, y adornado con un "pañuelito" a lo Susi Díaz. Como postre una Espuma de Yogurt con helado (y gelatina) de mandarina (4,5 €) a compartir, que no desmereció la comida, junto con los cafés sirvieron cortesía de la casa, una espuma de tarta de manzana, que también estuvo bien, y siempre es de agradecer (además de permitirme "rematar" la botella de Moscatel Coto de Hayas), total con un carajillo de Bayleys: no llegó a 68 € de dos personas, lo que me parece un precio ajustado y correcto.

Servicio amable y atento en todo momento, carta de vinos, si bien la encontré un poco corta, sí que la consideré bien elegida, tratando de distanciarse de las marcas más comerciales y habituales, y buscando la buena RCP, precio adecuados (si no me equivoco, rondando los 4-5 € de descorche), además de tener la posibilidad de pedir vinos (un par de opciones) por copas, que siempre es de agradecer.

Como titulo, una buena opción, además de disponer, de unas mesitas altas en la entrada para degustar alguno de sus platos y otras tapas, de forma más informal, y que no pienso tardar en probar, otra cosa interesante es que dispone de un menú de temporada por 24 € (bodega no incluída).

Nota de puntuación: si bien, puntúo con 5's y 7's, creo que su valoración sería en todos sus apartados de 6.

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