Restaurante Yakitoro en Madrid

Restaurante Yakitoro

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Datos de Yakitoro
Precio Medio:
25 €
Valoración Media:
7.4 10
Servicio del vino:
5.3 10
Comida:
8.2 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas:
Precio desde 22,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Abierto todos los días de 12h a 24h

Teléfono


11 Opiniones de Yakitoro

Reservamos a través de la web, Domingo a las 23:00h, el restaurante lleno y a las 23:30 y pasadas las Doce, sin duda tiene éxito, porque estar lleno un Domingo a esas horas, algo debe tener, y no es solo la popularidad de Chicote, que seguro que tira, yo diría que también tiene mucho que ver una propuesta, quizá arriesgada, pero tan poco común como atractiva.

El local es amplio, con mesas que no son corridas, pero casi, ambiente muy joven, no especialmente confortable si vas a estar bastante tiempo sentado, música por encima de lo habitual (por cierto muy buena), servicio con altibajos, correcto en algunos casos, asesorando y en otros lanzando el plato en la mesa sin pararse y no lo entiendo, porque los camareros no se veían especialmente estresados.

La propuesta de la carta, en su mayoría son unas pequeñas brochetas (Yakitoro), 3-4 piezas por brocheta, dos brochetas por plato, también ofrecen acompañamientos.

Fuimos a probar varias cosas:

- Dados de berenjena en tempura, con miso rojo y pimentón, buenas, especialmente la salsa, sorprendente y sabrosa.
- Verduras de la estación escabechadas, buen toque del carbón, correctas.
- Pez mantequilla con curry rojo, esto va a gustos, a mi mujer no le gusto nada la salsa lacada, a mi me pareció interesante, pero no lo volvería a elegir.
- Tataki de atún con ajoblanco, bastante bueno, atún con muy buena textura, la salsa poco protagonista, pero en estos casos, donde debe primar la materia prima, se agradece.
- Enrtrecostillas de wagyu lacado, bueno, sabores de carbón, tierno.
- Pollo al ajillo, normal, bastante neutro, no por el pollo en si, mas bien un pequeño error en la elección,
- Butifarra con cebollino picado, buena butifarra, buen sabor.

Acompañamos con un Taboule, mi mujer que es la experta en estos platos, me dijo que estaba muy bueno, a mi me pareció correcto.

En lo que respecta al vino, quedé gratamente sorprendido, la carta es pequeña, con cosas interesantes, la carta menciona la posibilidad de medias botellas y botellas enteras, como solo iba a beber vino yo, pedí media botella de Els Cousins (13,75€), lo que hicieron es abrir una botella entera y decantar la mitad en un recipiente, por lo que puedes disfrutar de toda la carta en medias botellas. Es la primera vez que lo veo y me parece genial.
Buenas copas, servido a temperatura.

Las brochetas oscilan entre 3 y 7€, así que es una propuesta interesante para variar, probar varias cosas en un ambiente desenfadado...........Chicote no estaba.

Con la fama y la popularidad, siempre es difícil separar lo que alguien tiene de personaje, respecto a lo que hay de realidad. Por ello, el visitar un restaurante regentado por alguien que se ha hecho famoso “corrigiendo” la actuación de otros profesionales del sector, siempre tiene su morbo.
Tras realizar la reserva on-line mediante un sencillo sistema, por fin llegó el día de la visita, y como no en estos casos, con la eterna pregunta: ¿estará Chicote en el local?...pues nada más entrar allí estaba el dirigiendo el restaurante. Luminoso, amplio, moderno, con una cocina de carbón presidiendo el centro de la sala y otra acristalada nada más entrar. Mesas con un botellero incrustado en el centro, idea tan magnífica como útil, camareros ataviados con monos militares, una elegante barra donde esperar mientras se dispone la mesa. El efecto global es tan moderno como agradable.
Carta breve, concisa, focalizada en platos de inspiración oriental, planteada para realizar un menú a compartir. Precios ajustados. Carta de vinos escueta pero con referencias acertadas, con opciones de copa o media botella. Cervezas artesanas.
Tomamos:
-Pez mantequilla con curry rojo. A nuestro juicio un imprescindible. Salsa espectacular.
-Atún rojo y pack choy, lacado, sobre pan y salmorejo. Original.
-Pollo frito crujiente con salsa agridulce cañí. Uno de los platos más solicitados. Acertado.
-Entrecostillas de wagyu lacado. Muy sabrosas.
-Papada ibérica y pepino "David Chang". Muy bueno. Como todavía no hemos probado el original eludimos comparaciones.
-Arroz blanco aliñado con sabores de Oriente. Un acompañamiento fantástico.
-Helado de fresa y wasabi con galleta de jengibre. Un final muy refrescante.
De beber, una botella de cerveza artesana Yakitoro, bastante buena, y media botella de Naranjas Azules Garnacha 2014, un rosado que nos acompañó muy bien. Servicio del vino y la cerveza adecuados.
Servicio atento, ágil y profesional.
Mientras tanto, Chicote dirigiendo en todo momento el servicio, controlándolo todo, al pie del cañón y poniendo buena cara a todo aquel que se quería hacer un selfie con él. Eso sí, sin perder su gracejo socarrón.
Podemos decir que lo que recomienda es lo que hace y que ha conseguido crear un restaurante fresco, original y con RCP magnífica. Un sitio para volver y recomendar.

Y mira que Chicote no es santo de mi devoción pero teniamos ganas de ir. El sistema de reservas no se adaptaba muy bien a lo que nos suele encajar ya que por una parte los sabados y domingos están completos a dos días vista y por otra parte no se reserva en la franja de las 13,30 a las 15,30 lo que hace que haya que acudir a comer a horas algo tempranas o tardías. Pero como dicen en la web que dejan 1/3 libre para quien vaya sin reserva, decidimos tantear el sábado a las 14:00 y bingo ¡¡¡ quedaba una mesa para dos personas.
Nos atendíó todo el tiempo un camarero llamado David que fue extremadamente atento y al que felicitó por todo lo que nos explico de la carta y nos aconsejó.
No voy a describir el lugar porque ya se ha hecho aquí. Me gustó. Informal pero correcto.
La carta es variadísima sobre el papel y la carta de vinos es aceptable. No tuvimos suerte con el vino ya que pedimos el 7 Fuentes ( que tiene una buenisisma distribución en Madrid y se ve en muchos sitios) y resulto con un olor a sulfuroso que pensamos que se iria pero nos acompañó toda la comida. Reconozco que soy especialmente sensible a este olor. No lo comentamos porque no era demasiado patente y el vino se dejaba beber aunque yo no lo disfruté al 100%.
En cuanto a la comida y ayudados por David, pedimos:
• Atun con miso rojo: Excelente
• Patatas en tempura. Divertidas
• Berenjenas rebozadas. Ricas
• Pollo picante. Bueno
• Entrecostilla de waygu. Bueno
• Albondigas de pollo picantes: buenas

Todo son pequeñas raciones que no pasan de 4-5 euros y que se comparten perfectamente. Nos gustó todo y repetiremos.
Por poner un “pero” quizá abusen en demasia de sabores dulzones o tipo salsa agridulce o barbacoa. Tambien puede ser que justamente pedimos platos que llevaban este tipo de salsas.
Volveremos ¡¡¡

Curiosa experiencia comer en Yakitoro. La mayoría de los platos son para compartir. Eso me gusta. Mucha gente, lo cual a veces parece que se mueren de éxito. Hay que tener paciencia.
Todos somos muy impacientes. El servicio a veces lento, pero muy amable, al menos en mi caso y con muy buena disposición. La calidad de la gran mayoría de platos son extraordinarias. Los rebozados muy conseguidos. Los dados de berenjenas en tempura con miso rojo y pimentón muy ricas, crujientes por fuera y cremosas por dentro y el miso buenísimo. Los dados de buey de buey muy tiernas. El filete ruso de buey, una delicia. Las alitas de pollo, buenísimas. Las patatas fritas en tempura con salsa de sésamo tostado increíbles y muy crujientes. Las setas con atún deliciosas....Creo que me dejo platos, pero todo muy bueno. De los postres, hay que hablar a parte. Todo muy rico y nada empalagosos. El helado de fresa y wasabi, crema de chocolate y galleta de jengibre, sofisticado y muy curioso. La soberbia crumble de manzanas con helado de vainilla muy buena. Un postre de chocolate suave y nada empalagoso.
Todo es a base de pequeños platos para compartir. Una delicia.
Para beber, cerveza japonesa Sapporo y Paulaner.
La carta de vinos no es larga, pero muy cuidada y con algunas novedades. Pedimos un Montesa. Todas las bebidas estaban en el centro de la mesa en un agujero con hielo. Formidable idea de mantener las cervezas y el agua frias. Lástima que a veces rezumaba un poco por debajo. Yo recomendaría que dejen trabajar y no agobien con tantas fotos a Chicote. Hay que darle tiempo para algunos cuestiones, pero me pareció expléndido. Muy, muy buena RCP.

De momento, lo "curioso" de comer en Yakitoro es el orden aleatorio en el que llegará a la mesa todo lo que hayas pedido. Conviene no componer ningún menú, pues puede darse el caso, como así fue, que te sirvan todo de forma totalmente inversa (exceptuando los postres, claro está) a como lo habías diseñado. Y sobre todo, paciencia, mucha paciencia. Menos mal que la calidad de la gran mayoría de sus brochetas mitiga los efectos del azar y del paso del tiempo.

Cuatro comensales dimos cuenta de lo siguiente (no en este orden, evidentemente): cebolletas frescas asadas con salsa romescu (quizás lo peor, bastante hebrosas); ensalada de espinacas, queso manchego y salsa cremosa de tofu y hierbabuena (algo pasada de sal); dados de berenjenas en tempura con miso rojo y pimentón (muy ricas, crujientes por fuera y cremosas por dentro); huevo frito sobre disco de arroz tostado y salsa especiada de tomates (buenísima la salsa); atún rojo y pack choy, lacado, sobre pan y salmorejo (delicioso, jugoso, en su punto de brasa); entrecostillas de buey wagyu lacadas (tiernas como una madre); filete ruso de buey, con su pan al pimentón (bueno) y alitas de pollo, lacadas con miel de caña y un toque de pimientas (llegaron más allá del final de los tiempos, pero mereció la pena esperar, perfectas). Para acompañar pedimos patatas fritas en tempura con salsa de sésamo tostado pero llegaron cuando ya habíamos terminado todo (salvo las alitas). Aún así son imprescindibles y totalmente adictivas, crujientes y jugosas. Postres: helado de fresa y wasabi, crema de chocolate y galleta de jengibre (buenísimo, con su ligero toque picante); crumble de manzanas con helado de vainilla (para golosos); yakitoro de algodón de azúcar y toques cítricos (lo menos destacado) y yakitoro de marshmallow (para volverse loco). Para beber, cerveza japonesa Asahi y una rica cerveza artesanal madrileña de trigo y cebada etiquetada con el nombre del restaurante, ambas de medio litro. Un rico café fue el punto y seguido. Volveremos.

Por si a estas alturas alguien no lo sabía, resulta que hace dos semanas, Chicote ha abierto un restaurante en la calle Reina a espaldas de la Gran Vía, llamado YAKITORO. Como él mismo lo define en su Web "un espacio inspirado en la tradicional taberna japonesa de yakitori, donde todo se cocina en directo y al carbón". La verdad es que el local es amplio y luminoso, con unos grandes ventanales, decorado en plan industrial, y con cierto gafe porque por allí han pasado varios restaurantes que han ido cerrando uno detrás de otro. Martes a mediodía y lleno total. Una carta entera a base de brochetas a la parrilla de carbón, es un concepto novedoso. Además si se conjuga con un local agradable y un ticket medio moderado, tiene todos los mimbres para triunfar, e incluso convertirse en una franquicia (tiene toda la pinta, ya veremos). En resumen, se nota a la legua que esto lo ha montado alguien que controla de hostelería.

Tres personas, pedimos todo a compartir, brochetas de berenjenas en tempura con salsa romescu, de setas shitake, de albóndigas picantes, de atún y de pollo con papa canaria. Los "yakitoros" se componen de dos brochetas y punto, por lo que pedimos para acompañar dos "sides": arroz oriental y patatas en tempura. Pues oye, las brochetas estaban todas sabrosísimas, a cual mejor, lo que indica que esto no es un local de "fast food" sino que en la cocina hay fundamento (no nos esperábamos menos maestro). De postre un algodón dulce con pimienta roja y unos "churros con chocolate", ambos muy buenos también.
Tienen una carta de vinos muy estudiada que se sale del sota-caballo-rey, y encima, a buenos precios. Nosotros pedimos un blanco de Pedro Ximenez, llamado Ovni, del Equipo Navazos, un vino que no habíamos probado y nos gustó mucho. Con una cerveza y un café la cuenta ascendió a 65 euros. Menos de 22 euros por persona, lo que considero una RCP muy buena.

Me gustó:
- El detalle de la cubitera con hielo picado integrada en la mesa.
- Las sillas me parecieron comodísimas.
- El entretenido "show cooking" de las parrillas en medio de la sala y la potentísima extracción del local (ni hay humo, ni huele a fritanga).
- Que no te miran mal si pides una jarra de agua del grifo.
- El cocinero que estaba hoy oficiando en la parrilla del centro de la sala que es un auténtico crack, profesional y atentísimo con el cliente (cuídale Chicote).

No me gustó:
- Que tardaron una eternidad en traer la comanda, entramos a las 14:30 y nos fuimos a las 16:30, dos horas para comer unas brochetas creo que es excesivo. Me pareció que era culpa del servicio de sala, no de la cocina. Hay que ajustar los tiempos porque si tienes una hora para comer y volver al trabajo es mejor que no vengas aquí.
- Que no pusieran un aperitivo para amenizar la espera.
- Algunas mesas están demasiado cerca de las parrillas, delante nuestro se levantó una pareja porque no aguantaba el calor.
- A mediodía el sol entra a raudales por las cristaleras, lo que hace que algunas mesas, y sobre todo una de las barras, resulten incomodísimas. Esto tiene fácil arreglo con un estor.
- Parece que los camareros no tienen rangos establecidos sino que cada uno te trae lo que le parece, lo que crea cierta ansiedad porque si te falta algo no sabes muy bien a quien dirigirte.

En resumen, experiencia satisfactoria aunque mejorable, aun así volveremos y lo recomendaremos.

  • brocheta de setas

  • algodón de azucar y churros con chocolate

  • vista del restaurante

17:30. Me apetece ir a comer a algún lado pero es una hora difícil. Me acerco al Yakitoro. Ante mi sorpresa veo gente dentro comiendo. Entro y pregunto si se puede comer (iba solo) y me dicen que sí.

El servicio sigue algo despistado y los platos salen en orden aleatorio (bueno, primero los de cocina y después los de brasa)

Pido:
- Bravas: Prescindibles
- Esparragos: Aspecto tristón pero adictivos
- Chipirones: Muy buenos
- Bacalao: El único plato que repito de la vez anterior.
- Sandwich de panceta: Genial

Esto con una botella de Cruzcampo Gran Reserva.

Salgo contento, con un ticket de 27€, habiendo comido cosas ricas y diferentes en la oferta madrileña y además, en un horario intempestivo.

Gracias Chicote

Acudimos con muchas ganas de conocer en el nuevo restaurante de Chicote en Madrid. Viernes a mediodía y el sitio estaba hasta la bandera.
La experiencia estuvo marcado sin duda por el desastroso servicio. En general amable, pero muy mal organizado. Esperas insoportables entre plato y plato. Vinieron cinco veces (no es una exageración) a preguntarnos qué nos faltaba y ni por esas eran capaces de traernos lo que habíamos pedido (varias veces se equivocaron de platos).
Este desastre marcó la comida y probablemte mi percepción global del resto de puntos. Tratando de ser objetivo, el local es agradable, luminoso y tiene muy buena acústica aunque el concepto de mesas juntas no me termina de encantar.
En cuanto a la comida, estamos ante un concepto muy novedoso. No es un restaurante de primero, segundo y postre, sino más bien de raciones/tapas "empaladas". De hecho, creo que deberían ayudar más al comensal con los acompañamientos de cada plato. Un menú degustación creo que también les ayudaría a centrar el tiro.
En cuanto a la comida, muy irregular. Atun, bacalao y sardina buenos. El resto (albondigas, pollo, cordero, boquerones) nos dejaron un poco fríos.
Si el servicio hubiera sido bueno, la relación calidad/precio no sería del todo mala sabiendo que un sitio más de tapas que restaurante, pero pagar un solo euro por el servicio que tuvimos es muy caro.
Puntúo en el servicio del vino (que no pedimos), el nefasto servicio.
No pienso repetir.

Gracias a Verema me enteré que Chicote había abierto restaurante. Ayer me llamó un amigo para comer y como los dos somos "fans" de Chicote, le propuse ir al Yakitoro.

El local está chulo. Ya lo han descrito en comentarios anteriores. Todavía falla un poco el tema de organización, etc. Nadie te recibe en la entrada y hay que buscarse un poco la vida, pero no pasa nada porque Chicote cae bien.

Después de pedir una cerveza en la barra nos acomodan en una mesa (compartida). Es curioso el tema de las bebidas, al menos las cervezas porque son todas en botellas de 0´5l o más grandes. Pedimos la Cruzacampo Gran Reserva que está bastante bien (2 botellas).

De la carta pedimos:
- Berenjenas con miso rojo: Para comerse 4 raciones
- Shitakes: Quizá lo más flojo por el punto chicloso de las setas
- Bacalao: Muy bueno. Dicen buñuelos pero es como una tempura
- Albóndigas de pollo: Nos lo recomendó la camarera y acertó
- Atún rojo: Bueno pero algo escaso. Lo he comido mejor por Cádiz
- Patatas fritas en tempura: Muy ricas. Juraría que también había cebolla tipo onion rings
- Helado de fresa y wasabi: Muy acertado este postre por lo sorprendente de que funcione esa combinación
- Crumble de manzana: Rico pero demasiado azúcar para mi gusto

La oferta culinaria es muy interesante y sabrosa. Se agradece que haya un local que se salga de la típica oferta madrileña y encima a muy buen precio.

Cierto es que falta todavía un poco de organización, sobretodo en el orden de los platos y servicio. Los camareros/as son muy amables y voluntariosos. A ese precio se disculpan muchas cosas.

Hoy he vuelto con mi chica y nos ha sido imposible conseguir mesa. Hoy si estaba Chicote en la sala (ayer no). La verdad es que tenía una cara de agobio bastante importante (la gente pidiéndole fotos y esas cosas)
Ojalá le vaya muy bien e inaugure más locales.

Vuelve Alberto Chicote al “foro gastronómico” tras la separación de Benjamín Calles en Nodo y Pan de Lujo, y su ascensión catódica en Pesadilla de la Cocina y Top Chef, y lo hace abriendo Yakitoro. Juego de palabras para dar una gruesa pincelada ibérica a los yakitori, brochetas tradicionales japonesas fundamentalmente de carne ó verduras que se cocinan a las brasas.

La propuesta culinaria consiste fundamentalmente en adaptar platos patrios a esta técnica de la brocheta. De esta forma podemos encontrar patatas bravas, tortilla, pimientos, boquerones fritos, espeto de sardinas, pollo al ajillo, cocido madrileño todos ellos atravesados por un palo.

Interesante concepto gastronómico, por ser único, muy diferencial, ameno, foco en que se comparta alcanzando un ticket medio aproximado de 25€.

En las mesas un detalle a destacar, un hueco en el que se deposita hielo y agua para depositar la bebida, al llegar ya hay diferentes botellas de cerveza; entre ellas una “litrona noble” de Cruzcampo Gran Reserva que se bebe con facilidad.

Casi recién abierto, domingo noche, y el local roza prácticamente el lleno con Chicote a los mandos. Dos de las tres brasas abiertas, adecuada extracción de humos y muy buena sonoridad que permite conversar con la sala repleta.

Comenzamos con el ceviche de corvina con cilantro, ají amarillo, y su leche de tigre. Se recomienda degustar y beber. Agradable combinación, más suave en acidez que los ceviches tradicionales.

A partir de aquí entraríamos en una fase donde se percibe que Yakitoro está en pleno ajuste: platos que se quedan en el mostrador sin ser llevados a la mesa, y son devueltos por falta de temperatura, otros que llegan sin haber sido solicitados, demasiado tiempo entre unos y otros. Negocio en pleno rodaje que necesita de una sincronización importante en las comandas y su asignación a los comensales al compartir la mesa entre diferentes grupos (aunque no era nuestro caso). Desde mi perspectiva, si se conoce esta situación de rodaje, se debería reducir el aforo hasta que el servicio vaya afinándose; y la experiencia del cliente sea la deseada. Alberto presente en la sala era consciente de la situación. Como si Chicote necesitase encontrarse con su alter ago.

El espeto de sardina con pan rústico y aceite de mar llega muy hecho con una sardina de gran tamaño que realmente cuesta comer de la forma que se degusta este pescado azul (manos). Tendremos que esperar al verano cántabro.

Llegan las pequeñas patatas asadas con salsa brava; auténtica ésta última con profundidad en el sabor sin ser demasiado picante. Para repetir.

Y luego, las setas shitakes frescas con salsa de ajo cocido y virutas de bonito seco. Primer bocado en el que se notan los sabores ahumados tanto por las brasas como por las virutas de bonito. Otra combinación acertada.

De la tierra al agua con el atún rojo, y pak choy, lacado sobre pan y salmorejo. Buen producto, sin presencia del vegetal oriental, con el plato veraniego cordobés realzando el pescado que viene ligeramente pasado de punto.

Otra tapa bien tradicional pasada al mundo del pincho atravesado son los chipirones con salsa de cebolla dulce. En este caso, buen punto en brasas y ese toque de la cebolla cuasi caramelizada. Se echa a faltar un mayor punto de sal que aportaría un buen contraste.

Acompañamos con unas patatas fritas en tempura con salsa de sésamo tostado. Cortadas tremendamente finas con una textura diferencial y sútil, resultando adictivas con ese condimento. Para comerse un saco.

Pasamos del mundo de la brocheta, y nos intentan trasladar a Momofuku (New York) con el Panecillo tibio de arroz con panceta ibérica y pepino (“David Chang”). Como nunca he estado en el local neoyorkino, imposible montar cualquier comparativa que se precie. En Yakitoro, el bocadillo resulta muy agradable en textura, y con un buen equilibrio entre la grasa y la frescura de la verdura. Quizás un mayor aderezo en la panceta para que ésta tome un poco más de protagonismo sería la guinda a la pareja de ingredientes que se adaptan casi a la perfección.

En el apartado dulce, los postres llegan raudos y veloces (no hay brasas en nuestra petición), crumble de manzanas con helado de vainilla, y el helado de fresa con wasabi y galleta de jengibre. Ambos ideales, el primero con un agradable contraste de temperaturas, y texturas, resulta un postre sencillo, perfectamente ejecutado, que aporta directamente placer. El segundo más “chicotiano” recuerda a Nodo, mezclando el wasabi con la fresa, haciendo sentir un pico de gusto picante tras la frescura y acidez de la fruta. Buen final.

Espacio enfocado para compartir mesa, platos, para que se respire un aire tabernario, de fiesta; que desgraciadamente todavía no alcanza.

El servicio aún está en pleno proceso de adaptación, así como el terminado ó punto de algunos de los bocados. Existe la posibilidad que tuviéramos la mala suerte de una noche algo aciaga, ó será que nos hemos precipitado y se debe visitar la novedad después de unos meses de rodaje.

En el apartado culinario, destacaríamos las bravas, el ceviche suavizado en acidez, las patatas en tempura con jengibre, y ambos postres. La oferta dispone de tanto fondo de armario que queda abierta la puerta para una posterior visita, en la que seguramente todo esté mucho más afinado, y disfrutaremos.

Yakitoro: Vuelve Chicote con un novedoso concepto.

Para ver post completo como siempre http://www.complicidadgastronomica.es/?p=3765

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