Creo que ya está bien descrito el edificio, entorno y el trato simpático y familiar de la propietaria de este pequeño hotel. Sin duda alguna merece la pena si se desea conocer la comarca de Las Arribes del Duero.
Reservamos una habitación triple en el ático, muy amplio y acogedor. Suelo de tarima, paredes de granito hasta media altura y techo con vigas de madera. Resto de pared de color amarillo envejecido. Cuarto de baño sencillo pero con buenos detalles. Minibar vacío y cama supletoria bastante incómoda.
Desayuno buffet incluido en el precio algo justo (zumos de tetra, brick y café americano, tomate natural y mermeladas de envases individuales y pocas opciones de bollería y embutidos), aunque me imagino que el precio pagado tampoco permitiría mayores alegrías.
Tienen un restaurante muy aceptable con platos tradicionales de la zona y comentado en la sección de restaurantes.
El precio indicado incluye desayuno y cama supletoria.
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