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La semana pasada estuve en Tallin (la capital de Estonia) 4 días y me gustaría

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Kastroboy

Mi pequeña experiencia gastronómica (y algún detalle más) en Tallin (Estonia)

La semana pasada estuve en Tallin (la capital de Estonia) 4 días y me gustaría comentaros un poco el tema gastronómico allí, así como alguna curiosidad. Fue un viaje medio familiar medio trabajo (de ahí lo de que fuera en invierno).

Llegamos al aeropuerto de la capital (vía Frankfurt) el miércoles a eso de las cinco de la tarde hora local (ya de noche) con unos 4 grados bajo cero. Un taxi (18 eur) nos llevó al Hotel, a escasos 150 metros de la ciudad antigua. Llamó la atención el humo que salía de los tubos de escape de los coches, me imagino que por la baja temperatura. Habíamos quedado con otra persona de Madrid (nosotros veníamos de Barcelona) que también iba por el mismo tema de trabajo y la verdad que fue bastante problemático encontrarla (el frío, la desorientación, el ser de noche, el quedarnos sin batería de móvil, sin google maps y sin el móvil de esa persona...). Afortunadamente encontramos casi de casualidad el Hotel donde se hospedaba y llamando a recepción bajó con nosotros. Comentar también a modo de anécdota que fuimos unos minutos antes incapaces de localizar un centro comercial distante poco más de medio kilómetro del Hotel y tuvimos que pillar un par de taxis... Como no era cuestión de buscar un local a 5 bajo cero ya y con un viento helado, decidimos quedarmos a cenar en el Restaurante del Hotel:

https: //www.radissonhotels. com / es-es / hoteles / radisson-blu- tallinn-olumpia

En él se ofrecía comida bastante internacional, de tipo italiano más bien. De entrada, como es costumbre allí, nos trajeron un surtido de panes y mantequilla obsequio de la casa. De primero, yo tomé una deliciosa crema de pescado (5.50 eur) y de segundo un Risotto de setas (12 eur) que ya no me gustó tanto por un par de detalles: llevaba hojas de lechuga DENTRO del plato y el queso parmesano estaba en escamas y no rallado. Para beber, algunos tomaron agua y otros cerveza. Comentar que el precio del vino es casi prohibitivo en Estonia: copas a 8 eur (eso sí, de 16 cl) y botellas de 25 para arriba (vi un Cava de Perelada). También hay que tener en cuenta que era el restaurante de un Hotel de 4 estrellas. Casi dos semanas después no recuerdo si tomamos postre, pero la cuenta nos salió a unos aceptables 20 euros por cabeza.

A la mañana siguiente y más situados desayunamos en nuestro Hotel que era un 3 estrellas que en España tendría entre 1 y 2. Afortudamente la primera comida del día sí que estaba a la altura: leche, yogur líquido, zumos de naranja, manzana y arándanos, macedonia, fruta, croissanes pequeños, trocitos de tarta que variaba según el día, "blinis" o tortitas tipo pancake, dos tipos de mermelada, gachas, pescado tipo arenques con salsa de tomate (no era lo que más apetecía a esas horas), tostadas de dos ó tres tipos de pan, judias, albóndigas, salchichas, bacon (según el día), lonchas de queso, jamón dulce, tomate, lechuga y más cosas que seguro olvido. Café de máquina, café en jarra, otra máquina de café, tés, infusiones... un lujo para los que no estamos acostumbrados a ir de hotel.

La primera mañana nos decicamos a patear la ciudad antigua a 5 bajo cero y bien abrigados (aunque en el primer momento sólo aguantamos media hora fuera). Es de hacer notar que, aunque había zonas de hielo en las aceras, se podía caminar muy bien, la verdad es que en aquellas latitudes están muy bien acostumbrados a las condiciones climatológicas y cuando empieza a nevar no tiran sal sino unas pequeñas piedras para no resbalar. Precioso Vanalinn o la ciudad antigua y evidentemente muy poco turismo. Para comer entramos casi de casualidad en un Restaurante llamado Peppersack:

http://www.peppersack.ee/

Este local ya se puede decir que es más representativo del país (dentro de la zona turística, claro está). De entrada el personal va ataviado con trajes típicos estilo medieval y las mesas y la decoración están a la altura. De primero (antes nos trajeron el pan y la mantequilla de rigor) también me pedí una sopa (Borsch, de remolacha) que no sé si es típica rusa (la camarera me dijo que ucraniana, no sé si por la tirria que los estonios tienen a los exsoviéticos, ya explicaré más adelante cosas) entre dulce y picante y con crema agria añadida (algo que es muy habitual y que personalmente lo encuentro adecuado en algunos platos pero en otros no). La Borsch no me convenció mucho porque la encontré algo picante, pero la cambié con otra persona a la que le gustaba más y a cambio me tomé una de pescado que me encantó. Tomamos para beber cerveza (0.5 litros) en jarra que se cotizaba a unos 4 euros. De segundo me decidí por un plato ligero de patata al horno con una curiosa ensalda al lado y crema de salmón y queso (5.50 eur). De postre, una especie de nata/crema al licor típico de la ciudad, el Vana Tallinn (basado curiosamente en ron y no en vodka), acompañada con fresas y salsa de arándanos (otro ingrediente muy habitual). 5.50 eur. Me gustó bastante esa crema y el alcohol se notaba pero no era excesivo. Un inciso para comentar el tema de las propinas en Tallinn/Estonia... según las guías no es es algo obligado pero al parecer los sueldos de la hostelería son bajos (como en casi todo el mundo por otra parte) y se agradece dejar algo. En una guía local recomendaba el 10-15% pero hay que reconocer que no llegamos a dejar esas cantidades aunque sí que más que los 2/3 euros que se suele dejar en una cena normal de 4 en Barcelona en restaurante medio.

Por la tarde estuvimos charlando un rato con una rusa muy simpática que vendía ropa de abrigo en un tenderete en la ciudad antigua, la mejor experiencia sin duda allí con gente del mayor país del mundo. Cuando empezó a anochecer (hacia las 15:45...) entramos en el mismo centro comercial (Solaris) del día anterior y pasamos un buen rato en un súper, comprando alguna cosita que nos hacía falta y curioseando la comida (zumos bastante extraños, mucha fruta y hortaliza española - kumato a 4 eur/kg...-). Me fijé en que se vendía un amplio surtido de vinos de todo el mundo con precios quizá un 20% superiores a los de nuestro país). Digamos que en general encontrabas casi todo lo que hay en España más algunos productos "exóticos".

La cena (de hecho ésta y las 3 siguientes) las hicimos en el restaurante del hotel (la verdad es que con familia no apetecía salir otra vez a esas temperaturas), que era de tipo alemán:

http://www.baierikelder.ee/

El lugar, que era el mismo destinado al desayuno, era bastante acogedor con mesas de madera, sillas de 12 kilos de peso, camareras ataviadas estilo Oktoberfest... La comida, aceptable, pero sin ser muy destacada, tipo cervecería teutona con toque báltico. La primera noche tomé "Lavash chips with hummus and tomato sauce" (5 eur) que resultaron ser como 15 láminas finas parecidas a esa especie de pan que te ponen en los restaurantes hindús con salsa de hummus y otra de tomate picante. No me gustó mucho la verdad esta última y el pan no era tampoco muy bueno, no me pude acabar todo. De segundo, plato "pequeño" (10 eur) de salchichas con chucrut, patatas y mostaza. La ración era enorme (8 salchichas pequeñas y demasiado quemadas) y tampoco me la pude acabar. No tomamos postre. Las cervezas (tipo alemán, belga, alguna estonia) con precios tipo Barcelona. Lo bueno de este local es que la cuenta no subía mucho más de 15/18 eur por persona.

El segundo día completo nos ofreció de pronto 3 agradables sorpresas metereológicas: que había nevado un poquito por la noche, la temperatura era de 1 grado positivo y que salío el sol y todo! Visitamos el barrio alto (Toompea) de la ciudad vieja y pudimos tomar bellas fotos. Como anécdota, entramos en la catedral ortodoxa de Alexander Nevski y dentro nos hicieron quitar los gorros. Un poco más tarde fuimos a una cafetería (cafés entre 2.50 y 3 euros!) en la que la camarera era estonia: digo esto porque antes del viaje aprendí algunas palabras de esta lengua ugro-finesa (gracias, hola, la cuenta, agua, etc) y notaba que por ejemplo la recepcionista del hotel se mostraba ago fría al escucharme (más adelante descubrí que era rusa y me sonrió cuando le dije "espasiva"). No es el sitio para extenderme con el tema, pero sólo comentar que en Estonia el 30% aprox de la población es rusa y que la relación entre estonios/rusos es algo complicada debido a la represión soviética y al hecho de que tampoco el gobierno local tras la independencia en 1991 se comportó muy bien con los eslavos.

Tras tomar buenas instantáneas desde uno de los miradores de la parte alta, acompañados por algunas gaviotas, ya era hora de la comida y fuimos "invitados" a entrar en un restaurante medieval por unos empleados muy bien caracterizados: el Olde Hansa, quizá el local más famoso/típico de la ciudad. ¿Una trampa turística? Quizá, pero hasta cierto punto:

http://www.oldehansa.ee/en/

Lo primero que llama la atención es que el local (que merecería él sólo un hilo), enorme, está perfectamente ambientado a los tiempos medievales de la Liga Hanseática, una asociación comercial de la zona del Báltico, básicamente germana, que tuvo lugar sobretodo en el S.XIV. Mesas y sillas muy bien logradas, iluminación exclusivamente por velas, que hacía bastante difícil visualizar bien los platos… El personal, perfectamente caracterizado, fue muy amable y hablaba un buen inglés. Poco a poco te vas dando cuenta de que los detalles están muy conseguidos. Al saber que veníamos de Barcelona nos trajeron una carta en castellano… pero en castellano antiguo, haciendo referencia a Sancho Panza y todo (aunque el Quijote era posterior a esa época…) y con expresiones que te hacían sonreír, pero que también te demostraban que se habían documentado mucho. Más detalles a tener en cuenta: no había ni patatas ni maíz ni tomate en los platos (vinieron más tarde de América), las cervezas venían en jarras de litro de cerámica (se podían llenar de medio litro o a tope), había hidromiel, cucharas de madera para servir, etc.

Refiriéndonos a la comida, comentar que servieron los típicos entrantes. Dudábamos qué pedir (había platos “para nobles” con caviar por 180 eur y otros que se iban de precio). No es un sitio económico pero hay opciones bastante asequibles. No era fácil escoger qué comer con nombres tan pintorescos. Yo escogí una especie de plato combinado en el que había carne cortada a trozos acompañada de arándanos y verduras (como he dicho antes no se veía muy bien qué era). Llevaba una salsa que me gustó bastante (no recuerdo de qué) y lo más destacado es que había una especie de pan en forma de saquito que se rompía con la mano y que estaba relleno parece que de alguna legumbre (bastante rico la verdad). El plato valía unos 10 euros. A destacar en la carta: platos de caza (jabalí, alce… e incluso oso). Este último se cotizaba a 55 euros, pero igual (éramos 5) hubiera valido la pena compartirlo, pues no es algo que se pueda hacer habitualmente… Los postres también eran extraños. Pedí un café que venía acompañado por un trocito de tarta bastante dulzona. El café estaba coronado por nata con azúcar y tenía bastante licor: una mezcla de carajillo y capuchino a lo bestia. Comentar también que los wáteres eran dignos de mención, y más el de mujeres, que sólo vi en fotos. Al entrar por cierto nos dieron una moneda imitación antigua de recuerdo y nos invitaron a un chupito de licor de limón (que más recordaba a naranja). Al pagar la cuenta (no mucho más de 20 eur por cabeza) se invitaba a dar pieles de ardilla y ducados a los mesoneros. Resumiendo, una experiencia en todos los sentidos pero no para repetir a menudo.

Al día siguiente subimos a la Torre de la TV (175 m) de Tallinn desde la que se ven magníficas vistas aunque el día era nublado. Después, un rato por la nevada playa de Pirita en el mar Báltico fue bastante memorable: no sólo por los patos y cisnes que se paseaban sino por el hecho de que en la orilla había olas que se habían congelado… Todo esto con enormes barcos al fondo que se dirigían a Helsinki o a Estocolmo. Completamos la mañana visitando el Museo de Arte del Palacio Kadriorg que, sin ser decepcionante, tenía más continente que contenido.

La comida fue en un restaurante cercano, casi escogido al azar con el hambre apretando:

http://www.restorankadriorg.ee/en/

Sin lugar a dudas fue el sitio más refinado en el que estuvimos, con un trato exquisito, incluso superior al del Hotel de la primera noche. Bastante internacional: había comida italiana, marisco, carne, etc. Tomé un plato de pasta a la tinta de calamar con pimiento y salsa de vino (13 eur) fantástico aunque la ración era pequeña. Los postres (5/6 eur) eran también muy bien presentados (creme brulee, cheescake…). Comentar que obviamente nos sirvieron un fantástico plato de panes y mantequillas. Para acabar tomé un especie de vino dulce local (3 eur) pero no entendí muy bien al camarero de qué era ya que no hay viñas en Estonia… tal vez era de manzana: algo vi por internet. El caso es que estaba bueno, color ambarino y muy suave. Toda la comida por cierto amenizada por el paso de tranvías por debajo (era un primer piso), alguno de ellos de la época soviética.

Esta, a grandes rasgos, fue mi experiencia allí. Al día siguiente repetimos en Peppersack (quizá nos pasamos un poco pidiendo platos, destacable la cerveza a la miel, muy suave y no excesivamente dulzona).También un apunte de que el chocolate es bastante famoso en el país y una marca, Kalev, que no sé si es estatal, está muy presente. El precio de los bombones sí que es muy asequible, unos 8 eur/kg a granel y hay muchas variedades en tabletas de 100 gr.

Para acabar (espero no haberme extendido mucho) hablaré un poco del vino (aunque sólo tomé uno dulce y quizá ni lo era…). No pedimos porque tampoco le vi mucho el sentido a pagar cifras importantes por un producto que no es local y que puedes degustarlo mucho mejor en Barcelona (a parte de que muchas comidas maridaban bien con cerveza). Sí que quiero comentar que había vinos españoles, también cavas, tanto en las cartas de los restaurantes importantes como en las tiendas, aunque más italianos, franceses y alemanes. Les gusta mucho este mundillo, pero los precios son muy altos (copas a 6/8, vino de la casa a 18/20, caldos interesantes a 25 o más…

En resumen, un país muy interesante a visitar (aunque sólo vimos Tallinn, preciosa ciudad), aunque mejor entre abril y mediados de noviembre con una cocina que si bien no merece una visita sólo por eso sí que vale mucho la pena probar. Un saludo.

Sopa Borsch

Sopa Borsch

Sopa de pescado

Sopa de pescado

Patata asada con crema de salmón y queso

Patata asada con crema de salmón y queso

Postre al licor Vana Tallinn

Postre al licor Vana Tallinn

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