Juego Literario
Hilo cerrado
Ya era hora...
Ver mensaje de Max SettiPorque esto se estaba quedando un poco muerto... Por cierto, no habrá asesinatos en Vino Hasta Aquí?, seria una forma de darle "vida", jeje
Un saludo, y esperamos la 2ª entrega con impaciencia
Me dejé llevar
He podido ver todo el foro y creo que ya tengo claro como funciona. Disculpar si me anticipé. La verdad es que coincido con Javierm en que la historia albergaría de lujo alguna trama negra. Así que me he decidido a escribir lo que continua. Acabé tarde escribiéndola y me costó quitarle una coma, por lo que os pido disculpas por anticipado por su extensión. Espero que os guste.
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1. Una mosca.
Que la mosca es un insecto repugnante y pesado es una opinión bastante generalizada. Se las asocia con la mierda y eso es mala tarjeta de visita. No obstante, si consideramos que la mayoría de la población mundial vive rodeada de basura y que la que vive rodeada de cemento piensa que la vida es una mierda, la mosca debería ser algo así como un ídolo al que rezar y no un cuerpo flotante en un tinto de verano.
2. El Primer despertar.
Javier ha despertado en camas propias y ajenas, sudado o tiritando de frío. Ha despertado bruscamente o pausado, tras pesadillas o sueños eróticos. Con sus años, Javier tiene una gama de despertares amplia y generosa, y mira tú por donde nunca se ha despertado molestado por una mosca.
Lo despierta una mosca, sí una mosca vulgar y maleducada. Revolotea la pobre extasiada por un intenso olor a algodón sudado y pantalones con eau de orín. Probablemente la mosca describiría mejor está escena y la enriquecería con un millón de matices que resaltar, inapreciables afortunadamente para el olfato de cualquier ser humano.
El cosquilleo nervioso de sus seis patas en el labio inferior le devuelve a este mundo del que intenta guardar pocos recuerdos. Vivir hoy es un lema que perfectamente podría tatuarse en el pecho. Es el despertar más horrible que ha tenido nunca. Casi todos los sentidos, disciplinados pero magullados, ocupan su puesto de trabajo. Un insoportable dolor de cabeza en el cuarto trastero y una canción que debió escuchar anoche, Los Secretos y su Buena Chica se han hecho fuertes en la zona que abarca de la granulosa hasta el corpúsculo, no hay un lugar en su cabeza donde no den concierto. Cuando acaba el estribillo vuelve a empezar de nuevo. Saliva, como tal, no hay en una boca seca. Un mal sabor amargo en el que no reconoce sabor alguno y los oídos taponados como si hubiera dormido colgado del bafle de una discoteca.
La mosca ha cambiado de tercio y se hace en el arco de su oreja un chalet adosado. Probablemente estará jugando a especular con la cera. Es entonces, cuando instintivamente trata de ahuyentarla, que cae en la cuenta de que no tiene fuerzas para mover los brazos, músculos de trapo, y que está sentado, bueno espachurrado en un sofá. El miedo va íntimamente ligado al vértigo y se puede caer incluso estando sentado, espachurrado. Intenta mover la piernas, la izquierda nada, como mal cosida. Con la derecha tiene un poco más de suerte y obtiene un balanceo, tacto de seda húmeda contra el muslo. ¿Seda húmeda?. Ahí es cuando cae en la cuenta de que se ha meado encima. No puede abrir los ojos, los párpados son dos lonas amortajadas que invalidan las pupilas. Más miedo, más metros de caída, más orín que resbala donde pierde la sensibilidad y sólo dios sabe dónde desemboca. Y ese aroma a moqueta y flores secas tan de estar de visita y ese dolor de cabeza con sus venerados Secretos que invita a arrancarse de cuajo las orejas. Qué o Cuánto bebí ayer. Siquiera se acuerda… de nada, no se acuerda de nada. La salida más cobarde es intentar dormirse, que todo vuelva por su propia inercia a ser sencillamente como debe ser. La opción de los miserables es intentar dormir y él lo consigue a la primera.
3. El Segundo Despertar.
De nuevo es la puñetera mosca, que continua sin permiso de obras en oreja ajena, quien le arranca de los brazos de Yàs. Un sueño redondo para un hombre es aquel en el que alguien trata su pene como un tótem y este lo era, para qué más datos. Entretanto se le ocurre que los movimientos repetitivos de la mosca tienen que querer decir algo, como los códigos empleados en tiempos de guerra, parece llamarle, alertarle. Pero, ¿porqué va una mosca a tomarse la molestia de advertirle y además, de qué puede advertirle una mosca, una simple mosca?. Se alegra al darse cuenta de que divaga. Vaya, si soy consciente de que divago al menos debo de estar vivo, se conforma. Ahora sí puede abrir los ojos aunque la visión, tremendamente borrosa, no le aporta muchos datos. Está en alguna habitación, parece grande, quizá una sala, con poca luz y todo muy quieto, no percibe movimiento alguno. El zumbido en sus oídos, casi ya imperceptible, le permite no escuchar nada más allá del aleteo nervioso de unas diminutas alas, un silencio blanco impera en dónde diablos esté. No sin poco esfuerzo consigue colocarse adecuadamente en el asiento. Para tal gesta necesita de una combinación de piernas y brazos, que responden torpemente a un escaso 20% de sus posibilidades. Están ustedes cuatro despedidos.
La vista, poco a poco, se va acomodando al entorno. Una telilla translúcida le impide atinar. No puede evitar acordarse de cuando de niño imitaba a su abuela, enferma de cataratas. Sin duda se encuentra en una habitación espaciosa, una cortina blanca con más capas que una cebolla deja pasar los últimos rayos de luz del día, también podría estár nublado y ser las 12:00 de las mañana. Las paredes de ladrillo lo han desorientado en un principio, pero luego recuerda haberlas visto ojeando alguna revista de interiorismo para personitas fashion en la peluquería de Emilio. Le cuesta mantener con la tensión del cuello su cabeza-buque, por lo que la baja hasta llegar al ombligo y de camino descubre una moqueta, el olor de ésta y sí, la mancha circular reseca que se ha extendido alrededor del sofá. Si la mancha está reseca es porque lleva allí un tiempo considerable, pero ¿cuánto?. El tiempo es más relativo que nunca si no sabe ni donde está.
A un par de metros se dibuja una escuálida mesa bajo un espejo de grandes pretensiones y marco rococó. Joder, que feo es. La ocurrencia le arranca media sonrisa, media porque la otra mitad de la boca cuelga grávida, menuda pinta saludable, me daría algún telele y alguien me trajo aquí, concluye. Esfuerza la vista, sobre la mesa unas tarjetas, una guía de la ciudad, dos vasos de agua, sendos posavasos, botellín de solan y una revista. Como en los VHS afina el tracking y descubre un bolígrafo de publicidad. Todo ello sí le es familiar. No cabe duda, está en la habitación de un hotel y no un hotel cualquiera.
Despierta, más psíquica que físicamente y decide no alejar a la mosca de su oreja preferida en agradecimiento a su colaboración. Necesita beber agua ya. La lengua, inflamada e intratable le ahoga. Justo cuando lo va a pensar, alguien se adelanta y le ahorra tan nimio esfuerzo.
4. El Extraño
Buenas tardes, Sr. Testán. Encantado de conocerle despierto. Probablemente se encuentre un poco aturdido pero no se alarme, en media horita estará casi como nuevo y ese dolor de cabeza tan espantoso habrá desaparecido por completo. Cuando llegue ese momento, créame, la cefalea puede que no sea ya un problema. Es natural que se pregunte qué hace aquí, cómo ha llegado… no sea impaciente, toda pregunta lógica tiene una respuesta a su altura y lo único que le pido es paciencia.
La voz se va acercando desde una esquina de la habitación, ángulo muerto en el espejo. La escena pues está planificada a la perfección como en un set de cine y Javier puede por fin hacerse una composición de lugar. Lo han colocado en un sofá apenas a dos metros de un espejo desde el que controla parte de la estancia y desde el que a su vez está perfectamente controlado. Quien quiera que sea la voz es español y habla sosegado y seguro, con dejo valencianote castellanizado, probablemente una persona culta. La cree reconocer pero no la identifica, ¿de qué, *****, de quién es esa voz? La cabeza de Javier procesa mal, con algoritmos cojos una idea no llega a cruzar la acera para llegar a la otra parte. El hombre se detiene a su altura, se coloca frente al espejo y mirando el reflejo busca los ojos de Javier. No distingue su cara, si tan sólo viera su cara probablemente todo cobraría sentido. Complexión media... pelo en la cabeza… nada, no tiene nada.
Usted no sabe quien soy yo, me ha confundido…qué le he hecho…yo no tengo casi nada de valor, balbucea entre babas casi ininteligiblemente. Le repito, Sr. Testán, que no malgaste el tiempo en preguntar. Usted es quien debe de ser y está donde tiene que estar, que no donde le gustaría, en eso coincidimos. Vacía sobre uno de los vasos con agua unos polvos y se lo acerca a la boca. Como veo que los efectos de los narcóticos han sido más profundos de lo debido, beba un poco de esto, le espabilará. No tengo toda la tarde. Si fuera su médico le diría que se mirara la riñonada, pero obviamente no lo soy, haga el favor y beba. Negarse es absurdo, no tiene fuerza ni para atar el lazo de un vestido de primera comunión, opta por beber el brebaje con sabor a medicamento.
El hombre va armado. Javier no entiende de calibres, pero la culata negra de una pistola asoma enfundada en su cinturón. Tampoco está Javier para grandes batallas y el miedo ante tanta incertidumbre no ayuda a pensar con claridad. En todo caso, el brebaje ha surtido su efecto y, aunque profundamente aturdido, ya es un ser humano a medio hacer, que es más de lo que era. Le conozco, seguro, pero no le localizo. El hombre sonríe. ¿Disfrutó del maridaje de anoche?, el Pinot Gris Grand Cru 2005 insuperable, ¿verdad?. Yo lo hubiera acompañado de un plato más contundente, pero claro, esta alta gastronomía…. No fue fácil conseguir el trabajo para una sola noche, tuve que mover muchísimos hilos, ni se lo imagina, ni conducir su café de la máquina a la mesa sin que nadie se percatara de cómo ponía los polvos mágicos. No hay como romper dos copas de vino en una reunión de enólogos para que todos miren embobados los cristales. Me ha costado usted muchas molestias, Sr. Testán, aunque haciendo honor a la verdad también me va a generar un pingüe beneficio. Sabía que no se fijaría en mí, allí sólo había ojos para el puto vino. ¿Sabe Sr. Testán lo único que distingue a un borracho de un enólogo o como diablos se hagan llamar? Los hábitos de rutina en el consumo.
Javier, como buen comercial, sabe que el negocio está jodido. Con los listillos y los locos no hay venta, lo quieren todo o nada. Este es una mezcla de ambos. Date tiempo, alguien debe haberos visto, alguien te echará en falta, no existe el crimen perfecto. No, no existe pero la gente muere a manos de otra gente. Vuelve a tener ganas de orinar. Haz preguntas abiertas, parece que le gusta hablar y ganarás tiempo, y si de paso sacas algún dato, pues mejor. ¿Pero yo qué le he hecho?.
Uy, nada, nada. Por eso tranquilo. Siquiera conocía de su existencia hasta hace un par de semanas. Aquí, no hay nada personal, vea por ejemplo que no me he ensañado con usted cuando estaba inconsciente. Podría haberle roto un par de dedos, o los tobillos, o cortarle la lengua… excentricidades exóticas en este negocio hay muchas pero a mi no me han pagado por ello. Hay compañeros que se excitan con esto, lo he leído en un dominical, comprenderá que aquí no hacemos grupos de tiro como tienen ustedes grupos de catas. Yo lo hago por sacarme un sobresueldo, un dinerillo. Soy un sicario, que se lleva mucho ahora, o un asesino como se ha dicho toda la vida. Vamos, que mato a gente por dinero. Se mueve por la habitación mientras gesticula y no duda en darle la espalda a sabiendas de las limitaciones del reo, se nota que no es la primera vez que sigue con alguien este procedimiento. Para en seco, se gira y palpando la culata con la mano derecha aclara para evitar suspicacias, si se le ocurre gritar le mato ya, sin más. Si no grita lo mismo le doy una oportunidad… usted mismo.
No puede ser que nadie le haya pagado, mis enemigos me tienen tan poco aprecio que no darían ni un duro por mi cabeza. Usted es un loco paranoico que le gusta travestirse de asesino, un delincuente. El falso camarero lo mira con benevolencia, usted no tiene enemigos, eso es cierto, pero tiene fantasmas que no han muerto.
¡Qué clase de fantasmas. Los fantasmas no existen!, alza la voz Javier. El hombre desenfunda y apunta al pecho, el arma lleva un silenciador, nadie nunca lo oiría. Le he advertido que no levante la voz. Si vuelve a hacerlo no lo dudaré, lo mataré y me ahorraré el atasco de volver a casa. No miente. Vuelve a guardar en su nido al pájaro. Javier siente que el corazón le late mil veces más que cuando vio a la primera mujer desnuda. Ese recuerdo le reconforta, sin llegarlo a conseguir le abstrae de la tensión nauseabunda.
5. El Juego
Pero bueno, basta ya de cháchara. Veamos, soy eso, un matador que dicen en México, pero no uno cualquiera, la gente acude a mí porque saben que no fallo, aunque eso también estará en la tarjeta de visita de todos. Yo aplico un método genuino que nació casi por casualidad, en mi segundo trabajo, que tiempos…. Créame, es muy divertido. Se le ve francamente ilusionado, como a un presentador en la ruleta de la forturna. Le voy a dar la opción de irse si acierta tres… acertijos. Cada respuesta correcta tendrá una respuesta por mi parte. Si acierta el primero… le diré quién soy realmente. Si acierta el segundo… quién encargó el trabajo. Si acierta el tercero salvará la vida.
Este trabajo no tendría sentido si cada participante no asumiera un riesgo, al menos no para mí, yo necesito saber que le doy una opción para justificarme a mí mismo apretar el gatillo. Tengo mi conciencia, aunque no lo crea. Como ve yo también me juego algo, mi propia libertad, y quien contrata se juega… bueno, pues usted verá que represalias. El peor parado sale usted, para que negarlo. Si me diesen a elegir entre libertad, honor y vida yo también me quedaría con esta última. Entiende la reglas… seguro que sí. Si no hay preguntas… comencemos. Habla muy rápido, casi sin respirar. Transpira que está loco por comenzar el juego.
Abre una maleta que duerme sobre la cama y saca una caja de madera. En su interior hay tres copas de catar vinos a ciegas negras como el carbón. Saca también tres botellas cuya única identificación es un número puesto en una pegatina, 1, 2 y 3. Así de simple y letal se antoja la oferta de caldos. Pone las tres copas en la mesita, frente a Javier, sirviendo en cada una su correspondiente vino. El juego es más fácil de lo que parece, lo he adaptado para usted por decisión expresa del cliente. Sé que usted ha probado una amplia carta de vinos a lo largo de todos estos años y que necesitaría vivir otras doce vidas para catar todos los caldos que actualmente se comercializan en el mercado. Yo le anticipo que todos estos vinos son tintos como usted puede ver y que los conoce porque algo han tenido que ver en su vida. Acierte los tres vinos y será usted libre. Los tres. Voy a beber un poco de agua, tanto hablar me está dando sed.
Comencemos Sr. Testán. Sorpréndame.
6. La Primera Copa.
Javier puede difícilmente levantarse, así que el todavía extraño le acerca la primera copa a las manos. Javier le pide con un gesto que le permita a él mismo manipular el recipiente. Su temblorosa muñeca baila el vino con destreza y como puede acerca el caldo a la nariz, cierra los ojos y antes de inhalar trata de buscar el mejor recuerdo que le venga a la cabeza, probablemente el último antes de cagarse de miedo. La mosca, ansiosa de su minuto de oro en la vida de Javier se posa en su mano, junto a la copa de vino. Que pena, su último recuerdo puede ser el de una mosca recién aterrizada en su vida. Abre todo lo que puede las aletas nasales y llena lenta y profundamente toda la fosa. Vamos Javier, este vino tiene aromas a … piensa *****, al fin y al cabo es una cata… una cata… aroma intenso, inhala una segunda vez, fruta madura y hasta una tercera pimiento verde y notas lácticas, luego separa la copa, ya no hay mucho más por reconocer.
No ha obtenido toda la información necesaria y consciente de ello el temor con su abismo de noche crece a pasos de gigante, la mano comienza a temblarle violentamente, será la tensión, en fin, que más da. Don yoséquienesustedperoustednosabequiensoyyo le ayuda a sujetar la copa. Vaya, amigo, ¿no cree que ha ensuciado suficientemente por hoy esta habitación?. Si derrama el vino se lo pondrá muy, muy difícil. Javier se asienta el borde en los labios y toma primero dos cortos sorbos que paladea moviendo su lengua nerviosa, finalmente remata todo el líquido que puede del continente y se encuentra la boca llena de notas balsámicas, sabroso, ácido… ¡lo conoce!.
Le sobreviene tal reacción de alegría y relajación que a punto está de volverse a mear encima. La mosca, que por allí continúa revoloteando se posa en el borde de la copa disfrutando del cóctel de babas y vino como un amante en cama ajena. Este sabor le es familiar, muy familiar. Tan familiar que el mismo firmó en el pasado la orden de fabricación, previa al proceso de embotellado, más de una vez. Javier, tu ex te salvó la vida, piensa para sus adentros. Y en parte esa afirmación es una verdad y una mentira. El vino es un Isabel Negra 2003, sin duda alguna, lo ha probado decenas de veces durante dos años y, aunque hasta ayer no era uno de sus favoritos, hoy sube de dos en dos los escalones hacia el olimpo de las sugerencias.
Vuelve a cerrar los ojos, trata de asegurarse, de no precipitarse, pero no hay lugar para las dudas, lo es. En cualquier otro lugar, en otra situación, los demonios de los malos recuerdos hubieran entrado en su boca junto a este tinto. Toda separación deja siempre un perdedor y un perdido. Créanme si les recomiendo ser el primero, el segundo corre con todo el coste emocional, con la tristeza insoportable, con la desconfianza y el miedo social, la negación de si mismo. Marta fue la perdida, a ella le tocó el perrito piloto. Qué cosas tiene la vida que hoy vino en su ayuda, qué subjetivo es todo.
Isabel Negra 2003, de Raventós y Blanc. Afirma.
¡¡Exacto!!. Ha sido fácil, ¿no?. Le recoge la copa de la mano y la deja en la mesita de nuevo. ¿En qué piensa Sr. Testán?. Seguramente alguien ha vuelto a sus recuerdos. Tengo un amigo que dice que las personas somos elefantes en una cristalería, es imposible que no dejemos huellas a nuestro paso, cristales rotos, sangre… ya sabe, elefantes en una cristalería. Se apoya en la mesita, frente a Javier. Supongo que ahora querrá que le cuente quien soy.
Un trato es un trato, yo cumplí mi parte, responde Javier, a quien el vino junto al laboratorio de química que lleva dentro lo han devuelto a la vida como una cerveza en un día de resaca. Vaya, esto debe ser lo más parecido a revivir.
Sr. Testán, le anticipo que nunca nadie ha salido vivo de este juego. Lo siento por usted pero es la verdad. La estadística me da una cierta ventaja, ¿no cree?. Soy el Sr. Higón, profesor de informática de sistemas en la Universidad Politécnica de Valencia, estoy casado y tengo dos hijos. Mi vida es feliz, normal, no sé, como la de cualquiera… . No doy el perfil habitual de un asesino, no hay traumas, tuve una infancia cojonuda, mi mujer es la envidia de mis amigos y me adora tanto como yo a ella, mis hijos me respetan…, no sé que más contarle…
Cómo empezó… Javier continúa tratando de ganar tiempo. No recuerda como salió de La Salita, alguien debió de verlos. Alguien debe notar su ausencia.
Sí, claro. Cuando era joven maté a un agricultor, un atropello involuntario y letal. Yo apenas tenía 17 años e iba sólo, pero me encargué de deshacerme del cadáver y me salió bien. Cometí un error propio de la edad… se lo conté a un amigo. Un amigo cuyo padrastro le arreaba unas palizas de hospital. Mi amigo no me dio más alternativa, denunciarme o ayudarlo. Lo hice, lo hice bajo la premisa de hacerlo yo sólo, no quería testigos. Y debí hacerlo bien porque hasta hoy no han aparecido ni uno ni otro, ni ellos ni ninguno, ya le avisé que era bueno en esto. Mi amigo heredó una fortuna y decidió darme un pellizco en agradecimiento a su nueva vida. Este fue el motor de arranque, después… bueno, soy informático e internet ofrece un sinfín de posibilidades, viajo a otras universidades por mi trabajo y no ficho, nadie me controla. Mi mujer vive bien y no pregunta, confía en mí… y este trabajo me ayuda a llevar un alto nivel de vida, muy alto, algo que ni de lejos tendría con la mierda que me paga la universidad.
Pero no tiene remordimientos. Ir matando no es algo… es que no sé ni cómo describirlo.
Sí claro, no es algo digno, pero aquí no estamos para tratar lo humano y lo divino. Yo ya he cumplido, Sr. Testán, y le quedan dos copas, dice mientras le acerca la segunda.
7. La segunda copa.
Javier la toma con mucha más seguridad, has de concentrarte se repite. Dos copas, dos vinos, la vida. Es fácil. Fase de Nariz, fase de boca. La fase visual se hace casi imposible por la poca luz de la habitación y la opacidad de la copa, si bien descubre trazos de color cereza, cereza madura. Muy pocos vinos tienen exactamente estos reflejos de cereza madura. Es un buen vino, único. Probablemente haya probado un par de botellas en toda su vida y ambas la misma noche. Cuando pruebas dos botellas de algo tan especial, tan exquisito, eres consciente de que tal vez no tengas la ocasión de probarlo de nuevo, guardas en el disco duro toda la información que puedes. El descorche no ha sido en el momento óptimo para el consumo, se ha adelantado unas seis horas y media por lo que el sabor difiere ligeramente del exquisito caldo que probó en casa de un empresario con demasiado dinero. Las copas inapropiadas, este vino sólo se bebe en Riedel.
Duda si no se habrá dejado llevar por la nostalgia… y la duda le hace sudar. Duda porque en su respuesta va una vida. La palidez de su rostro se extrema y las ojeras se acentúan por contraste, como un niño pintado el día de Halloween. Truco o Trato. Quiere pensar, pero reflexionar es imposible con tanta tensión. Mira a su sicario y le recuerda a un niño grande, diabólico, letal. Algún otro vino le viene a la cabeza, analiza el tiempo de descorche, la copa, los nervios y la acidez en su boca… pero está seguro que es el del empresario de los *******, el constructor que modernizó la bodega de sus ex-suegros por medio millón de eurotes. Hubo una cena a la altura con servicio reforzado para la ocasión. Estaban todos en la mesa, el constructor, su señora, los enormes ojos azules de su hija, sus suegros y Marta… Marta.
Ese reflejo de cerezas en la copa sería la peculiaridad que buscaba. Aromas a cuero y caramelo. La lengua se deja mecer por el líquido más parecido a la seda. Se arriesga.
Pingus, 2003, Ribera del Duero. Y de nuevo acierta, lo ve en la cara de su compañero de juegos, lo reconoce en su inexpresividad manifiesta.
La mosca, que no se pierde ni una, se ha parado en su hombro, observa al sicario buscando otra historia, qué cotilla es la jodida mosca.
Me lo va a poner muy difícil, ríe nervioso pero convencido de que será el ganador último. Quien ríe el último ríe mejor. Gana dos a uno. Mira el reloj. No me extenderé mucho, me gusta pasear con mi mujer y los niños antes de cenar. Esto le da una idea a Javier de qué hora puede ser aproximadamente. Lleva en esa habitación todo el día.
El fantasma que quiere verle muerto es Juana Díaz. Sí, su ex-suegra. Cuando usted dejó a… ¿Marta?. Javier asiente. Bueno, pues esta chica parecer ser que lo pasó francamente mal, frecuentó malas compañías, hizo nuevas amigas: cocaína, marihuana, anfetaminas, heroína… creo que no supo o no quiso decir no a nada. No es justo que todas las drogas tengan nombre del mujer, ¿no le parece? Se interrumpe a sí mismo el cuentacuentos. Y una noche, un sábado a las seis y media de la mañana, en Navidad, iba tan borracha que se quería morir de verdad, se estampó con un BMW grande, nuevecito, de trinca. Hizo las veces de centro de diana una casa vieja, una de las muchas que hay en la madeja de carreteras de tercera C que llevan a las Bodegas. Mal desenlace, paralítica de medio cuerpo, otros dos intentos de suicidio, una pasta en psiquiatras y operaciones de todo tipo… para nada… en fin, la vida rota e irrecuperable como el plástico de un juguete roto.
Un escalofrío devuelve a Javier a un hall de una casa nueva. Todo regalado y nuevo. Carga con una bolsa de deporte preñada de ropa y una maleta mal hecha. Alguien le ofrece todo y más pero él no oye. Ese alguien lo hace culpable de todas y cada una de las desgracias, las que tocan y las que no tocan. Cuando Marta le chantajeaba con su vida, Javier nunca pensó que tendría el valor de cumplir la promesa. Él malgastaba su generosidad con Mª José y su oferta de un mes en Buenos Aires, un mes con todos los gastos pagados a costa de papá constructor. Vamos, este tren no volverá a pasar por tu estación, esos ojos no pueden mentir cuando insisten en que iluminarán tu huida. Duró eso, un mes. El relevo de lapidafortunasdepapá lo tomó un uruguayo. Nena generosa y bella de las que ya no quedan, recompensó a Javier con un billete a España y una lección de vida. Para ser justos nunca pensó que Marta sufriría tanto, siquiera la sucesión de acontecimiento que devendría. ¿Justos?, la gente como Javier va a lo suyo, no son justos. La gente como Juana Díaz tiene la particularidad de que no perdona.
Entiendo su congoja, Sr. Testán, pero ¿podemos seguir?. Yo tengo un trabajo que hacer. El informático sirve la tercera copa.
8. La Tercera Copa.
Nunca he tenido remordimientos, claro que a usted que le voy a hablar de remordimientos… pero es que nunca le he hecho tanto daño a nadie. No es que ya no me importe mi vida Sr. Higón, pero ahora un poco menos. Sé que no merezco estar aquí, meado de arriba abajo, pero me he quedado sin excusas que darme, sin orgullo que salvaguardar. Deme la copa y que sea lo que dios quiera. No dirás el nombre de tu Dios en vano frente a un asesino. Javier está triste, la mosca lo sabe y por eso no se mueve de su hombro. Las moscas son más fieles que los perros pero su corta vida juega en su contra para que la gente se percate de ello.
Un vino púrpura, por lo poco que puede distinguir, jugará la baza del todo o el nada. Al pasarlo por la nariz una intensidad fuerte y algo de mantequilla le dejan más frío que a un muerto. Todo, todo en la boca. Javier insiste en su estrategia y trata de hacer tiempo La verdad, no tengo ni puñetera idea de qué vino es. Tiene ganas de llorar y la voz le tiembla. No hay en esa habitación pañuelos para el consuelo de Javier.
Usted debería conocer ese vino, no puedo decirle más. Sr. Testán, piense. El anfitrión se desplaza y se coloca detrás de él. Probablemente ya habrá sacado la pistola. A Javier le ha tocado el último hombre que respeta la palabra que da. No sé cuanto le habrán pagado y si sé que no lo podré igualar nunca, pero dígame que puedo hacer yo por usted y lo haré. No me mate. Javier llora desconsolado y los mocos le caen hasta la boca, que condiciones de higiene más pésimas tiene esta cata. Sr. Testán, ahora la voz es firme, amenazante, quien esta haciendo esto sabe lo que hace perfectamente, tome de una puñetera vez el vino, no se lo volveré a repetir, mi paciencia tiene un límite.
Javier lo toma. No hay más que hacer. El vino es joven, muy corriente, un poco alcoholizado y deja un postgusto austero. No lo conoce. Insiste, si me ha de matar, dígame al menos porque debería conocer este vino. ¿Es un Vega Cristina?. Sé rompió su línea de vida.
No, no lo es Sr. Testán. Está bien, brevemente. Cuando volvió de Argentina alguien le ofreció un puesto de trabajo en una bodega valenciana, la de Vicente Gandia Pla, este vino pertenece a esa bodega. El sicario habla rápido y no mira a Javier, ahora es cuando está desenfundando el arma.
Mierda, es un Castillo de Liria.
Exacto, pero tarde. Quizá no le pareció un vino a la altura de su ego y no aprovechó su estancia para probarlo. Sabe, un buen comercial debe conocer todos los productos que vende, aunque venda consoladores o estiércol. Javier puede ver como alza el brazo sobre la altura de la cintura, algo reluce apuntando en dirección a su cabeza.
9. Una mosca en la moqueta.
Cuando la mosca, cómplice de Javier durante todo el secuestro, intenta entrar por el agujero nasal del Sr. Higón, sabe perfectamente lo que hace. Es un acto suicida, Javier le alegró el día y ella no podía corresponderle de otra forma. La mosca le regala 24 horas, la mitad de una vida para salvar otra vida. Después de Marta, el único amor obsesivo y verdadero.
Cuando la mosca entra en su orificio nasal, el Sr. Higón no hace nada más que responder como cualquier otra persona haría. Un picor insoportable, cepillando el vello nasal, abriéndose camino entre la mucosa e introduciéndose en la fosa como si fuera a llegar al cerebro, requiere de una reacción rápida e inconsciente para calmarlo. El Sr. Higón tiene dos manos, pero es diestro y su cerebro da la orden lógica, llevar la mano derecha a la nariz. En la mano derecha lleva un arma.
Si a Javier, tomando una tapa cualquier sábado en un bar le hubieran preguntado que haría en ese momento, probablemente hubiera reído incrédulo y al parar contestaría, cagarme de miedo, quedarme quieto. Si a este Javier, con la muerte tan cerca que puede escupirle, oler su miedo y sus vergüenzas, le preguntan que hacer no se lo piensa. Su cerebro reacciona con la misma lógica que el del Sr. Higón, pero con más acierto. La reacción desde que ve la imagen del asesino, la mosca y su nariz reflejada en el espejo es rápida, toma la copa que tiene en sus manos, tensa los músculos de las piernas comprobando que siguen en su sitio, gira sobre sí mismo y le revienta en la cara el cristal y lo que queda del vino.
La mosca muere, era la crónica de una muerte anunciada. Un cristal atraviesa el párpado del Sr. Higón y tras éste se instala en el globo de su ojo. Eso duele. Todos gritan, incluso la mosca, aunque a ella nadie la escucha, es cuestión de decibelios. Inmediatamente coge la mesa y aprovechando el estado de su asesino, la vuelca contundentemente contra su pecho. Se oye crok, algún hueso se ha roto. El Sr. Higón no suelta el arma, antes o después comenzará a disparar a diestro y siniestro. Javier corre hasta alcanzar la puerta cuando oye el primer disparo, no le han dado, nada le quema sino los nervios. Después vienen otros pero Javier, agachado y fuera del campo de tiro ya ha atravesado la puerta y corre hacia la escalera.
El conserje no entiende nada pero llama inmediatamente a la policía. Los conserjes que han visto de todo saben que hay que llamar inmediatamente a la policía. Dos locales en bici se presentan en el AdHoc Monumental, pasaban por la calle pintor lópez y les tocó el muerto, o el no muerto, según se mire. Escuchan a Javier, el más alto se queda junto a él, no se fía. El bajito, musculoso a un dedo para reventar, sube corriendo a la habitación y encuentra al Sr. Higón en el baño, el arma descansa en la taza de un water y no tardará en ser descubierta. El profesor es inteligente, no lo olvidemos, grita que él es el agredido y da facilidades, sabe que de la cárcel se sale antes si las cosas no se complican. A Javier se lo llevan en una ambulancia. La mosca queda en la moqueta muerta pero de ella nadie se acuerda, siquiera Javier que bastante tiene con la fobia que a partir de ahora le darán los espejos y en pensar qué hará con Juana Díaz.
JOROBARSE, a ver si tengo un rato y me leo tu novela
Ver mensaje de PaquitodiazfloresEnhorabuena, te lo has currao
Me ha encantado
Ver mensaje de PaquitodiazfloresLa imagen de Paco Higon convertido en asesino profesional, jeje (por cierto, has visto Mr. Brooks? buena pelicula con inteligente guion...)
Pero tu eres profesional de esto, no seras guionista de CSI?
Gracias Javier
Ver mensaje de javiermBueno eso, que gracias por el comentario.
Ya me gustaría a mi vivir de esto... No, yo doy el perfil de currante de ofi-china al que siempre le ha gustado comerse un poco la cabeza.
La verdad es que cuando vi la oportunidad de juntar vino y garabatear unas líneas me puse hasta contento. Si además puedo participar en el concurso (que no sé si se participa así o de qué manera) y pegarme un homenaje con mi chica... ya estoy contento.
En fin, nos vemos por el foro.
Un saludo Javier,
Paquitodiazflores
Re: Juego Literario
Ver mensaje de ElextranjeroEres rarrrooo,rarroooo, rarito.
Seguro que ya te lo habran dixo con anterioridad,como ves no me he esforzado en ser original como, ejem, tu? Ja,ja
Pero bueno, todo da color, no?
No lo digo por nada, no te enfades mucho,solo lo justo, porque no sabemos de donde sales, ni quien eres, a si que tampoco podemos criticarte muxo, solo lo de antes, lo justo.
(Sin acritud, te estoy provocando a ver si sueltas algo mas concreto que nos ilumine, ya sabes)
Re: Me ha encantado
Ver mensaje de javiermMe gusta la idea de Higon asesino en serie, tiene miga...