Picota de capa alta con ribete ligeramente violáceo.
En nariz destaca el buen aporte de la fruta, fruta negra pero con un punto de fruta roja fresca, toques tostados, un punto de especias dulces, no llega a ser canela pero tiene un toque menos intenso que la vainilla y no tan "terroso" como la canela. Los tostados están bien integrados y tiene un punto herbáceo fresco.
En boca tiene una buena acidez, con una fruta que vuelve a sobresalir del conjunto y una buena acidez que vertebra el conjunto. Buen recorrido y una sensación final de estar bebiendo con una personalidad propia.
Un vino con personalidad. ¿Será la mandó, o será que Pablo Calatayud ya tiene un estilo muy propio?
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