Amarillo pajizo, moderadamente brillante aunque con alguna diminuta partícula en suspensión. La lágrima no hace piernas, cae toda junta, quizá algo rápida pero dejando las paredes de la copa plagadas de gotas pequeñas y medianas extremandamente persistentes.
Despliega con facilidad aromas dulzones; miel sin refinar, almíbar, azúcar moreno, algo de melocotón y algún recuerdo de pasas tiernas.
En boca ataca in crescendo, manteniendo el equilibrio entre acidez y dulzor en todo el recorrido a la par que se intensifica, pero se queda un poquito corto. Almibarado y meloso, tanto al tacto como al gusto, el melocotón se hace más patente. Postgusto suave y no demasiado duradero.
Como aproximación económica a los vinos de hielo me resulta más fina e interesante que los criogenizados, pero se hace corto y falto de elegancia y complejidad.
Botella de 37,5 cl, en torno a los 30-35 euros.
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