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Hay productores que tienen magia.
Hace unos días y de forma improvisada, en una cena entre amigos, descorchamos tres vinos de la añada 2.005, por este orden:
Maria Alonso del Yerro
Abel Mendoza Tempranillo
Pagos Viejos de Artadi
Para mí fue un gran placer, para el cuerpo y para el intelecto. Al probar el María Alonso del Yerro, mostró enseguida su “afrancesamiento” en el mejor sentido del término. Sin aristas, redondeado desde la elegancia, mostrando en nariz tras la fruta que aún perduraba, un perfume floral sutil y “rojo”, casi unas violetas, talco y rosas y una boca absolutamente redonda ya. Buen “material”, pero mucha mejor “técnica” todavía.
Con el de Abel subimos un par de escalones, en mi opinión basados en el “material”, la honestidad de un viticultor que sabe hacer vinos, su fruta fresca apabullaba al vino anterior por los cuatro costados. Al contrario que en su Selección Personal, la calidez de la añada aquí estaba totalmente “domada”, un vino de placer puro y duro. Gran “material” respetado por la técnica.
Pero cuando se abrió el Pagos viejos, descubres la magia de la sinergia. Viñedo y Hombre de la mano…”material” y “técnica” del más alto nivel, mostrando toda la “elegancia” del María Alonso del Yerro, pero más, mostrando todo el “material” del Tempranillo de Abel, pero más, con la fruta del segundo pero “sosteniéndose” más al tiempo que “apabullando” menos, con las flores del primero, pero más auténticas, menos de “jardín” y más de “bosque”, porque aquí hay un gran bosque y un magnífico jardinero y por encima de los dos, muy por encima, una mineralidad, una “tierra”, de la que se huele al primer golpe de nariz, aunque a catadoras menos iniciadas y después del Tempranillo de Abel, riquísimo en frutas, les pareciera hermético; cierto, necesitaba un poco de aire (un poco solo), pero su primera nariz ya fue un “ya estoy aquí, pónganse serios y céntrense”
Los que me conocen saben que no estoy haciendo un “ranking” de ganadores y perdedores. Pero sí me parece maravilloso que con solo tres botellas de vino de una añada, pueda resultar (si quieres aprender) una experiencia tan didáctica, puedas extrapolar cada botella de vino con la personalidad de sus autores, sus filosofías…de una forma tan clara y nítida.
Anoche abrí un Pagos Viejos 2.008, recibido hace muy pocos días.
Un vino que ya nace exquisito, con todo por integrar todavía, pero ya dentro de un maravilloso equilibrio. Notas la madera nueva, de la que ya sabes que no le sobra ni un ápice, por supuesto que disfrutas de una explosión de fruta, pero de fruta noble roja y negra, elegante y nunca obscena y una acidez de las extraordinariamente “suyas”, como si ya estuviese integrada, natural. Todo por hacerse aún en botella y todo “hecho” ya….me gusta esa paradoja que solo en productores de la talla de Leroy es posible conseguir.
Un vino que sabes que no va a cesar de mejorar en los próximos años, pero que ya puedes disfrutar de él en su fase incipiente, de los de tener fuerza de voluntad para, si has comprado una caja, no plimplartela en los primeros meses entera.
Juan Carlos y sus Pagos Viejos caminan muy juntos: Naturaleza y Hombre... mágica conjunción para Vinos Grandes.
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