Es como reencontrarse con un viejo amigo, conmovedor e impactante. En una palabra diría que es denso, y la densidad se detecta en las tres fases, en la visual por su aspecto compacto y untuoso, con lágrima gruesa que cae lentamente y ese ribete iodado que hiere la copa. En la olfativa por esas notas pasificadas, melosas, dulces recuerdos a higos secos y a caramelo y en la gustativa por ese torrente calido que eclosiona en la boca y te trae a la mente mil sensaciones gozosas de la infancia. Uno de esos vinos de emoción.
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