Tal y como lo esperabamos, este vino no nos decepcionó en lo absoluto. Digamos que nos aburrió, porque carece de viveza y de complejidad. Es muy fino y delicado pero flácido, dulzón y monolítico : huele a azahar, sabe a naranja amarga y punto. No hay nada más aburrido que un paseo entre unos naranjos en flor, en compañía de Vicente Blasco Ibáñez : esperamos no ser fusilados por los valencianos. Bajamos la nota pero la botella sigue costando 13,5 €.
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