Esto no es para los nietos. Es para los bisnietos.

Vaya manera de cerrar la cata. Un riesling señorial, un dandy tipo Gary Cooper, una diva tipo Marlene Dietrich. Al llevarlo a la nariz uno siente un bloque de granito que te cae encima como lápida, o que se erige delante de tí como un obelisco en Luxor. Recuperado de la primera impresión, los aromas de miel, humo, lana húmeda, y un fondo fúngico dejan en un segundo plano a las frutas secas que brincan por todos lados, demandando atención. En boca es de un balance que raya en el prodigio, la acidez limpia cada milímetro del paladar y el final es, para decirlo derechamente, de infarto. Este beerenauslese es para los bisnietos.

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