Quinto vino del desafío y a mí de los tintos el que más me gustó a pesar de no acertar la variedad ni de lejos. En un principio me hizo pensar en alguna garnacha de madrid, incluso pensé en alguna de esas que hace Raúl Pérez por las notas atlánticas que me daba, pero después me dejé llevar por alguna mencía del Bierzo, pero no apostaba por una syrah.
Color picota de capa alta con borde rubí. Lágrima fina y densa. En nariz a copa parada nos da notas de cacao, chocolate que al oxigenar se convierten en notas de fruta negra en sazón, y notas de hollejo maduro sobre fondo de finos tostados. En boca tiene buen ataque, es equilibrado, profundo, con recuerdos más atlánticos que de donde se supone que es, notas florales, con buena acidez, final algo amargoso y postgusto mediano.
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