Este vino de mesa comienza con el bello texto de Omar Kayyan, uno de los célebres Rubaiyat de este poeta sufí, que citan en un comentario precedente. Este vino de mesa, parido en las inmediaciones de la Alpujarra presenta un color picota violáceo brillante. La nariz es intensa, comienza algo tostada, la fruta es negra, hay cierta mineralidad, no tiene mucho volumen pero sí muy buena definición. Con la aireación se crece, hay algo de cacao, algún recuerdo especiado, casi de corte exótico. En boca entra intenso, ligero, con acidez marcada que dirige el paso por boca, reaparece el carácter especiado, tiene -curiosamente- un perfil ligero, más atlántico que mediterráneo. Hay una sutil tanicidad, con un tanino dulce y sedoso, apenas algo secante. Me gustó y me sorprendió... ¡o al reves!
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