Esta botella está hecha de recuerdos. En 1968, Don Pedro López de Heredia gobernaba sólo su imperio de moho, polvo y telarañas : la cosecha era prometedora y la vida le había dado una hija llena de energía. El vino ha envejecido bien y adquirido con los años una preciosa patina : un color marcadamente atejado, un perfume de viejo armario de cocina - mermelada de cerezas casera, frutas pasas, madera antigua, cuero de zapatos - una textura densa y pulida, un indefinible sabor que deleita a los sibaritas y emociona a los nostálgicos de las civilizaciones desaparecidas - algo de ciruela en licor, algo de hueso de aceituna, un sinfín de notas especiadas y ahumadas a la vez. Es un Tondonia de siempre, procedente de una vendimia muy madura pero sin maquillaje, fiel a su estilo personal, perfectamente reconocible y poco comparable, digamos el más medocano de todos los riojas. Rindamos homenaje a Don Pedro López de Heredia que falleció recientemente : hay un poco de su alma en esta botella y también la vida de María José en retrospectiva. ( PVP : 45 € en la época )
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