Desde que en 1991 D.Carlos Falcó plantara, siendo pionero las variedades de Shiraz y Petit Verdot, han pasado suficientes años para mostrar en sus vinos personalidad propia, que no es otra que la de un gran trabajo sobre campo, a base de innovar en todo lo relacionado con la viticultura.
El monovarietal que más me ha sorprendido si bien el Cabernet y Shiraz muestran signos evidenciales de su buena elaboración y calidad, este Petit Verdot además es un vino de raza, difícilmente encontrado en la península y de altura internacional.
No presenta excesos de nada es sofisticado, puro complejidad. Es como aquella mujer que una vez crees conocerla te vuelve a sorprender, si esperamos franqueza, este Petit Verdot no nos lo ofrecerá, porque tiene de todo y muy bien engarzado, hay que prestarle atención, hay que mimarlo y entonces será fiel, sin engaños.
Sus aromas están fortalecidos por un halo mineral de brea y sensaciones en su conjunto de piedra seca, el movimiento en copa lo agradece y empieza a desvelarnos aromas de esa receta que nos maravilla, notas de fruta negra -ciruelas- e higos con puntas de caramelo que recuerdan sin llegar a la pasificación con un componente esencial en los grandes -la frescura-, frescura frutal, frescura mineral y frescura balsámica, que acompaña en nariz y boca. ¡El gusto es nuestro! de comprobar como se desenvuelve con arrogancia fresca en boca, donde la rica acidez levanta el vino en perfecto equilibrio con el alcohol obteniendo una sensación de volumen alta, estructurado, sabroso, rico en matices especiados con taninos nobles y maduros y consolidados para dar placer, pura seda...
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.