Difícil añadir elementos técnicos de cata a la precisa y completa descripción de Javier López. Sólo decir que en nariz es de una complejidad intrigante donde conviven flores, albaricoque, caliza, húmeda, hierba aromática de toque balsámico, lacteos tostados, levaduras, especias y oscura mineralidad.
Inunda la boca de modo amplio, envolvente, muy placentero con excelente convivencia de acidez, alcohol y su puntito de azucar residual que en medio de esa acidez no nos produce molestia a los adoradores del blanco seco. En un segundo tiempo, el albaricoque maduro se acompaña de pimienta blanca, y en un tercero, vuelve a hacerse obvio el complejo bouquet que incluye los balsámicos y los hidrocarburos
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