El vino imposible

Rojo rubí, ribetes rojizos, capa media.

Tras tres horas de aireación en decantador, el vino se muestra todavía cerrado, requiere de trabajo en la copa. La nariz me recuerda enormemente a un Oporto Vintage con recuerdos florales de violetas, toneladas de frutas rojas licorosas, frutas negras como ciruelas o moras, especias dulces, chocolate negro amargo, tonos balsámicos, algunos herbáceos y térreos. Muestra una gran complejidad, aunque se le nota su todavía indudable juventud.

En boca es un vino casi imposible. Porque me resulta increíble como puede conjugarse la potencia y la finura de una forma tan sutil y salvaje. Los casi 17 grados son inexistentes. Tiene además una acidez muy fina que le hace muy llevadero. El final es seco, largo y contundente. Deja recuerdos de frutas rojas y especias. Nada ardiente. Taninos perfectamente integrados en el conjunto otorgando una sensación de redondez. Su longevidad se mide en décadas.

Estamos ante un vino enorme, de los más grandes tintos mundiales, pero que me lleva a dos consideraciones. La primera es que está ahora muy joven, debe dejarse madurar al menos 10 años. La otra es que ahora mismo su Valpolicella Superiore, que cuesta la cuarta parte, está casi a su nivel. Esto no hace sino que ensalzar el nivel de los vinos de Quintarelli, el mito, la leyenda del Véneto. Vino de guarda.

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