Rojo rubí, ribetes rojizos, capa media-alta.
La nariz es una verdadera delicia. Debí haberlo decantado pues no hacía más que mejorar en copa, pero de ese modo observamos su extraordinaria evolución. Todavía ofrece una fruta roja de corte algo licoroso pero lo que más destaca es ese bouquet especiado de clavo, curry, canela y pimienta negra que ha desarrollado. También advertimos humedades, maderas nobles, cedro, mina de lápiz, tabaco rubio, marroquinería fina. Buff, un espectáculo de aromas cambiantes, mejorando con las horas en copa.
En boca resulta igualmente enorme. Nos impresiona sobre todo su acidez y su viveza. ¿Tiene 23 años? ¡No puede ser! ¡Que joven! Paso firme, redondo y sedoso, pero vivo y realmente amplio. Final largo, grande, redondo. Taninos pulidos pero todavía presentes. Queda un recuerdo frutal, especiado y mineral que nos enamora. Es un vino que te reconcilia definitivamente con Burdeos. O al menos con lo que se hacía hace algunos años.
Maravilloso vino, no esperábamos menos sabiendo que estamos ante uno de los grandes de St Emilion, pero hasta que no lo pruebas y observas su fantástica evolución pues no terminas de creértelo. Hay veces que los vinos de añadas que no son teóricamente grandes te acaban dando gratísimas sorpresas. Y esta ha sido una de ellas. Un vino para la galería de los inolvidables.
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