Finura inesperada

Habiendo probado hace poco la añada posterior, 2005, y viendo la gran potencia de aromas y en boca que arrojaba, me esperaba algo por el estilo; pero que va. Éste César Martinell (arquitecto de varias bodegas modernistas en Tarragona, entre ellas la de la cooperativa de Gandesa que así le homenajea) ya desde la vista se ofrecía sin estridencias, un dorado pajizo brillante, y luego dejaba notas de manzana fresca, pomelo, hierba, la madera casi inencontrable, bonito y muy placentero igual que en boca, casi sin rastro de madera, suave y redondeado, sabroso, no muy largo y con cierto misterio... La garnacha blanca juega a esconderse, se disfraza casi de ¿chardonnay? y en conclusión nos acabamos la botella con una merluza con almejas y camagrocs sublime. Si veis alguna botella no lo dudéis, ya deben quedar pocas...

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