Visual, dorado pálido, con reflejos verdosos. Muy limpio y brillante, con buena lágrima que habla a priori de su carácter glicérico.
Nariz de muy buena intensidad. Golosa desde la primera aproximación, fresca y nítida a la vez. Aromas de uva, de lichies, combinados con aportes más exóticos de fruta de hueso, de melocotón, albaricoque y piña tropical. Herbáceos finos e hinjos hacen más refrescantes las notas golosas que predominan en el conjunto. Apuntes de lías finas.
En boca es intenso, fresco, dulce, muy frutal. Tiene muy buena amplitud y un paso cremoso y glicérico, como ya anunciaba la fase visual. Final de buena longitud, ligeramente amargoso. Retronasal de cítricos y fruta de hueso. Ligera nota cálida de una puntita algo elevada de alcohol que puede pasar desapercibida con una buena temperatura de la botella (debe servirse bien fresco).
En definitiva, una uva muy bien entendida y trabajada en la región argentina de donde proviene, que da un vino muy disfrutable, goloso, frutal y fresco. Una apuesta segura, con una imagen moderna (que incluye tapón de rosca), con una RCP excelente. Gracias a Antonio Fernández, de Dom Vinos, por descubrírmelo y regalármelo.
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