Te recorre un rayo acido desde el entrecejo hasta los pies atravesando la columna vertebral. Te deja un aroma de una pureza extraordinaria y la boca es cristalina y pura. Es como un reloj de precisión en el cual todo está tan bien puesto y tan en su lugar que te deja un poco abrumado. Es el colmo del equilibrio, y por si faltara algo una tensión interna fabulosa, parece que se sale de la boca atravesando la mejilla, y para colmo interminable.
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