Dorado pálido limpio y brillante con ligeros reflejos verdosos. No parece para nada que tenga ya 14 años.
En nariz y tras 8 horas de aire se muestra joven, complejo, profundo y encantador. Es medianamente intenso y nos da unas ligeras notas florales, toques cítricos de limón y pomelo, fruta blanca fresca, recuerdos minerales y mínimo fondo donde se aprecian unos ligeros toques de hidrocarburos. Una delicia.
Y en boca… ¡Ay la boca! ¡Qué maravilla! De paso ligero y etéreo, casi pide permiso, pero su impresionante acidez y su inolvidable final que nos deja toques de cítricos, fruta blanca fresca y minerales quedan en el recuerdo. Es graso y concentrado, pero a la vez joven y fresco. Insultantemente joven. Dulzor final contenido e integrado. Para beber en 2030 por lo menos, pero no sé quién puede resistirse a semejante joya. Yo no.
Vaya vino señores. Los vinos de Prüm pueden ser imbebibles en su juventud, pero cuando se hacen mayores como este, son joyas de la viticultura y enología universal. Un vino de los que no se olvidan. Por si fuera poco su precio, algo menos de 50 euros, es un regalo para lo que ofrece. ¡Qué disfrute!
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