Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, había una región llamada Burdeos que tenía grandes vinos, que además eran asequibles y que tenían una portentosa capacidad de envejecimiento. Si nos remontamos a lo que ofrecían aquellas etiquetas (12.5º con bastante sauvignon y merlot, pero también con franc y un color que para sí lo querrían muchos borgoñas de los autodenominados “finos”) nos encontramos con verdaderos unicornios: elegancia, garra, largura, tanino, madera vieja, acidez, 0 alcohol… Este 99 tiene todo eso y más. Es que hasta de color va perfecto, sin que se haya oscurecido, y sin “barro” de por medio. Tampoco es que sea un vino de meditación ni falta que le hace: es un tinto de raza, con estructura pero también con esbeltez y en un momento perfecto de consumo. Si me preguntaran si en diez años estará mejor todavía, respondería que sí, pero bébanselo ya y disfruten. Como diría mi amigo Jaime, tiene “finesse”.
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