Ayer estuve ante mi primer Valbuena, I confess. Siempre recordaré el momento, por único. Un color picota, rojo subido, borde granatoso, profundo. La nariz, madre mía, y la crianza? donde está? Es tal la calidad de materia prima que sobradamente anula cualquier otra cosa, ni maderas nuevas ni leches. Ecce "el vino". Fruta madura, de calidad, ante todo, enorme, ya deja entrever un toque salino, yodado, me dicen típico de los de su calaña. Al rato, un par de horas después se abre para mostrarnos, perdonadme por la descripción, esa lata recién abierta de anchoas en aceite. Pardiez!. Que belleza, aceitoso y salino, y arenque!. Asoman pequeños torrefactos, y si recuerdo bien algún balsámico e incluso una pincelada de pimiento. Y la boca es aterciopelada pero potente, contundente y sedosa, envolvente... Sin Palabras. Una obra de arte degustada en formato Magnum, incomparable.
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