Así se mostró, elegante, serio y educado, se sentó en la mesa junto a nosotros y participó en la tertulia, amenizandola y por supuesto cobrando cierto protagonismo.
El color presentaba lógicamente notas de evolución, color rubí oscuro con ribete anaranjado, bastante cubierto, sin sedimentos, brillante y límpido. Sin nada de merma en la botella y corcho que salió mojado hasta la mitad, entero y sin problemas.
En nariz el vino se presentó con notas húmedas y a cueros recién abierto, posteriormente a los 10 minutos se le habían marchado esas notas para dar lugar a bosque humbrío, tostados, ceniza, piedra caliente, fruta pasada, tabaco inglés, boletus edulis y algo de trufa blanca.
En boca el vino era pues lo que tiene que ser un gran vino, pura seda. Con cuerpo y una longitud y persistencia que fue como el destello final de una estrella antes de morir.
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