Imposible resistirse a esas notas florales entremezcladas con el mineral, la fruta roja madura, el regaliz. Elegante, fino, complejo. Entra con los mismos modales, acidez afrancesada que le dota de frescura. Digesto. Profundo. Se mastican las violetas, las rosas, las fresas. Tierra mojada. Sotobosque. Sin perder nunca de vista la finura. Y eso que la añada se las traía. ¿Es posible hacer algo parecido a este lado del Duero?
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