En la cena de Nochevieja llevé un par de vinos y éste fuen uno de ellos. Creo que es la última botella de esta cosecha del 90 que me quedaba, la anterior catada el pasado verano. La abrimos un par de horas antes para que se oxigenara bien. Tapón en perfecto estado que afortunadamente salió sin problemas con el abridor de tijeras estándar. Largo, compacto y tintado en un 80% de su longitud. Catamos a 17°C:
VISUAL: Nos muestra un color rojo picota de capa media con un amplio ribete rubí amarronado, en tonos teja. Lágrima densa, lenta, escasa y gruesa (89).
OLFATIVA: Nos lo llevamos a la nariz y los primeros olores son terciarios, aunque también hay fruta negra madura. Encontramos aromas fúngicos a níscalos frescos, balsámicos de eucalipto, florales de lilas y algo de sotobosque. Verdaderamente su complejidad es apabullante pues cada vez que nos acercamos la copa van asomando nuevos prescriptores. Hay regaliz de palo, especiados avainillados con un toque de cardamomo, notas vegetales de pimientos rojos, cuero curtido, tabaco de pipa, caco en polvo y una cierta mineralidad (mina de lápiz). Nos sigue encantando esta añada, qué barbaridad de complejidad y encima de intensidad media-alta (94).
GUSTATIVA: Y llega el momento más esperado. En boca nos volvemos a encontrar con el vino sedoso y lácteo que recordábamos, una delicia para el paladar. Amplio, suave y elegante hasta el infinito. Su acidez todavía es alta y propone unos taninos dulces y armoniosos. El equilibrio entre la fruta y la madera alcanza su clímax en este Valbuena con un retronasal que nos trae recuerdos de fruta negra en compota, apuntes ahumados y por supuesto con la presencia del roble, parte fundamental de su esencia misma. El post-gusto es muy goloso bajo un fondo especiado de vainilla y coco con una persistencia alucinante, cuatro minutos y 10 segundos. En pleno clímax amigos, para aguantar en todo lo alto al menos 4 o 5 años más con toda seguridad. Tremendo una vez más, uno de esos vinos que se te quedán en la memoria pues su equilibrio y su finura son realmente inconfundibles. Magia perpetrada por el gran Mariano García en pleno apogeo (96).
La RCP ya comenté en mis anteriores valoraciones que fue excelente, actualmente están ya cercanos a los 100 euros, una pena...
MARIDAJE: Sacamos el vino con el plato estrella de la cena, un cordero lechal al horno cocinado a fuego lento durante 4 horitas. Acertadísima elección en el maridaje pues el cordero tiernecito y jugoso pedía a gritos un vino sedosito y elegante, exactamente lo que fue nuestro Valbuena proponía. ¡Fantástico!. Disfrute absoluto y máximo goce una vez más y encima en compañía de mis amigos de Colla del alma. ¡¡ Y que no decaiga !!
Salud-os!!
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